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lunes, 23 de mayo de 2016

Teatro Virginia de Sotrondio (San Martín del Rey Aurelio)

El Teatro Virginia se encuentra en Sotrondio (San Martín del Rey Aurelio). Data de 1943, con estilo historicista atribuído a Manuel y Juan Manuel del Busto. Levantado por encargo de los hermanos Leandro y Elviro Sopeña para teatro, cine y sala de fiestas, lleva aproximadamente 30 años en desuso. Recibe el nombre de Teatro Virginia en honor a la madre de los promotores.
 Edificio destinado originalmente a teatro y cinematógrafo, de implantación urbana, cuidado diseño y considerables dimensiones, fue proyectado con un aforo de 356 butacas de patio y 257 localidades en anfiteatro; la sala de fiestas adjunta disponía de servicio de bar. Centrando el análisis en el volumen y configuración de fachada, que es lo que resta del planteamiento original, advertimos que es una pieza exenta, de gran altura, a la que corresponde un volumen de paralelepípedo irregular, correspondiendo en alzado con una gran nave cubierta a dos aguas, y otra de inferior altura a su costado, con otras dos aguas del cuerpo terrero. Teniendo los costados casi ciegos, algo necesario para el fin de ocio del interior, excepto la composición del lienzo más próximo y visible al frente, lo fundamental es su composición de fachada que se define como un reclamo cara al público/viandante, con un pórtico bajo sobre pilares pareados, en solución arquitrabada, para organizar taquillas y accesos con tejadillo independiente, y sobre éste el hastial con gran arcada en asa de cesta, enmarcado por sendos balcones volados (carentes hoy de barandilla) y orlados por recercos de gusto barroco, rematados en frontón quebrado y espejo, resueltos como volúmenes torreados esos esquinales. Alero sobre ménsulas talladas, pináculos y bolas: cartela central con el lettering original.
Su interior ha sufrido diversas transformaciones para adaptarlo al uso actual como cocheras. Instalación de las inapropiadas puestas en carpintería de aluminio. El edificio se encuentra en la actualidad afecto a las determinaciones de un Plan Especial en redacción.

Texto de: Roberto Álvarez Espinedo

viernes, 15 de abril de 2016

Edificio de viviendas de El Entrego (San Martín del Rey Aurelio)

Este edificio de viviendas de estilo modernista data de 1916. Se localiza en al avenida de la Constitución nº 53.
Tiene una planta rectangular y cubierta a doble vertiente. Su estructura en planta baja, piso y altillo. Su fabrica se muestra revestida de azulejo marrón, reservandose el enlucido, de color rosado, para el recercado de vanos. La fachada, en la parte izquierda del piso inferior, se encuentra notablemente alterada debido a su acondicionamiento como administración de lotería y discoteca; en el lado derecho se abren dos puertas: una en arco de medio punto que apoya en pilastras y la otra adintelada, con un sencillo enmarque de madera. El piso noble se presenta articulado con regularidad, abriéndose, a eje con las puertas, un balcón volado y una ventana rectangular, mientras que la mitad izquierda esta ocupara por tres balcones enredados, todos ellos con antepecho de rejería. En los dinteles se dispone una cenefa decorativa de formas circulares. En el altillo se abre un balcón enrasado con remate en arco muy rebajado, sobre el que se sitúa una peineta que culmina de forma escalonada y en la que aparece la inscripción "1916".
En la puerta hay una placa en la que consta: "constructor/B. Sopeña"

miércoles, 13 de abril de 2016

Antonio Cabezuelo Garrido: "la mina era dura, pero éramos felices y nos sentíamos algo importante"

Antonio Cabezuelo Garrido nació en 1930 en Alcaraz, Albacete. Hijo del campo, tras realizar el servicio militar, emigro a las minas de Asturias. Aquí conoció a su mujer, la cordobesa Antonia Palacios, se  casaron, tuvieron dos hijos y viven en Sotrondio. La entrevista fue realizada el 6 de diciembre de 1999 en Sotrondio.

