Mostrando entradas con la etiqueta Oviedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oviedo. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de junio de 2016

Historia de la fábrica de cervezas Águila Negra de Colloto (Oviedo)

El Águila Negra fue durante casi cien años (1898-1993) la verdadera cerveza de Asturias y de los asturianos. La fábrica de cerveza más grande que tuvo Asturias consiguió asentar las bases de una cultura cervecera en una tierra donde la sidra era y es la bebida nacional por antonomasia. En las siguientes líneas se tratará de esbozar una pequeña historia sobre la mítica marca collotense repasando su historia a través de los años y haciendo hincapié en algunos de los datos que la llevaron a estar a la cabeza de la industria cervecera de la Península Ibérica.

Los orígenes de esta cervecera los encontramos en el pueblo de Colloto, población situada en los límites de los concejos de Oviedo y Siero. La actividad principal de esta villa era la ganadería y la industria sidrera. Entre los varios llagares familiares y las fábricas presentes en Colloto, destacaban Industrias Cima y Bodegas Asturianas (Fábrica de Sidra Princesa de Asturias). Ámbas fueron punteras en la elaboración de sidras champán desde finales del S XIX en adelante. Sin embargo el fuerte desarrollo de Industrias Cima- su fundador José Cima fue el primer collotense en obtener la cruz al merito del trabajo, hizo que Bodegas Asturianas empezara a quedarse atrás en el mercado local y nacional con lo que sus directivos decidieron diversificar y empezar a construir una fábrica de cerveza. Para ello viajaron por Europa-principalmente por Alemania y Chequia con el fin de traer información y recursos humanos que ayudaran a crear una cervecera de prestigio.En 1898 comenzaron las obras de ampliación y modernización de una fábrica de cerveza que comenzaría su primera cocción en la primavera de 1900.

El año 1898 fue un año agitado, el cambio de siglo estaba cerca y eso se hacía notar en todos los aspectos de la vida. En la cultura ibérica destacan los escritores de la Generación del 98, dando su visión particular sobre la España de fin de Siglo. En Arquitectura Gaudi diseña y construye el Parc Güell en la Barcelona de fin de siglo.En Europa, H.G. Wells publica la edición de su novela La Guerra de los Mundos y la ciencia recibe con regocijo el descubrimiento del radio por parte de Marie y Pierre Curie. El orden mundial estaba cambiando y la expansión colonialista de las potencias europeas coincide con la mayor crisis internacional española: el fin de su imperio de ultramar con la independencia de sus dos únicas colonias-Cuba y Filipinas, un hecho que afectará profundamente a todos los estamentos de la sociedad. España era un país con una economía atrasada basada en una agricultura poco competitiva y en unos enclaves industriales aislados en Barcelona y Vizcaya, principalmente. La sociedad era predominantemente rural y poco urbanizada, con grandes desigualdades sociales y culturales, un elevado grado de analfabetismo y una profunda escasez de clases medias. La política de la restauración y el sistema bipartidista sólo favorecía a un pequeño grupo de oligarcas que se turnaban para disputarse las ganancias. Sin embargo, justo en esa época la economía española se empezaba a acercar a la media de los paises europeos más industrializados. Los efectos económicos de la pérdida de las colonias no fueron del todo negativos ya que la repatriación de capitales supuso una importante inyección en la economía española. España distaba aún mucho todavía de los países más desarrollados, pero el panorama iba mejorando, estaba moviendose.


Dentro de esta nueva movilidad, una fábrica regional de sidra champán decide diversificar su producción y comenzar a elaborar cerveza, bebida por aquella época considerada como de temporada y extranjerizante pero que empezaba a ganar adeptos día a día. De esta manera comienzan las obras de acondicionamiento y la instalación de la maquinaria necesaria para elaborar cerveza. Las primeras pruebas fueron muy exitosas y así, el 29 de Marzo de 1900, con un capital social de un millón de las antiguas pesetas queda fundada la empresa El Águila Negra de Colloto, fábrica de cervezas, reconvirtiendo así en cervecera la antigua fábrica de sidra champán Bodegas Asturianas. Durante la primera década del siglo XX se continuó elaborando sidra pero cada vez esta tenía menos peso en la fábrica ya que los maestros cerveceros e ingenieros industriales traidos de Alemania y Chequia trabajaban a un ritmo que permitía ir afianzando una línea de cervezas de calidad que atraía a cada vez más consumidores.


