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viernes, 17 de junio de 2016

Visita al Ecomuseo Minero de Samuño (Langreo)



La visita al Ecomuseo minero de Samuño comienza en la estación de El Cadaviu. Allí nos recogerá el tren que nos llevará hasta el pozo San Luis. 

Llegamos al embarque del pozo San Luis y se sube por la jaula hasta los exteriores del pozo. desde allí podemos observar el poblado de La Nueva. La empresa que fundó el pozo se llamaba “Carbones La Nueva”.  Comienza el recorrido por las instalaciones auxiliares del pozo:

  • La casa de máquinas

La Casa de Máquinas es el edificio de mayor interés patrimonial de todo el Valle de Samuño. Fue construido por Carbones de La Nueva en 1930, con la finalidad de albergar la máquina de extracción del nuevo pozo. De aquí salen los cables que sostienen la jaula que hay en el castillete. 
Carbones de La Nueva era filial de la Real Compañía Asturiana de Minas, dedicada a la elaboración de zinc en su gran fábrica de Arnao. Los pináculos de estilo art-decó que rematan la casa, están fabricados en zinc procedente de Arnao. En el ala Este de la fachada, faltan esos pináculos de zinc ya que esta parte del edifico fue añadido en los años 40. 

Dentro podemos ver los dos compresores (máquinas encargadas de  producir el aire comprimido que se utiliza en diversos procesos del interior de la mina, donde no es posible emplear motores de explosión debido a la presencia de metano y otros gases sumamente inflamables. El aire comprimido se utiliza para la ventilación y para permitir el funcionamiento de herramientas, como los martillos neumáticos de los picadores)
El primero, de 1936, perteneciente a la casa americana Worthington pero no llegó hasta 4 años después al pozo. Y el segundo, de la casa Atlas Copco, fue adquirido en 1967.

También podemos ver una máquina de extracción de la casa alemana Siemens Schukertwerke. La máquina de extracción mueve las dos jaulas del interior del pozo, conectadas a ellas con cables de acero trenzado, a través del sistema de poleas ubicado en el castillete. 

  • Lampistería

Esta edificación de 1934 está destinada al depósito, vigilancia, mantenimiento y limpieza de las lámparas de mina. Los mineros entraban por la puerta del lado norte, ya que venían de la casa de aseos y salían de la puerta sur, hacia el pozo. Al regresar, realizaban el camino inverso para depositar su lámpara.

  • Las oficinas y la pagaduría

El edificio fue construido en 1953. Consta de dos pisos, albergando la planta baja los servicios administrativos y los técnicos en la segunda, donde se encontraba el ingeniero jefe. También añadieron por el lado norte, una ventinilla de pagos donde los mineros recibían su sueldo y que se conocía como "la pagaduría".

  • La casa de aseos

La casa de aseos contienen las duchas, perchas, taquillas y vestuarios del personal del pozo minero. 
El edificio actual de la Casa de Aseos es el resultado de una serie de reformas a partir de 1935. Inicialmente era  un edificio dedicado a la central eléctrica. 


  • El taller

El edifico de  los talleres fue el último en añadirse al conjunto en la década de los sesenta. Actualmente es la zona del museo donde podemos ver la exposición de piezas de ferrocarril como locomotoras mineras y siderúrgicas.

  • Los edificios auxiliares

Esta hilera de edificios auxiliares se fue construyendo a lo largo de la primera mitad del siglo  XX en función de las necesidades de la empresa:comedor, sala médica, talleres,.. 

  • La portada del socavón Isabel.

La minería de montaña se fue desarrollando por todo el valle a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Este tipo de minería de montaña consistía en explotar el carbón que existían en las laderas del valle, a través de bocaminas que recibían el nombre de pisos con su correspondiente número: 1º piso, 2º piso, 3º piso,... El socavón Isabel es el 2º piso de las minas de montaña de Carbones de La Nueva, siendo el primero piso, el socavón Emilia. 

Finalmente regresaríamos a la estación de donde partimos, a través del tren o andando por una senda que transcurre a la vera del río. 

Nota: la visita guiada finaliza en la casa de aseos. El resto es visita libre pero hay paneles explicativos. 

viernes, 29 de abril de 2016

El Palacio de Camposagrado (Langreo)

El Palacio de Camposagrado de Villa en Langreo, también conocido como Palacio Dorado esta declarado Monumento Artístico. Junto con el edificio del Palacio forman un singular conjunto la vieja torre, la capilla y sus dependencias.
La casa, que fue el antiguo solar de la familia Bernaldo Quirós, cuenta con una capilla anexa de estilo popular, muy remozada por obras posteriores, esta dedicada a San Cristóbal y en su cripta están enterrados los últimos marqueses.  Esta compuesta de dos alturas separadas por imposta de sillería y una planta bajo cubierta con amplio balcón. Las fachadas tienen diferente tratamiento: la principal e de piedra vista con dos plantas, la fachada visible desde la carretera, de mampostería de arenisca revocada, tiene tres plantas  con la sillería vista en los recercos de los balcones alargados enmarcados y las esquinales.

Al otro lado de la carretera, que parte la finca en dos, se encuentra un antiguo torreon de planta cuadrada conocido como “Torre de Villa”. Construida con mampostería de piedra tosca esta compuesta de tres pisos, de  estilo sobrio renacentista. El piso inferior se levanta sobre cuatro arcos escarzanos y tiene la cubierta abovedada. El piso siguiente ofrece huecos adintelados, con madera, y, el piso alto, separado por una línea de impostas, es un desván bajo cubierta a cuatro aguas y forma piramidal. 

sábado, 16 de abril de 2016

Banco Herrero (Langreo)

(C) Bedri.es
El edificio del Banco Herrero pertenece al siglo XX, con un estilo arquitectonico que se mueve entre el eclectico y el modernista.
 Su uso actual son viviendas y oficinas de dicho banco. Es un edificio de cuatro  pisos, rematado en terraza, con una balaustrada en piedra que recorre todo el edificio. De la fachada destacan sobre todo las esquinas. 
Los elementos ornamentales eclecticos y modernistas se entremezclan, produciendo una sensación de calidad en el edificio. 
El arquitecto de esta obra fue el gran Enrique Rodríguez Bustelo. 

lunes, 28 de marzo de 2016

La historia de la escultura de La Carbonera de Sama de Langreo

El monumento a Luis Adaro del parque Dorado de Sama, que ha acabado siendo conocido por la mujer trabajadora, que era una figura secundaria.