Yo nací en un pueblecito que se llama Reolid, cerca de Alcaraz, el pueblo donde está enterrado el Pernales.
-          ¿Un torero?
No hombre, el Pernales era un famosísimo bandolero que trajo en jaque a toda la serranía durante años. Mi padre recordaba siempre el día en que la Guardia Civil lo había traído sobre un carro, muerto a tiros. Mi padre era de la quinta del 7 y había estado por África pero no sé si en tiempo de guerra. Qué cosas, 118 años tendría ahora si viviera
Un hermano mío, Rafael, había estado en el frente del Ebro, donde cayó prisionero y después de la Guerra dijo que ya no  volvía para el campo. Se vino para Asturias, igual que mi otro hermano Julián. Basculaba tierra en la escombrera del pozo Villar. Yo hice la mili en Valencia. Fue un servicio de 14 meses buenísimo porque se comía muy bien. En el cuartel que tenia granja propia, había cochinos, alubias, de todo. Cuando terminé la mili me llamo para que me viniese a las minas con él. Así que en 1953 me vine para aquí, con 50 duros que me había enviado para el viaje. El tren tardo dos días en llegar. El año pasado me fui a la tierra de mi señora, de la cuenca minera de Pueblonuevo del Terrible, el AVE nos llevo en una hora. ¡Que tiempos!

-          ¿Sabe usted, Antonio, que el  Terrible era un perro que allá por el siglo XVIII descubrió el primer carbón en la cuenca del Guadiato?
Pues mira, no lo sabía pero se lo he de preguntar a mi señora. Bueno, te decía que me vine para esta tierra y el primero que me dio modo fue el ingeniero jefe del pozo Sotón. Don Luis Sáenz de Santa María. El capataz era Aulalio y me echo de rampero a la Ernestina entre la 5º y 6º planta, con el vigilante Méndez. Mi primer picador fue Benito Santana que era de la Hueria de Carrocera y algo más joven que yo, había empezado a picar a los 18 años. Se porto conmigo maravillosamente, todavía cuando le veo me da una gran alegría. Más tarde me destinaron de vagonero a bascular tierra y a correr la tubería para ventilar los frentes, echaba algunas horillas todos los meses, en realidad una al día, así que si el mes tenía 24 jornales, pues 24 horas extra. La primera vez que baje al pozo me dio mucha impresión pero a los cuatro días ya era un coser y cantar. Yo venía del campo y desde muchachito sabia de la dureza del trabajo, pero abajo en la mina no hacía mucho frio ni mucho calor, tenias tu tarea y se trabajaba solo siete horas. Además me pagaron casi 500 pesetas, ¡como no me iba a quedar!

Al llegar solicite plaza para la colonia del Sotón pero tuve que esperar dos meses hasta que quedo una vacante. Allí vivíamos mineros de los pozos Sotón y María Luisa, también estaba la colonia de Villar pero era para Santa Barbará y Carrio. Y la del Fondón que no se qué pozos llevaba. Me descontaban 200 pesetas al mes pero era pensión completa, tres comidas y dormir. Cuando llegue todavía no había sabanas, solo mantas. Luego pusieron a las mujeres que andaban en otras tareas del pozo y ya tuvimos sabanas limpias cada quince días y había más limpieza.

-          ¿Les lavaban también la ropa?
No, no, cada minero tenía su lavandera. Yo por ejemplo le daba a mi cuñada 10 o 15 duros porque me gustaban las camisas bien planchadas, con el cuello duro, ¿sabe?. Me gustaba ir elegante.  Hasta me traje para trabajar el mono y las botas que me había dado Franco

-          ¿Conoció a Franco?
Bueno, es una expresión. La ropa me la había dado el Ejército pero a Franco le tuve delante de mí en Valencia. Yo estaba en el Regimiento nº  18, “España”, y en 1951 nos paso revista. Le conocí mientras pasaba delante del campo visual de un firme y disciplinado soldado español. Y los domingos me pegue con el muchas “farturas” como dicen por aquí: nos ponían paella y con los pimientos rojos escribían “¡Viva Franco, Arriba España!”