Primeros Años
Esta forma de trabajar fue la que permitió que antes de la guerra civil española (1936-1939) el Águila Negra ya ocupara un puesto de privilegio dentro de la industria asturiana, basada en aquel entonces en la minería y la siderurgia. Entre los avances que hicieron que esta cervecera progresara adecuadamente estaba la creación de una maltería neumática, única en la década de los 20 en España, y que le permitía maltear entre septiembre y abril( los meses, por aquel entonces ideales para tal fin) la suficiente cantidad de grano para completar su producción anual y crear excedente que se vendía a otras cerveceras nacionales. Teniendo en cuenta que antes de 1936 la producción era de 22000 litros diarios, podemos hablar de unas cifras record para la incipiente industria cervecera de la región. En aquella época la fábrica producía dos cervezas, una oscura denominada brune-al estilo de las dunkel alemanas( con 11,5% de extracto seco primitivo-E.S.P) y una rubia especial tipo pilsen(12,5% de E.S.P) que gozaba de gran aceptación.

Años 40
La Guerra Civil fue un desastre absoluto para el país, y la posguerra trajo momentos dificiles para la fábrica. Los recortes presupuestarios, el uso del grano para alimento y los reajustes políticos que la dictadura impuso hicieron que la industria en general sufriera una fuerte recesión. Sin embargo, El Águila Negra, al pertenecer al campo de la alimentación pudo diversificar y mantenerse a pesar de la crisis.Una de las soluciones adoptadas-además de la venta de malta y la plantación y recolección de lúpulos propios, fue la creación de una planta de fabricación de hielo industrial. La Fábrica siempre había producido hielo para acondicionar las bodegas y realizar las guardas de su cerveza. La idea de aumentar dicha producción y venderla resultó en un importante aumento de dividendos que redundarían en la fabricación de cerveza.




Años 50 y 60
Los años 50 y 60 fueron los de la consolidación de la cerveza asturiana en el mercado regional y la entrada por la puerta grande en el nacional. La producción fue en aumento, llegando a los 48000 litros diarios que se repartían entre Asturias y las provincias limítrofes. La investigación y la tecnología que se aplicaba iba en aumento y cada vez la técnica se hacía más refinada dando a la cerveza un mayor impulso. La importancia de la fábrica para Colloto se hizo vital, además de dar empleo directo a muchos habitantes, era también creadora de puestos de trabajo indirectos-venta de cerveza, hostelería, siembra y recogida de lúpulo, trasformación de bagazo de malta en piensos etc... La identificación de pueblo y cerveza se hizo absoluta, algo muy importante teniendo en cuenta que Colloto era -y es, un núcleo sidrero importante dentro de Asturias.



Años 70
La década de los 70 representa el auge absoluto de una marca, seña de identidad ya de la industria alimenticia asturiana y su afianzamiento fuera de la región, especialmente en Galicia, León, Cantabria, Zamora y Madrid. La competencia con las cervezas nacionales iba en aumento lo que suponía una activación de la economía y un impulso más que patente de la cultura cervecera. En la decada anterior habíamos asistido a la triste desaparición de la otro cervecera existente en Asturias, Estrella de Gijón(**Ver Anexo I). Esa fue la cara mala de la competencia y de la lucha por el liderazgo dentro del mercado de la cerveza. El Águila Negra, se hizo con los derechos de una de sus cervezas y empezó a elaborar una cerveza especial extra( con extracto seco primitivo 16%) bajo el nombre de Kronenbräu, indicando en su envase, a modo de reconocimiento, que la receta original pertenecía a Estrella de Gijón.


Los 80 

La producción en los años 80 llega a la cota histórica de 62000 litros diarios, la fabricación se diversifica, las inversiones van en aumento y la cervecera goza ya de un asentamiento económico, industrial y social total. Como muestra de esta situación vemos que la gran mayoría de los acontecimientos culturales y deportivos asturianos cuentan con el patrocinio de la cervecera y su presencia en la hostelería y la gastronomía asturiana alcanza cotas impensables para una región de tradición sidrera y dentro de un país culturalmente vinícola.