El domingo 12 de octubre de 1947, cuando aún se celebraba la fiesta de la Raza, se casó en la catedral de Sevilla María del Rosario Cayetana Fitz-James Stuart y de Silva -hasta el momento la última duquesa de Alba- con Luis Martínez de Irujo. Ya supondrán que la noticia abrió la sección de Ecos de Sociedad del diario ABC. En la misma columna, a renglón seguido, se recogían los otros dos enlaces de postín que se habían celebrado el día anterior en España: en la Iglesia de la Concepción de Madrid se habían unido Mercedes Cotelo Leal con Luis Coullaut Mendigutia y en la de San Julián de Somió, en Gijón, Carminín Adaro y Ruiz-Falcó con Rafael Aparicio Pesqueira.

Una de esas casualidades del destino hizo que estas dos familias festejasen el mismo día el matrimonio de sus vástagos. Y si ustedes se preguntan dónde está la curiosidad, les diré que la madre del novio de la primera boda era la viuda de Lorenzo Coullaut Valera, el autor del monumento que se inauguró en 1918 en el Parque Dorado de Sama de Langreo en honor a Luis Adaro y Magro, quien a su vez era el abuelo de la novia de la segunda boda.

Luis Adaro falleció en 1915, sin llegar a ver su busto de mármol colocado para siempre en el corazón de la cuenca minera, pero ocho antes de su fallecimiento ya había dejado las riendas de su empresa a su hijo, Luis Adaro Porcel, otro brillante ingeniero formado en Suiza y Alemania, que aquel día de 1947 casó a su hija en una ceremonia a la que asistió lo más nutrido de la burguesía asturiana.

Les acabo de contar que el tiempo quiso juntar en el mismo párrafo de un periódico por última vez a los dos personajes que ya estaban unidos para la historia en la escultura del Parque Dorado bautizada por el pueblo como "La Carbonera". Ahora quiero narrarles como se cruzaron por primera vez sus nombres.

Fue en el verano de 1910, poco después de la muerte del ingeniero Jerónimo Ibrán, quien había sido una figura decisiva en la industrialización de la Montaña Central. Entonces sus antiguos alumnos de la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid y de la Escuela de Capataces Facultativos de Mieres decidieron encargar sendos bustos con su imagen para que su recuerdo fuese eterno en las dos instituciones. Con este fin se crearon comisiones en ambas poblaciones. La asturiana estaba presidida por Manuel Álvarez y la madrileña por Pedro Palacios, ejerciendo de vicepresidente Luis Adaro, que era entonces director del Instituto Geológico de España, los vocales fueron los ingenieros José Ureña, Luis Gamir y Agustín Marín y el tesorero Adriano Contreras, director de la Revista Minera, Metalúrgica y de Ingeniería.

En la colecta para costear los monumentos colaboraron tanto personajes conocidos como trabajadores anónimos de las minas de carbón de Langreo, Mieres, Quirós y Campomanes y de hierro de Oviedo; el ayuntamiento de Mieres aportó doscientas cincuenta pesetas y la Sociedad Duro-Felguera cien y una vez reunido el dinero las comisiones se pusieron en contacto con dos renombrados escultores para elegir a uno como autor del monumento: el asturiano Sebastián Miranda y el sevillano Lorenzo Coullault-Valera.

En principio este último tenía más opciones por su experiencia y el prestigio que le daba el atrevido monumento a José María de Pereda que se acababa de inaugurar en Santander, pero los asturianos residentes en Madrid, encabezados por Luis Adaro, influyeron para que se eligiese a su paisano y fue Sebastián Miranda quien recibió el encargo.

Lorenzo Coullaut Valera había nacido en Marchena en 1876 y era sobrino del escritor Juan Valera, quien le había ayudado en sus estudios. Precisamente con un busto suyo obtuvo una Mención Honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1897. Luego iría repartiendo su obra por toda España e Hispanoamérica hasta su fallecimiento en 1932. El listado de sus esculturas es largo y seguramente ustedes se habrán encontrado con muchas en diferentes capitales, pero seguramente sus monumentos más conocidos son los que hizo en homenaje a Cervantes y Alfonso XII en Madrid y los de Colón, Bécquer y la Inmaculada en Sevilla.

Por su parte Luis Adaro y Magro había nacido en Madrid el 17 de abril de 1849 y fue, como saben, un prestigioso ingeniero con una larga carrera en la que figuraron hitos como la instalación del primer lavadero mecánico de Asturias, en el pozo Mosquitera, el impulso de numerosas empresas de minas y ferrocarriles o su apoyo a la elección del Musel para emplazar el gran puerto de Asturias. También destacó como hábil impulsor de los negocios y las finanzas. Se le nombró primer presidente de la Cámara de Comercio de Gijón y estuvo entre los fundadores de la Caja de Ahorros y la de Socorros para enfermos.

La relación de sus cargos, entre los que como ya hemos visto se incluía el puesto de director del Instituto Geológico, llenaría esta página; pero a todos nos llega el punto final y el suyo fue el 21 de octubre de 1915.

Tras su fallecimiento se repitió con él lo que había sucedido con Jerónimo Ibrán, solo que en este caso don Luis ya no era un miembro de la Comisión sino el objeto del homenaje. La idea partió del director del Colegio de Segunda enseñanza de Langreo, Aurelio Delbrouck, aficionado a escribir versos en asturiano, que firmaba en los álbumes de fiestas y los periódicos regionales como "Lin de Lada", porque era nacido en este pueblo. El colegio de Ingenieros de Minas la hizo suya y, siguiendo la costumbre, se costeó con una suscripción popular, como había sucedido con los dos bustos de Jerónimo Ibrán.

El caso es que para su realización se pensó en el escultor que más éxito estaba obteniendo por sus monumentos al aire libre y ese no era otro que Lorenzo Coullaut Valera, a quien Luis Adaro había dado la espalda como escultor pocos años antes. Ya ven que el mundo es un pañuelo.

El proyecto que presentó el andaluz y que fue aprobado es un conjunto elaborado con materiales de primera calidad -mármol veteado, piedra del Roncal y guirnaldas de bronce-, colocado sobre unas gradas hasta alcanzar los 5 metros de altura. Lo corona el busto de Adaro esculpido en mármol de Carrara sobre una alegoría que representa un símil de entibación por donde asoma una vagoneta de la que recoge el carbón una mujer vestida con el traje regional para llevárselo en un cesto.
Sobre la piedra una inscripción elogiosa: "Varón justificado, ingeniero eminente, geólogo esclarecido impulsó con su dirección y fomentó con su consejo el desarrollo industrial de Asturias". Nada de esto es mentira, pero curiosamente, el pueblo llano pronto empezó a identificarse más con el personaje secundario que con la figura del prócer y el monumento empezó a ser conocido como "La Carbonera", hasta el punto de que ahora hay quien lo quien lo considera como un homenaje a la mujer trabajadora.