-           ¿Cree usted, Antonio, que alguno se comería con fruiccion el pimiento rojo con el nombre del Caudillo y dejaba que la digestión hiciera todo lo demás?
….Volvamos a la colonia. En la colonia estuve seis o siete años, hasta que me case  y nos mudamos a una casita de Tetuan pero las condiciones eran de miseria y cuando mi mujer cayo embarazada vinieron dos guardias municipales a verlo y mandaron un informe a su jefe, Caso, quien me dio vivienda en El Serrallo.

-          ¿Caso le dio casa?
Bueno, suena simpático pero aquello fue pasar a la gloria: tres habitaciones, cocina, baño, agua caliente. Fíjate que poco antes estaba aun en la colonia donde en una larga nave dormíamos 300 mineros, cada uno hijo de una madre y de un padre. Unos andaban al relevo de la noche, otros al día, muchos borrachos, pendencieros. Lo que más disputa creaba era la estufa: como la nave era tan larga y la estufa estaba en un extremo, a los de allí les asfixiaba el calor y a los del final no les llegaba, así que estos echaban más carbón y aquellos protestaban. El encargado era un cabo de guardas jurados, pero aquello era un jaleo muy grande, ¡no dormía ni Dios!. El jefe de los guardas era Grela y cada poco tenía que llamar a la Guardia Civil de El Entrego. Un día se pegaron dos picadores, Ramón Canga y Ferino: rompieron botellas y se pusieron como Jesucristo, todos rajados, pero nadie intervino. Aquella era muy expuesto. Además, lo peor era el juego. Había un vicio terrible y claro algunos no se controlaban y andaban siempre sin un duro pidiendo a los demás para un paquete de Celtas. Había uno de Jaén que tenía la mala suerte de perder siempre, así que a la hora de cobrar ya había dejado en las cartas el suelo de todo el mes y andaba pidiendo cinco duros para ir tirando hasta los bonos. Podías solicitar dos o tres bonos al mes pero no desde el primer día, tenías que llevar unos jornales ganados. Bueno, el caso es que aquello no se arreglo hasta que intervino la policía secreta y desarmo todo el tinglado. Además resulto que el más vicioso era el propio cabo de la colonia y lo echaron para la madera. Luego pusieron a Alejandro Teyero que se había quedado sin manos y sin un ojo al explotarle un cartucho el día de Santa Barbará en el 53.

Estando en la colonia los accidentes se vivían con gran intensidad. A lo mejor te tocaba ver la cama vacía justo a tu lado. Pero recuerdo sobre todo a Parra que se mato en 1963 y tenía un muchacho que andaba muy mal y después el pobre chaval se arrojo al tren  en el Berron. La viuda, Augustina, vive en El Serrallo. Yo tenía que tirar desde la parte de arriba del plano para recuperar vagones del vacío, al pide del codillo inferior había un nicho para resguardarse hasta que terminase de bajar el tercio (tres vagones). El medio salida, yo tire y al poco vi que la bobina giraba suelta, así que pensé “se ha escapao el tercio”. Al rato me avisaron de que se había agarrado a Parra. Es que se trabajaba muy acelerado.

Luego me pusieron de maquinista del plano inclinado y de maquinista del pozo balanza cuando me examinaron los de Jefatura de Minas. La maquina tenía 120 caballos y 6 atmosferas de presión de aire, estaba en el 4º corte y movía vagones y  personal (12,15 o 18 personas, 20 si los  ponías muy apretaditos) de 6º a 7º planta que eran casi 60 metros de altura. Cuando terminaba, yo subía por una chimenea hasta 5º planta y desde esta salía andando hasta la caña del pozo donde cogía ya la jaula para ver de nuevo la luz del sol
En los dos últimos años para la jubilación estuve parrillando junto con un compañero silicoso y poco antes de marchar me pusieron a pintar viguetas en el exterior cuando se estaba reprofundizando el pozo para la 10º planta.