El declive: Años 90

Cuanto más alto se sube, mayor es la caída dice el acervo popular y los problemas para El Águila Negra empiezan a finales de los 80, con una serie de desastrosas operaciones económicas que su directiva lleva a cabo y que, incapaces de solucionar, hacen que la cervecera empiece a entrar en una crisis de la que ya nunca más salió. Por aquel entonces era necesaria una reconversión para ajustar la cerveza a los nuevos tiempos y a las nuevas pautas que el mercado exigía. Paradojicamente, aquella cervecera que había sido siempre puntera en tecnología, investigación y desarrollo( cuando ni siquiera existian esos departamentos en las empresas) empezaba a quedarse atrás cuando más necesitaba esos avances. Sus directivos no supieron o no pudieron estar a la altura de las circumstancias y la mala gestión de los dividendos obtenidos hasta la fecha desembocaron en huelgas, manifestaciones,negociaciones y crisis generalizada que llevaron al cierre definitivo en el año 1993. El gobierno regional, siempre dispuesto a cuidar el patrimonio industrial de Asturias no pudo o no quiso intervenir en lo que se denominó la crónica de un cierre anunciado, lavandose las manos y desoyendo proyectos que hubieran mantenido la empresa a flote. De esta conjunción de desastres se llegó al final de una cervecera que había sido pionera en la producción de cerveza en Asturias y en España así como la seña de identidad de un pueblo, Colloto, de una Ciudad Oviedo y la referencia de una región en la industria cervecera de la Península Ibérica.

lunes, 9 de mayo de 2016

Los antecedentes de la fiesta del Martes de Campo de Oviedo

El origen franco de la Balesquida

En estos días se celebra en Oviedo la Balesquida, uno de los festejos más tradicionales y antiguos de la capital asturiana. Seguramente, muchos ovetenses sabrán que el nombre y el origen de esta fiesta se remonta varios siglos atrás, y que se debe a una dama llamada Velasquita Giráldez, que el 5 de febrero de 1232 instituyó y dotó generosamente a la «cofradía de los alfayates o xastres y de otros vecinos y [hombres] buenos de la ciudad de Oviedo»; congregación que con el tiempo pasó a ser denominada de la Balesquida, al trastocarse el nombre de Velasquita, fundadora de la cofradía. Con este artículo, trataremos de dar a conocer a los ovetenses algunas noticias de esa señora de nombre tan singular.

Por los documentos conservados, se sabe que Velasquita Giráldez era hija de Giraldo Pérez y que tenía dos hermanos, Pedro y María Giráldez. Debió de morir el mismo año en el que otorgó su testamento, en 1232, y fue enterrada en la iglesia de San Tirso de Oviedo, en la que en una pilastra del lado del Evangelio consta la siguiente inscripción, escrita con caracteres más modernos que los de la fecha que incluye: «Dª Balesquida Giráldez fundadora del hospital y cofradía de su nombre yace al pie de esta columna. Murió año de 1232». Velasquita debió de permanecer soltera, ya que el citado testamento de 1232 es en realidad una de las llamadas donaciones «pro anima», ya que se ofrece por la «redención de mi ánima [de Velasquita] y de mis padres y de todos mis bienhechores», no habiendo mención ni a marido ni a hijos.

Pertenecía Velasquita Giráldez al grupo de francos instalados en Oviedo desde tiempo atrás o descendiente de éstos. Así lo parece indicar su apellido y el nombre de su padre, Giraldo, de indudable origen francés, ya que Gerard, o Girard, es nombre y apellido muy extendido en el país vecino, formado por los términos germánicos «ger», que significa «lanza», y «hard», duro o fuerte. El patronímico de Velasquita, «Giráldez», denota ya una hispanización al utilizar la terminación «ez» junto al nombre del padre para formar su apellido, como era habitual en nuestras tierras.

Los francos habían comenzado a instalarse en Oviedo al tiempo que las peregrinaciones a Santiago y a San Salvador de Oviedo cobraban auge, en el último cuarto del siglo XI. Algunos debieron ser peregrinos que no retornaron a su tierra, mientras que otros fueron inmigrantes que aprovecharon la demanda de servicios mercantiles y artesanales generada en los núcleos urbanos que se fueron desarrollando a la vera del camino o animados por el flujo de peregrinos. Ya en 1075 el rey Alfonso VI, acompañado de un amplio séquito, había visitado la Cámara Santa ovetense y las reliquias en ella conservadas, por la fama que éstas tenían ya en medios cristianos. Algún tiempo después, con posterioridad a 1085, fecha del fuero de Sahagún, cuyo modelo sigue, Alfonso VI concedió a Oviedo y a Avilés su primer fuero. La confirmación que de ese primer fuero ovetense hizo su nieto Alfonso VII, en 1145, ha llegado hasta nosotros en una versión romanceada de 1295, escrita al ser ratificado el texto foral por Fernando IV. Una de las disposiciones del fuero establece: «Los merinos que el Rey pusiere sean vecinos de la villa, uno franco y otro castellano [?]. Y lo mismo los sayones».