La inauguración tuvo lugar el jueves 25 de julio de 1918 en un acto multitudinario y con toda la solemnidad. Fue el evento más destacado de las fiestas patronales de aquel año y en Sama se dieron cita multitud de asturianos procedentes de toda la región y varias delegaciones que fueron recibidas por las autoridades en la estación de ferrocarril.

Allí estaba la corporación encabezada por el alcalde Leopoldo Fernández Nespral (quien también acabaría teniendo su propia escultura en el Parque Dorado), el presidente de la comisión de Festejos, Joaquín Soldevilla y el promotor de la idea, el profesor Aurelio Delbrouck, que a la vez era presidente de la sociedad "La Montera", hubo misa cantada y la banda de Música de Langreo fue acompañada en su desfile por las calles por la de Infantería de Marina del Ferrol que se había hecho venir ex profeso.

A mediodía y en un salón de la misma Casa Consistorial se celebró un banquete servido por la "acreditada fonda" de Julián Fernández en el que también estuvieron presentes los Alcaldes de Gijón, Mieres y Laviana junto a representantes de la Cámara de Comercio y de la enseñanza, entre ellos los capataces Bernardo Aza y Antonio Cifuentes.

Luego, ya a las tres, se descubrió el monumento con una mayor presencia de autoridades: el rector de la Universidad de Oviedo, Aniceto Sela; el presidente del Consejo de Minas, José Madariaga; miembros de la Patronal y más de sesenta ingenieros llegados de toda España. Hubo discursos, lanzamiento de globos, verbena y el estreno de un himno para la ocasión con letra del poeta gijonés Alfredo Alonso y música del director de la Banda langreana Cipriano Pedrosa Solares. El estribillo decía así: Soy de Langreo / mira que soy langreano / mira que he querido honrar / al ilustre Luis Adaro.

Desde aquel día el busto del ingeniero y su inseparable carbonera han visto crecer ante ellos a varias generaciones de vecinos contemplando su alegría y sus fiestas, pero también innumerables mítines, huelgas, manifestaciones y hasta una revolución y una guerra. Como el tiempo no perdona, el monumento también ha sufrido varias restauraciones, pero ahí sigue, mientras los niños se preguntan ahora para qué sirve lo que recoge esa señora en su cesto.

Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España

lunes, 14 de marzo de 2016

Hospital de Heridos o Sanatorio Adaro (Langreo)

Debemos situarnos en aquella época, en que la medicina preventiva y curativa brillaba más bien por su ausencia. En la cuenca minera, los accidentes graves ocurrían cada momento. No hay más que fijarse en la negra estadística minera disponible en nuestro poder, donde existían más de 8.100 registros de accidentes, mortales y graves.

Fachada original del hospital y el actual
Las empresas tenían asumido que lo más importante era que el obrero fuera lo más rápidamente recuperable para el trabajo, ya que es importantísimo tanto desde el punto de vista humano como desde el económico, por lo que la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, procuro dar al obrero lesionado una mejor asistencia rápida y eficaz con el objetivo de que su curación fuera lo más pronto y satisfactoria posible.  

Al frente de la Duro Felguera se encontraba como director general el ingeniero Luis Adaro y Magro (Madrid, 17 de abril de 1849/21 de octubre de 1915), quien concibió la idea de dar a los mineros y a su familia un centro sanitario que cumpliera las premisas principales de asistencia personal y curación adecuada a todos los lesionados en el trabajo. Ante la posibilidad de que surgiera algún accidente grave que pudiera alcanzar un buen número de personas, lo que demostraría la falta de previsión de la Sociedad, y teniendo en cuenta que en otras empresas ya existían algún dispensario, Luis Adaro en 1907, en la reunión de la Comisión Delegada del 16 de abril, considero importantísimo “la organización de un Hospital de Heridos como un caso de conciencia que no puede aplazarse más”.  Una vez que se  hace el presupuesto para acondicionar parte de este Hospital, dan comienzo las obras en 1910. No obstante, no parece que la situación económica fuera todo lo boyante que se quisiera, pues el jefe de explotación, para tener este servicio en condiciones económicas, propone que “los mineros importantes de Langreo cooperen cada uno con una cantidad a determinar para sufragar los gastos de esta parte”, estimando el Comité que, ante todo, se remita el presupuesto para la habilitación del ala del edificio, sin aceptar por ahora el compromiso con los mineros. 

El hospital fue inaugurado el 12 de febrero de 1914. En su primera fase constaba un pabellón con una capacidad de 16 camas y otro anexo, en el que se instalo entre otros servicios, el quirófano y la residencia de las hermanas Dominicanas de la Anunciata, encargadas de la asistencia y cuidado de los lesionados. En vista de que los beneficios para la curación de los heridos reportaba grandes ventajas el hospital, en el año 1929, se amplía con otras 20 camas, más los servicios auxiliares correspondientes. En un principio, el sanatorio se construyo con la intención de prestar asistencia a los accidentados en las minas de Duro Felguera y a sus familiares, evitándose así el traslado de los heridos a otros centros alejados. La principal hospitalización correspondía a lesionados afectados de grandes traumatismos, y especialmente, a los quemados por grisú.

Con el transcurso del tiempo, ante la capacidad insuficiente y el crecimiento de exigencias, Lucio Villegas Escudero, director general de la Sociedad, para evitar estos inconvenientes, constituyo el 1 de mayo de 1930, la Mancomunidad Sanitaria de Empresas, entrando a formar parte de la misma la mayoría de las Sociedades Mineras del Valle del Nalón, formándose así el Patronato de Mineros Heridos de Langreo, institución que tomo como base para su fundación el edificio e instalaciones del hospital, que eran propiedad de la Duro Felguera, dando un gran impulso a la ampliación del Sanatorio. Este patronato estaba formado por: Duro Felguera, Carbones Asturianos, Carbones de La Nueva, don Joaquín Velasco, Nespral y Compañía, Carbones de La Piquera, Minas de Langreo y Siero, Minas de Escobio, Minas de La Encarnada, S,A Felgueroso, Hulleras e Industrias y Mina Tres Amigos.

