lunes, 21 de diciembre de 2015

La fábrica de tabaco de Gijón

(C) El Comercio
La Fábrica de Tabacos de Gijón más conocida como la Tabacalera perteneció a la empresa tabaquera Altadis S.A.

En 1822 se quería fundar en el Palacio de los Marqueses de Casa Valdés por iniciativa, de por aquel entonces, el ministro ovetense José Canga Argüelles y Cifuentes. , se funda la fábrica que se denominaría de cigarros, estableciéndose en el edificio amurallado del Campo Valdés que años más tarde pasaría a ser Aduana. Arrancó con unas cincuenta operarias y seis hombres que hacían los trabajos más pesados. Al principio se hacían unos puros muy largos que apenas tenían forma.Pero en 1837 se instaló en el antiguo convento de las Agustinas Recoletas . 


Los maestros de esta obra fueron Ignacio de Palacio y Juan San Miguel siendo uno de los pocos ejemplos de reutilización de un edificio religioso a uno industrial.  El edificio tiene su origen en 1670 pero no se terminó hasta 1679 siendo el primer monasterio de la ciudad además de ser también escuela de niñas. Su capilla se realizó en 1684 y sirvió como almacén hasta el cierre de la fábrica donde se albergaba los fardos de tabaco que luego se transformaban y manufacturaban en productos como “Farias”

En el año 1842 el Gobierno traslada la fábrica al convento de las Agustinas Recoletas, sito en el llamado “Campu les Monxes”. El traslado conlleva dos costumbres: Cada operaria deberá llevar una vela o bujía (no existe la luz eléctrica y se trabajan catorce horas) cuyo coste descontaba la Administración de la paga que se hacía por quincenas. La segunda era que se admitía sin recomendación, para aumentar el personal, a las nietas, hijas o hermanas menores de las setenta y tres operarias que formaban la plantilla. 

En los primeros años de actividad, esta fábrica gijonesa se dedica a la elaboración de cigarros hasta que en 1874 se instalan las primeras maquinas de tabaco. Tres años más tarde, el Estado traspasa esta actividad a la Compañía  Arrendataria del Monopolio Tabacos lo que conlleva un plan de modernización y mejora por lo que se tuvo que ampliar el centro. Esto conllevo  a fabricar nuevos tipos de cigarros como los Farias o los más distinguidos cigarros puros suministrados a la Casa Real Española y a instalar nuevas máquinas virutadoras para aprovechar los productos residuales además de maquinaria hidroextractora de secado. En 1899 se electrifican todas las instalaciones.  

En 1895 la fábrica de Gijón daba empleo a 1.828 trabajadores, mujeres en su mayor parte, iniciándose un lento proceso de reducción de mano de obra a medida que los avances tecnológicos y la introducción de maquinaria simplificaban los procesos de producción. La fábrica gijonesa comienza a producir cigarrillos con boquilla de cartón en 1914 y, entre 1939 y 1957, elabora picaduras y cigarrillos entrefinos Ideales. En 1945 expira el contrato del monopolio y nace la Compañía Arrendataria del Monopolio de Tabacos, la popular Tabacalera S.A. En 1985 el accionariado de la empresa corresponde al Estado en un 53%, pero la firma del Tratado de Adhesión a la Unión Europea obliga a modificar el régimen legal del tabaco para adaptarlo a la normativa comunitaria. La Ley, de 4 de marzo de 1998, de Ordenación del Mercado suprime el monopolio de fabricación y comercio mayorista, aunque se mantiene la red de expendedurías. En diciembre del año 1999 se acuerda la fusión de Tabacalera con la multinacional francesa Seita para constituír así el Grupo Altadis que acomete un plan de reordenación de sus centros de producción en España. En el año 2000 Altadis opta por el cierre de la planta gijonesa y por el traslado a Santander del personal y fabricaciones. 

Algunas de las mujeres de los pescadores de Cimavilla, se habían empezado a colocar también en la Fábrica de Tabacos del Barrio Alto, asegurando así el sustento de la familia durante todo el año. La Fábrica trajo la alegría al barrio, con pimpantes cigarreras de ajustados talles y almidonadas enaguas, que dejaban ver los botines de última moda; la Fábrica arrinconó las alpargatas, pero también las costumbres ancestrales de los clanes y familias marineras.

Eran las madres tabaqueras las que, con contratos que se extinguían únicamente el día de su defunción, llevaban con ellas a sus hijas pequeñas para que aprendiesen poco a poco el oficio y cogieran agilidad en las manos que elaborarían los finos tabacos que se distribuían por la zona norte. Tenían además permisos para salir diariamente, dos veces al patio a amamantar a sus pequeños, primero llevados por familiares, luego en cunas dentro de los propios talleres y posteriormente dejados en las guarderías que se ubicaban en el interior de la propia fábrica. Para reforzar el carácter familiar, tenían preferencia de ingreso las hijas, sobrinas o nietas de las cigarreras, formadas por sus familiares.  

Durante las excavaciones que se han realizado en la fabrica se han encontrado maravedís de cobre de la época de Felipe III. Aunque su reinado es anterior a la época en que se erigió el convento, estas monedas eran de curso legal cuando las monjas se instalaron en el solar del barrio alto de la ciudad. Los profesionales de Terra Arqueos también han recuperado abundantes muestras de cerámica vidriada del siglo XVIII, además de toparse con zapatas y rellenos enormes, de más de dos metros de profundidad, de la propia época del cenobio.

Actualmente, esta edificación barroca se convertirá en un nuevo museo. La obra se dividirá en dos fases. Una primera sería la consolidación y recuperación del convento del edificio histórico, y una segunda, la construcción del nuevo edificio, donde la limpieza de la fachada y la preservación de los restos arqueológicos son los puntos claves del proyecto.

Fuentes: gijon.info, asturias.es, censoarchivos.es, elcomercio.es 

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