Esta disposición foral revela la gran importancia que el grupo de pobladores francos tenía en el Oviedo de esos siglos altomedievales. La dualidad de magistraturas de francos y locales figuraba ya en el texto del primer fuero de Alfonso VI, como lo testimonia un documento de venta fechado en junio de 1115, en Oviedo, suscrito por un «Robert, iudice de illos francos», es decir, un Robert o Roberto, juez de los francos, y «Monio Sarasin», al que simplemente se califica de «juez», y que sería el nombrado por la población autóctona. Robert es un nombre germánico muy frecuente en la Francia de la época.

Aparte de ese «Robert, iudice», ya citado, la documentación nos ha dejado los nombres de otros francos que desempeñaron magistraturas municipales, como «Beltram de Tarascon» (población de la Provenza francesa), que era merino en 1185, o «Petrus Geraldiz, iudice», en 1231, e incluso Pedro Bretón, juez en 1261.

Muchos de los personajes cuyos nombres o apellidos son franceses, como Gerard, Geraldiz, Guillielmus, Guillem, Jofré, Galter, Guionet, Yvo, Almerinus y otros varios más, y que aparecen en la documentación conservada, serían originarios de varias regiones francesas y otros ya descendientes de los primeros francos establecidos tanto en Oviedo como en Avilés. La integración y fusión de estos francos con la población local debió de ser muy temprana y muy estrecha, de manera que cuando en junio de 1262 se redactaron unas ordenanzas para la elección cada año de jueces, alcaldes y jurados por el concejo de Oviedo, ya no se hace mención al grupo franco. Para entonces, en cambio, habían adquirido un gran protagonismo los «mesteres» o agrupaciones de los distintos oficios artesanales, que en número de doce elegían a 24 hombres buenos para participar en la elección, que se celebraba en Santa María del Campo, una capilla situada en el luego denominado Campo de San Francisco, por la instalación en sus términos de los monjes de la orden franciscana.

La mayoría de los onomásticos empleados por esa población de origen franco corresponden, según el prestigioso lingüista Rafael Lapesa, a la amplia zona conocida como Occitania, que ocupaba la mitad sur de la actual Francia y que hablaba el occitano o lengua de «oc», y a la Gascuña, región vecina a la anterior, en el ángulo suroccidental. También hubo presencia de otros inmigrantes de otras regiones, como Bretaña, Normandía, Lorena?

Ese dominio de los elementos occitanos, explica la presencia de términos lingüísticos provenzales en los textos romanceados de los fueros de Avilés y Oviedo. Afirma Rafael Lapesa que no se sabe «si la redacción sancionada en 1145 [para el fuero de Oviedo] y 1155 [para el de Avilés] por Alfonso VII estaba en latín y fue objeto de romanceamiento posterior, o si la cancillería del monarca se limitó a autorizar unas ordenanzas previamente compuestas en lengua vulgar. Pero ese romanceamiento o esa versión primitiva debieron ser hechos por un francés del Mediodía, y su lenguaje hubo de ser la mezcla de provenzal y asturiano en que los "francos" se entendían con la gente del país».

Los elementos de origen franco debieron integrarse sin gran dificultad con la población nativa, lo que se constata por los matrimonios en los que uno de los cónyuges tiene onomástica francesa y el otro local, o la adopción por parte de los francos de nombres hispanos, como es el caso de Velasquita Giráldez, cuyo nombre es de ese origen y su apellido francés. No obstante, el mantenimiento de relaciones comerciales con algunos lugares franceses, como el puerto de La Rochelle, en la costa atlántica, contribuyó a la continuidad de francos en la capital asturiana y en Avilés. El 19 de febrero de 1274 se fecha un documento de venta de una casa situada en la ovetense «calella de Socastiello», que lindaba con la casa de «María Guillérmiz morador enna Rochela». Esa «caleya» de Socastiello se situaba donde hoy se encuentra la calle San Juan, y era ésa una zona ocupada con preferencia por artesanos y comerciantes de origen franco. Buena parte de los personajes con onomástica franca que se conocen a través de la documentación antigua de Oviedo aparecen instalados a lo largo de las actuales calles de Cimadevilla y la Rúa, que aparece denominada en aquellos tiempos como «Rúa Francisca», precisamente por ello, y en la zona en torno al castillo construido por Alfonso III, que ocupaba el solar donde hoy se alza un edificio de Telefónica. Formaban esas calles un importante eje comercial en el Oviedo de entonces y en esa misma zona levantó nuestra Velasquita Giráldez un hospital, desaparecido, mientras se conserva la capilla de la Balesquida, construida a su lado. Es un dato más esta ubicación de la pertenencia de nuestra Velasquita Giráldez al núcleo de pobladores de origen franco, que constituía un poderoso e influyente grupo entre la burguesía del Oviedo medieval.