Con estas nuevas aportaciones, se amplio de nuevo el Hospital, con otros dos pabellones mas. Uno de ellos estaba dividido en habitaciones de dos camas, completando un total de 100 camas, con lo que quedo totalmente atendida la asistencia médico-quirúrgica de todos los obreros del valle. En el año 1940, a petición del director y secretario del Patronato, la Junta de Gobierno acordó denominar al Hospital de Heridos con el nombre de Sanatorio Adaro, en memoria de su fundador.
También se realizaron otras obras auxiliares que sirvieron para mejorar la capacidad del sanatorio, construyendo otro quirófano, se aumento la residencia de las monjas y se prepararon habitaciones para el capellán, médico de guardia, practicante, etc.  Igualmente, se benefician de sus servicios los obreros, empleados y familiares pertenecientes al Montepío de Duro Felguera.
Todas las mejoras arquitectónicas ejecutadas con los años sirvieron para que la benéfica institución contara con un hermoso edificio de dos plantas. Cuenta con 200 camas para los traumatizados graves por accidente, además de otras 40 para médicos, capellán y hermanas religiosas.
Los servicios que presta el sanatorio son: 
  1. cirugía: es el servicio más importante y cuenta con un médico cirujano, otro auxiliar, un traumatólogo, tres practicantes y enfermeros. 
  2. Oftalmología: medico oculista y practicantes para la enfermedad profesional de nigtasmus. Silicosis: existe un departamento especial para reconocer la enfermedad a los mineros. 
  3. Rayos X: cuenta con 4 aparatos fijos de gran potencia y otros dos transportables a las camas todo bajo el servicio del radiólogo y su ayudante.  
  4. Masaje:  el servicio cuenta con material necesario para dar distintos masajes a través de chorros de vapor y cámaras de Biert. 
  5. Mecanoterapia: este servicio se halla montado con aparatos muy modernos y de gran eficacia para la reeducación de las anquilosis y atrofias producidas por fracturas y fuertes contusiones.
  6. Electroterapia: se practica a base de diatermia, corrientes galvánicas y farádicas y lámparas de cuarzo. 
  7. Laboratorio: muy bien equipado con anejo para transfusiones.

Además, dispone de dos coches de ambulancia para desplazarse allá donde sea reclamada su presencia, que recogen a los lesionados en las distintas minas o fabricas y los traslada rápidamente al Sanatorio. No podía faltar, como es lógico, una hermosa capilla, donde las monjas celebran sus cultos. Como enlace entre la labor de los botiquines de las minas y el  Sanatorio hay un medico inspector, a quien los médicos de los diferentes consultorios de las minas envían a los lesionados que, sin ser graves, precisan un mejor examen. Este médico inspector decide lo que ha de hacerse al herido y dispone de todos los servicios del Sanatorio para facilitarle su misión. 

El  equipo médico es uno de los más sobresalientes, no solo a nivel regional, sino nacional. Sus métodos de trabajo son muy reconocidos a nivel mundial. Las principales causas de mortalidad venían derivadas por grandes traumatismos.  También hubo casos de fallecimiento por legrado. Por lo que más se practicaba, eran las amputaciones quirúrgicas de dedos y miembros, drenaje de higromas y panadizos, y limpieza con sutura de heridas de cualquier parte del cuerpo. Se trataron infinidad de fracturas de columna, manos y de miembros inferiores, así como intoxicaciones por gas.

En 1967 cuando se constituyo Hunosa, el centro médico paso a depender de la Empresa minera pública, hasta que en 1996, dejo su dependencia de la empresa estatal, para regirse por una Fundación privada, en la que están representados los ayuntamientos y las organizaciones sindicales, recayendo la presidencia la persona que ocupe el puesto de Alcalde de Langreo.  Es una fundación socio-sanitaria sin fines de lucro, de que presta servicios en el ámbito de geriatría, cuidados prolongados, cuidados paliativos, rehabilitación, medicina física y salud laboral, así como asistencia en accidentes de trabajo, consultas medicas de carácter de ambulatorio, servicios de radiodiagnóstico y demás actividades sanitarias.

Fuente: catástrofes mineras asturianas, Tomo II

martes, 8 de marzo de 2016

Ruta cultural por el Langreo industrial

Pozo Maria Luisa
Langreo fue uno de los concejos, junto con Mieres y Laviana, que más minas alberga. Comenzamos nuestra ruta con un monumento lleno de historia, el Pozo María Luisa. El emblemático pozo minero conocido por su historia y por la popular canción minera que lleva su nombre. El edificio es de 1858, con características del estilo industrial centroeuropeo. Los elementos más interesantes del conjunto son los de las oficinas y los talleres. El pozo perteneció a la compañía Duro Felguera y tuvo su predecesor en la mica con el mismo nombre, situada en Santa Ana, a la que se llega por la carretera de El Entrego a Les Cubes. En ese lugar se conservan aun la bocamina de entrada y los edificios de las oficinas, los talleres y la cuadra para el ganado de tracción. Una inscripción en la bocamina se distinguen las iníciales U.H de Unión Hullera, primera propietaria de la mina que desapareció en 1905, al ser absorbida por Duro Felguera.  
Desde Ciaño, entramos en La Nueva, llamada así porque aquí se descubrió una nueva capa de carbón, y encontramos el valle del río Samuño donde explotaron yacimientos carboníferos las compañías de Carbones Asturianos y Carbones La Nueva. Aquí encontramos el ecomuseo minero de Samuño. 
Seguimos ahora hacia Sama, donde nos encontramos con el pozo Fondón.  Antes de convertirse en pozo (profundización vertical), fue mina (excavación horizontal) “La Nalona” y perteneció a Duro &
Pozo Fondón
Cía. De esta, se conserva una de las bocas dentro del recinto que data de 1840-50. De toda la cuenca minera del Nalón, durante el proceso de conversión de las minas en pozo, este fue el que más rápido lo hizo, allá por 1910, aunque el primero en profundizarse fue el pozo Entrego.
Los edificios con importancia del conjunto son varios, aunque sin duda el más importante sea la casa de maquinas de 1915, ampliada en 1935. El conjunto del pozo se completa con el edificio que albergaba la fragua, las casas de aseo y de oficinas de finales de los años 30, la nave para taller mecánico, de 1940 y el polvorín. No olvidemos los dos castilletes con los que contaba el pozo, uno de ellos desmontado recientemente, que siguen el sistema constructivo de perfiles metálicos remachados o roblonados. Por último, Duro Felguera construyo un puente reticulado y remachado, apoyado sobre columnas de las mismas características para salvar el foso de la antigua carretera de entrada a Sama proveniente de Mieres. Actualmente el conjunto de este pozo alberga el Archivo Histórico de la Minería. En una primera fase de rehabilitación, los elementos de intervención han sido la casa de maquinas, el edificio abovedado del polvorín, la nave de la fragua y la locomotora  de vapor “ca 8”, un modelo proveniente de Ámsterdam (1921) del fabricante danos Orenstein & Koppel. En su segunda fase, se reformaron la casa de aseo y las oficinas. También en el parque Dorado de Sama podemos encontrar una locomotora conocida como “Pepe”, de origen alemán construida por Henschel & Sohn en 1927. 
Antigua Factoría de Duro Felguera
Si pasamos a La Felguera, podemos ver la antigua factoría de Duro Felguera, hoy Valnalon. Esta prácticamente desmantelada, pero fue desde su fundación, el eje industrial del valle y la industria siderúrgica más poderosa de Asturias. Los edificios conservados, antaño destinados a talleres y oficinas, están hoy destinados a oficinas y centros de formación. Se han respetado tres refrigerantes y una chimenea de horno alto. En esta factoría comenzó a funcionar el primer ferrocarril hipomóvil de Asturias y con estos precedentes, no es de extrañar que se conserven varias maquinas de vapor a la entrada del recinto. De derecha a izquierda, “Pedro Duro 2”, constituida en la propia factoría en 1952 siguiente el modelo de la que sigue, “Pedro Duro 1”, construida en Catañua por la Maquinista Terrestre y Marítima en 1895. Las dos siguientes son la “FM305” y “FM 308”, ambas maquinas inglesas de Dubs & Co construidas en 1891. A continuación de la “DF 607”, una Covillet belga de 1885 y por último, una genera de las anteriores inglesas, la llamada “FM 307”. También nos llamará la atención la grúa situada delante de ellos. Se trata de una grúa de vapor conocida como “La Leona”. 
Barrio Urquijo
En La Felguera podemos ver también una de las barriadas más antiguas conservadas (de la segunda década del siglo XX), es la denominada “Barrio Urquijo”. Esta situado entre la carretera carbonera y el ferrocarril de Langreo. Según los planos del arquitecto Enrique Bustelo, constaba de nueve pabellones de viviendas y una capillada situada en una de las esquinas del barrio. Se trata de casas de vecindad de tres plantas y bajo cubierta. Como anécdota señalar que fueron las primeras viviendas de todo el municipio que dispusieron de agua corriente individual, adelantándose 10 años al resto. A su lado se encuentra el Nuevo Barrio Urquijo, también promoción de la Duro Felguera, que sigue el proyecto de unas trazas racionalistas de 1946 de los arquitectos Francisco y Federico Somolinos.
Casa de Ingenieros
Al igual que los trabadores, también jefes y personal cualificado tenían sus viviendas promovidas por las empresas. Las casa de la calle Conde Sizzo, en La Felguera y las de la calle Unión, son un ejemplo de vivienda para los técnicos a cargo de la empresa. En una de las estas últimas tiene su sede SODEC.  De la calle Conde Sizzo la más destacada de todas es la vivienda doble adosada que Casa de Ingenieros, situada en la colina, que por el Este, domina la antigua fábrica de Duro Felguera. Parcialmente restaurado por una Escuela Taller, el edificio fue encargado como hotel para Buenaventura Junquera (entonces director general de la sociedad) por la familia Duro en 1904 al arquitecto asturiano Manuel Busto Delgado, máximo representante asturiano del Modernismo Europeo. Como curiosidad, en las antiguas Escuelas Cristianas de La Salle, los hijos de los trabajadores de la empresa de Duro tenían cubiertos los gastos de enseñanza básica. 
ocupa el extremo de la calle, fácilmente identificable por su volumen, totalmente diferente al resto. El proyecto data de fines de 1917 siendo de nuevo Enrique Bustelo el arquitecto, aunque en la práctica habitual de las empresas en estos casos era la de recurrir a sus propios ingenieros. Una excepción mas, una vivienda destinada a cargos directivos, es la denominada
Para finalizar, y como factor de interés urbanístico, llaman la atención las numerosas casas unifamiliares de autopromoción, que se pueden ver a lo largo de todo el concejo. En estas casas, agrupadas muchas de ellas formando pequeños barrios en torno a las instalaciones industriales (junto al mencionado Pozo Fondón por ejemplo), tienen su origen en las ayudas que se otorgaron  entre los años 1950-65. En aquella época, ante la avalancha de emigrados de otras partes de España para trabajar en la minería e industria, el Estado daba 30.000 pts. Para la construcción de viviendas para satisfacer las necesidades de la población. Otros ejemplos de barrios de autoconstrucción son El Ponticu, Les Pieces, Pumarín, La Oscura, San Vicente y Tetuan. 

Fuentes: Turismo Langreo y Guía turística de las cuencas mineras de Asturias. 

Ruta cultural por Ciaño, Langreo

En la época preindustrial, la importancia social y económica de Langreo estaba radicada en los núcleos de Riaño y CIaño. En ellos se encuentran los ejemplos de arquitectónicos reseñables que nos hablan de esos mas de 650 años del concejo. Comenzamos nuestra ruta en la Iglesia de San Esteban de Ciaño. Es un templo de origen románico que conserva sus dos portadas primitivas: la principal, al oeste, y la del sur. Sufrió una fuerte reforma en el siglo XX. Tiene planta de cruz latina, con capillas adosadas a los muros de la nave y al deambulatorio. El pótico tiene una torre con campanario remantada con la escultura del Sagrado Corazón (símbolo de amor divino). La portada principal, la del oeste, es la de mayor valor artístico. Está formada por un arco de medio punto con tres arquivoltas decoradas con motivos en zig-zag, picos de aves mordiendo un baquetón y boceles con bolas; apoyan en seis columnas, tres por flanco, las dos interiores más gruesas, rematadas por capiteles con variada decoración escultórica, fundamentalmente de temas vegetales estilizados y escenas humanas: en una de ellas está representado el martirio de San Esteban.En el tejaroz la decoración es a base de motivos zoomórficos y antropomórficos.La portada sur, en la fachada del lado de la espístola, tiene un arco ligeramente apuntado de dos vueltas, una de ellas polilobulada, que apoyan en dos machones y un par de columnillas con capiteles decorados con pájaros afrontados y sirenas; el guardapolvos y la imposta son ajedrezados.Estas dos portadas románicas, por su decoración tan elaborada, parecen relacionarse con el taller románico de Villaviciosa.
Continuamos por la calle Marqués de San Feliz donde veremos el Parque Rosario Felgueroso. Aquí encontramos el monumento a los Hermanos Felgueroso inaugurado en el año 1962, iba a estar en Sama, pero como los homenajeados eran de Ciaño, sus vecinos reclamaron la escultura. Esta compuesta por un estanque de planta rectangular. En el ángulo izquierdo encontramos una escultura compuesta por tres mineros sobre un pedestal de granito. La representación de los mineros va acompañada de instrumentos relacionados con su oficio tales como un pico, una pala y una barrena. Los tres hombres tienen el mismo tipo de cuerpo y volumen, con los brazos pegados al cuerpo. El segundo grupo escultórico, situado en la parte
posterior del estanque, está compuesto por tres bloques prismáticos de base rectangular que van recubiertos por pequeños sillares rectangulares y rematados por una imposta lisa. En su frente lleva empotrados tres relieves labrados en piedra en los que se representan, de modo muy geometrizado, la industria (fábricas de altas chimeneas), la investigación (redomas, libros, un microscopio y una cadena molecular) y la minería (dos picos penetrando en las vetas de carbón). El busto de Rosario Felgueroso es de 1992 y esta realizado en bronceal igual que la escultura-monumento de José León Delestal, cuya fecha de inaguracion fue el día del libro del año 2008. Se trata de un sencillo monumento dedicado al langreano José León Delestal, entusiasta embajador del concejo de Langreo en Madrid. De la base del conjunto escultórico surgen dos manos que hojean un libro, mostrándonos en la página de la izquierda el rostro de Delestal y en la de la derecha algunas estrofas de su Himno de Langreo. Finalmente en esta zona nos encontramos con La Casa de los García Bernardo o casa de en medio, hoy llamada de los Alberti, que era la más antigua casa solariega de las existentes en Ciaño. La época probable de construcción es el siglo XVI. La casona pertenecía a la familia de Los Buelga, que poseían en las inmediaciones una casa aún mayor conocida por el apellido de la familia.
encontraremos el monumento a los Hermanos Felgueroso, a Rosario Felgueroso, la escultura monumento a José de León Delestal y la casa de los Alberti. El nombre actual proviene de Jaime Alberti, un maestro fundidor italiano que llegó para trabajar en La Felguera a finales del siglo XIX y que se casó con la propietaria de la casa, Eladia García Bernardo. Con la Guerra Civil, la familia Alberti se traslada a Gijón y alquila la casona como vivienda y comercios. En el año 2000 sus propietarios ceden la casa al Ayuntamiento de Langreo, destinada hoy a espacio cultural. Es de planta rectangular dividido en dos alturas originarias a la que se le añadió un ático en su restauración del año 2000, con fachada a dos calles y un al lateral al actual
parque de Ciaño, propiedad de la casa antes de ser cedida.
La fachada principal, orientada al Norte, conserva en el centro un escudo con las armas de Los Buelgas, y los Sanfrechoso. En la planta baja tiene tres puertas; la central, de mayor tamaño que las laterales y en línea con el escudo que sirve de eje, en la planta alta, a los cuatros balcones adintelados enmarcados por sillares.En la fachada Este, los vanos están dispuestos de forma aleatoria y los balcones han sido tapiados y reducidos a pequeñas ventanas. La fachada Oeste sigue un esquema similar, y la fachada Sur da paso a un patio cerrado con muro y puerta monumental. La cubierta actual es a cuatro aguas.
Nuestra ruta sigue por la calle La Nozaleda para ver el El Palacio de los Marqueses de San Feliz, conocido como Casa de Cimadevilla, un antiguo palacio (hoy residencia de ancianos Asilo Hogar Virgen del Carbayu) que fue documentado en 1745 como perteneciente a la familia Valdés. Sufrió distintas transformaciones para adecuarla al nuevo uso asistencial. En su origen fue una casona de tres plantas de estilo barroco asturiano cuyas raíces se enclavan en la familia de La Buelga, una de las más destacadas de Ciaño y que construyeron también la Casa de La Buelga y la Casa de Los García Ciaño. Más tarde perteneció a los Marqueses de San Feliz, los cuales lo donaron en el siglo XX para la asistencia de pobres y ancianos de la zona, regentado por una órden de hermanas religiosas.

Con el paso de los años se fueron acometiendo numerosas reformas hasta concebir su aspecto actual, en forma de U, contando además con una capilla anexa y jardines, cercados por un muro de mampostería con dos accesos monumentales. Destaca la entrada realizada a base de una abertura en arco carpanel en sillar, rematada lateralmente en dos gruesas volutas. En el centro se eleva un cuerpo a modo de ático con hornacina y frontón partido, con el vértice triangular, que contiene un escudo y dos pináculos al estilo barroco. En el patio se encuentra una capilla neogótica, en cuya una de sus fachadas aparece la fecha de 1889 aunque fue reconstruida en 1945. En el panteón de la misma están enterrados los marqueses de San Feliz. Tiene dos escudos, uno con flores de lis de los Argüelles y el otro con cuarteles de los Ciaño, San Frechoso y Valdés.
Esta capilla consta de una nave dividida en cuatro tramos, con cabecera cuadrada y cubierta con bóveda de cañón con lunetos, la sacristía y el pórtico están adosados al muro oeste. La portada, realizada en sillar, se estructura en un arco apuntado formado por molduras y motivos florales que enmarca tres rosetones y lacerías neogóticas, en el hastial se encuentra otro rosetón y se remata con pináculos, la puerta es adintelada. En el interior se conservan dos retablos barrocos de escuela castellana.
En la finca del asilo de ancianos destaca un portón barroco, acceso situado en un grueso muro de mampostería que la circunda. Realizado a base de una abertura en arco carpanel y el empleo de sillar según las pautas de orden rústico divulgadas por Serlio en el Manierismo. Remata lateralmente en dos gruesas volutas, a cada lado una, y cuerpo elevado a modo de ático con hornacina y frontón partido triangular en el vértice. Por la factura puede ser obra dieciochesca, de tendencia rococó, aunque el estilo aquí empleado tiene su origen hacia mitad del siglo XVI por lo que a España se refiere. Ambientalmente, carece de la atención escenográfica de que es digno.
También se observa una casa adosada al muro, probablemente del siglo XIX por su arquitectura de carácter industrial, que perteneció a los guardeses del palacio.Existe otra construcción de ladrillo y arcos apuntados anexa al palacio de la cual se desconoce su función.En la actualidad es de propiedad privada pero existe la posibilidad de visitarlo hablando con las monjas que lo gestionan. El Barrio de la Nozaleda, en Ciaño, construido a principios del siglo XX, originariamente para los trabajadores de la minería, especialmente para los empleados del Pozo María Luisa. Se construyeron en bloques de dos o tres pisos con fachadas uniformes por la Sociedad de Carbones María Luisa, de la que hablaré en otro post.
Por la calle El Campoón nos encontramos con la Casa de la Buelga,una casona palacial, reedificada
en 1776, combina el carácter urbano culto con el gusto popular tradicional. La planta es rectangular con tres pisos en la fachada sur, dos en la este y norte y uno en la oeste, adaptándose así a las desigualdades del terreno impuestas por su emplazamiento.
La fachada situada en el frente este es la principal, se estructura en dos partes: la planta baja con una puerta de arco de medio punto muy rebajado y vanos y la planta alta, con cuatro balcones con repisas, molduradas y barandas de hierro colocadas simétricamente respecto al escudo nobiliario de sillería labrada. En su extremo norte se encuentra la capilla.
La fachada sur, de carácter popular, se organiza con una parte central abierta entre dos cuerpos cerrados. La planta baja es un porche abierto sobre columnas con fustes de piedra arenisca y zapatas de madera moldurada y un cuerpo cerrado de mampostería. En el piso primero una galería de madera y el segundo un corredor ocupan esta parte central. La fachada norte es totalmente lisa con huecos dispuestos irregularmente, de tamaño muy pequeño en la planta baja y más grandes con dos balcones en la alta.Al oeste se sitúa la trasera del edificio, que tiene como huecos una puerta y una ventana. La elevación del terreno por este lado produce el enterramiento de la planta baja. Alrededor de la casona existieron construcciones de usos varios: panera, bodega, cuadra, palomar, unas existentes todavía y otras destruidas.
Pasando por la calle Álvarez Marina, nos puede llamar la atención los paramentos verticales que son obra de José Sánchez Prieto. Están elaborados en acero pintado y separa una pequeña plaza del barrio de La Nozaleda.
 Llegamos al final de la visita pasando por la calle Jaime Alberti, del que ya hablamos antes, para ver la Torre de la Quintana. La Torre de la Quintana así como la casona de Solís de cuyo conjunto forma parte, se encuentran en un solar situado hacia la mitad del pueblo de Ciaño y contiguo a la carretera general que atraviesa la cuenca minera hacia el puerto de Tarna. La planta baja está incomunicada con el primer nivel, existiendo en su fachada una puerta de entrada a esta dependencia que estaba tapiada. A la planta primera se accede a través del pasadizo que la comunica con la casa. En ella existen, además de la puerta de acceso con arco de medio punto, cuatro saeteras. De esta planta y a la derecha de la entrada nace una escalera perimetral que la comunica con la planta segunda. La casona, en la actualidad, acoge a la asociación Langreanos en el mundo.
Si visitais Ciaño, merece la pena ir al santuario de Nuestra Señora del Carbayu, patrona del concejo. Aunque de  origen medieval, la obra actual es del siglo XVIII siguiendo el estilo barroco. La portada es adintelada, rematada con un frontón y una hornacina que alberga la imagen en piedra, de la patrona de Langreo. El siglo pasado se le añadió una espadaña para las campanas. El interior se cubre con bóveda de arista nervada y lunetos. Alli se encuentra un interesante retablo barroco del año 1730 (en caso de no estar abierta, se puede pedir la llave en el bar Miranda). Tras la visita, se puede disfrutar de una magnifica panorámica desde el mirador.

 Fuentes: Langreo Turismo y guía de las cuencas mineras. 

miércoles, 10 de febrero de 2016

Café Los Corredores (Langreo)

El Café Los Corredores se encuentra en La Felguera.  Es un lugar bastante socorrido tanto para ir a merendar como para ir a pinchotear algo antes de salir.  El bar tiene una terraza bastante grande. 
Tienen una carta bastante amplia y sus precios son asequibles por ejemplo batidos a 3 euros,  el gofre con helado 2.50 (sino 1.50), el pincho doble 2.40, menu de hamburguesa 5 euros, granizados 2.50… aunque lo que si me parece caro son los cafes con alcohol como el irlandés que cuesta 7 euros.

En general es un sitio que esta bastante bien, la atención a los clientes es muy buena, el servicio es rápido y ¡permiten perros! :D
Puedes consultar su página de Facebook pinchando aquí.

Café Los Corredores
Alférez Argüelles nº 11

La Felguera (Langreo)

jueves, 7 de enero de 2016

La Carretera Carbonera: 50 años en unir Gijón y Langreo

La Carretera Carbonera y la Empresa del Nalón: La propuesta de Jovellanos de unir Langreo con Gijón tardó 50 años en hacerse realidad.


Después de todas las visitas que Jovellanos giró a las diversas minas que había en explotación en el Principado, elaboró un informe compuesto de nueve piezas, fechadas entre el 10 y el 15 de mayo de 1791, que dirigió al ministro de Marina, el ya referido Antonio de Valdés y Bazán, el 15 de junio de 1791. En estos Informes volvía en insistir, en primer lugar, en la necesidad de establecer una absoluta libertad de explotación y comercio del carbón. Proponía, a continuación, la conveniencia de construir un camino desde las minas al puerto de extracción, para disminuir el precio de los portes. En tercer lugar, se habían de conceder algunas gratificaciones y franquicias a los buques para abaratar los fletes y formar una marina carbonera. En cuarto lugar, señalaba la conveniencia de establecer una escuela en la que se impartieran conocimientos de Geometría y Física. «Aunque ninguna de las ciencias exactas y naturales deje de ser necesaria o muy conveniente para perfeccionar el cultivo de las minas de carbón de piedra y su empleo en los diferentes usos a que es aplicable, la Geometría y la Física, como primeros fundamentos de unas y otras, se deben reputar por absolutamente necesarias para este objeto. Por tanto, lo es también el establecimiento de una escuela en que se enseñen metódica y permanentemente». En el plan de estudios que proponía, habría un primer año de estudios comunes de Aritmética y Geometría, y dos posteriores de especialización según que la orientación fuera el pilotaje o la minería. Es un primer esbozo de lo que luego será su Instituto de Náutica y Mineralogía.

Sus propuestas fueron muy bien recibidas en Madrid, desde donde se le comunicó que sobre el modo de llevarlas a efecto se pusiese de acuerdo con Fernando Casado de Torres, ingeniero de Marina, «nombrado por el Rey para que fuese como facultativo a aquel Principado a ayudar a don Gaspar», cuenta Ceán Bermúdez. Deseoso de conocer a Casado de Torres, se trasladó Jovellanos hasta las Reales Fábricas de La Cavada, en la vecina Santander, donde se encontraba éste. Luego volvió a Salamanca donde seguía teniendo pendientes asuntos del Consejo de Órdenes. Casado había viajado en el otoño de 1789 por Inglaterra para contratar técnicos para trabajar en las minas. No le gustaron los mineros ingleses y contrató a un belga, Francisco Stievenard, que dirigía una mina de carbón en Lieja. Desde finales de 1791, Casado de Torres y Stievenard reconocieron en el concejo de Langreo hasta 82 minas.


A comienzos de enero de 1792, Jovellanos y Casado de Torres volvieron a verse en Gijón, donde este último le expuso su proyecto de transportar el carbón de las minas de Langreo a través del Nalón hasta San Esteban de Pravia. Jovellanos, por su parte, sostenía la conveniencia de que el transporte se realizara por tierra hasta el puerto más próximo, el de Gijón en el caso de las minas de Langreo, tal y como había sostenido ya en sus Informes mineros. En otro informe de 1791, sobre la construcción de un camino carbonero a Langreo, exponía el proyecto con todo detalle, indicando el recorrido y distancias que habría de tener desde el Puente de Turiellos, en que se iniciaba, a la Puerta de la Villa en Gijón, atravesando por el concejo de Siero. Esa carretera carbonera entre Langreo y Gijón tendría una longitud aproximada de 40 kilómetros y una capacidad estimada de transporte de 46.000 a 69.000 toneladas anuales. Con ella, aseguraba Jovellanos, se acortaba el trazado que venían utilizando los carros y caballerías en casi la mitad. Hasta entonces, por este medio se transportaban, durante los días en que el camino era transitable, unas 16.192 toneladas. El presupuesto estimado para la construcción de la carretera era de 1,5 millones de reales, pero con ella construida se rebajaría a la mitad el precio de los portes.


Como ya hemos referido, el Gobierno se había reservado para el aprovisionamiento de la Marina las minas del valle del Nalón en Langreo, constituyendo finalmente para su explotación la empresa de las Reales Minas de Langreo en agosto de 1792. Desde comienzos de ese año estaban ya en explotación las minas, bajo la dirección de Casado de Torres y del técnico belga Stievenard. También se construyó un horno para fabricar coque a orillas del Nalón, aguas abajo de Sama, en noviembre de 1792.


Para el transporte del carbón, el ingeniero Fernando Casado de Torres, como hemos dicho, apostaba por la canalización del Nalón en el tramo comprendido entre Sama y San Esteban de Pravia. Siendo Casado el hombre de la Armada, el Consejo de Estado optó por su propuesta, que según sus cálculos tenía una mayor capacidad de transporte y un menor coste a la larga, aunque la inversión inicial calculada era de 3.400.000 reales, frente al millón y medio previsto por Jovellanos para la carretera. Esta diferencia se compensaría posteriormente, pues el coste por quintal de carbón transportado por el río sería de un real, según los cálculos de Casado, mientras que por carretera suponía unos tres o cuatro reales.


La obra a realizar en el Nalón pretendía lograr un canal en el río de unos 11,2 metros de anchura mínima, para que se pudieran cruzar dos chalanas. Éstas eran un tipo de embarcación de fondo plano, sin quilla, de unos 12,8 metros de eslora por 3,64 de manga y una altura de 0,84 metros, con un calado previsto de 0,4 metros, que era el que se consideraba podía aguantar el Nalón en sus aguas medias, y capaces de transportar hasta 200 quintales (unas 9 toneladas). La obra era, sobre el papel, muy sencilla, pues sólo había que actuar allí donde el lecho del río fuera demasiado ancho, estrechando el cauce con estacas, que sujetaban un talud hecho de piedras, y en los pasos estrechos, ensanchándolos, mientras que en otros tramos no habría necesidad de realizar trabajo alguno. Sólo a la entrada de cada canal la obra debía de ser más sólida, a base de sillería. También había que volar algunas peñas que dificultaban la navegación, y dragar la barra de acceso a la ría de Pravia.


En Sama se construyó un canal de servicio que conducía a un estanque, donde se guardaban las chalanas y estaban los talleres de reparación, provistos de una fragua y una rampa con cabrestante para sacar las embarcaciones del agua. En paralelo al río había que trazar un camino de sirga para que las bestias de tiro arrastrasen río arriba las embarcaciones, en el viaje de vuelta.


Las obras se iniciaron en 1793 y finalizaron en 1796 con dos graves defectos: no se construyó el camino de sirga, porque los gastos superaron lo presupuestado, y las defensas levantadas en los muros de los canales resultaron poco sólidas para soportar las crecidas que las lluvias y la fuerte pendiente del río originaban cada invierno.


El Informe sobre la navegación del Nalón, escrito por Jovellanos en 1797, señalaba que las chalanas bajaban río abajo cargadas de carbón, en sólo tres días, pero que tardaban de diez a quince jornadas en el viaje de retorno, empleando, además, mucha tripulación. Cinco de los seis tripulantes debían marchar por la orilla tirando de una soga, y en los tramos con rabiones y fuertes corrientes debían de halar hasta una docena de hombres, metidos de lleno en el río. Esto y el gran número de chalanas necesarias al concentrarse el transporte en verano sumaban demasiados costes en relación al escaso volumen acarreado. Además, la corriente desbordaba en invierno las obras, causando continuos desperfectos, cuya reparación elevaba todavía más los costes totales y medios. En noviembre de 1801, una riada destruyó prácticamente casi todo lo construido.


La producción en las Reales Minas de Langreo, entre 1792 y 1802, año en el que cesó su actividad, fue de 49.386 toneladas, de las que 16.793 no se vendieron ya que formaban los stocks acumulados en 1802. Entre 1793 y 1801 se transportaron a través del Nalón unas 16.360 toneladas, con un gasto en torno a los 24 reales el quintal, unas cinco o seis veces superior al que por entonces tenía el quintal transportado en carros de bueyes desde las minas comunales de la cuenca central hasta Gijón. En 1802, Juan Francisco de Aguirre, segundo comandante de las empresas de la Marina en Asturias, redactó un informe en el que solicitaba el abandono de las Reales Minas de la Empresa del Nalón por lo ruinoso de sus cuentas. Finalmente, una real orden de 1 de octubre de 1803 acordó el abandono de la explotación de las Reales Minas de Langreo.


La carretera carbonera propuesta por Jovellanos no se construyó hasta 1838-1842, y se hizo a iniciativa de Alejandro Aguado, un empresario que era por entonces director de la sociedad Minas de Carbón de Langreo. Aguado obtuvo la concesión de la obra, para explotarla posteriormente en lo que hoy llamaríamos «régimen de peaje» y constituyó la Empresa del Camino Carbonero de Asturias. Las obras se iniciaron en 1838 y concluyeron en 1842, completando 34 kilómetros de carretera, además de 9 puentes y 117 alcantarillas, con un coste de 4.000.000 de reales.


Había pasado medio siglo desde que su construcción fuera propuesta por Jovellanos. Por entonces, el ferrocarril ya comenzaba a ser el medio de transporte de la industrialización. En 1847 se iniciaron ya las obras del denominado Ferrocarril de Langreo, que comenzó a funcionar en 1852 entre Gijón y La Florida, y en 1856 unió ya Sama con Gijón. ¡Cuánto tiempo perdido!