-          ¿Recuerdas alguna anécdota curiosa?
He vivido muchas. Te tengo que contar la fiesta más simpática que puede que haya conocido esta tierra. Estoy casi seguro que nunca se repetirá así que pasen dos mil años de historia:
Allá por el año 1962 un grupo de mineros procedentes del sur creamos la Peña Diego Puerta en Casa Sanzo, lo que hoy es Casa Suárez, y un domingo de agosto organizamos en Sotrondio, en el Campo Flechas, donde hoy están las escuelas, una becerrada con novillos de Don Pedro Caminero. Trajimos tres sobraños que nos costaron a 12.000 pesetas cada uno. La plaza estaba abarrotada, no cabía ni una mosca y en las entradas fueron a 5 duros para los adultos y a 15 pesetas para los muchachos, pero aun así quedamos empeñados en 9.000 pesetas por culpa de que los de Blimea abrieron un huevo arrancando los bastidores que habíamos traído del pozo San Mamés. Se coló mucha gente. Pero eso fue lo de menos. Mira aquí tienes un cartel de la corrida y una entrada, fíjate, la número 1.202, ¡si te digo yo que aquello estaba abarrotado!. Las autoridades municipales revisaron la seguridad y dieron alta el festejo. Hubo banda de música y todo. Antonio Vasco, que era de Jaén, hizo de banderillero, el novillo le zarandeo  y le piso en el suelo fisurandole unas costillas. El pobre me decía respirando con dificultad “me cago en la puta. Antonio, toda la vida sin coger una baja en la mina y ahora me va a hacer falta por esta novilla”. Otro de los toreros era Carlos el Cordobés que trabajaba en el pozo Villar y apodábamos “el  limpia”, estaba medio cegarato el pobre y al torear perdió las gafas. La novilla le pasaba a dos metros y al entrar a matar clavaba el estoque en el suelo y la gente gritaba “Limpia, coño, tu vete al bulto”. Tuvo que saltar Manolo el carnicero a darle el golpe de gracia a la res. El cartel era de renombre  internacional: Pepín Rosales, Pepín de Landa y Paco de la Rosa. Ay madre mía lo que se rio toda la plaza aquella tarde. Recuerdo a la señora Velasco partida de risa y a muchas cogiéndose la barrida de dolores.
Otro día, Enrique “Cachondeo” y yo, desafiamos a una partida de bolos a Jamart, maquinista , y a “Patina”, el vigilante de la lampistería, que le llamábamos así porque había perdido una pierna en un accidente y tenía una pata de palo. Eran afamados jugadores, tiraban con un efecto terrible, que ni siquiera sabíamos contar. No ganamos ni una bola pero como lo pasamos con las bromas constantes de  “Cachondeo” que era un entibador que había venido de Jaén y siempre estaba haciendo chistes y de buen humos. Al final nos comimos todos juntos unas sardinas fritas regadas con un buen vino. Fue una tarde de amistad maravillosa por lo que merece la pena pasar una vida.
Cuando me jubile sentí una gran alegría. Cogí un huerto y sembré de todo un poco. Pero ahora ya no puedo. Tengo un problema del corazón y aquí me tienes con el bastoncito subiendo y  bajando esas escaleras parando por los descansillos. Con decirte que el otro día me encontré cinco duros en una cabina y para agacharme a recogerlos lo hice con una maniobra que parecía que estaba rindiendo honores…

-          Antonio, ¿se arrepiente usted de la mina?
Nunca. Fue muy duro pero éramos felices y nos sentíamos algo importantes. Decías “soy minero” y era un título. Pero a mí me hubiera gustado ser poeta. Hombre, yo no tengo estudios pero tengo un libro en casa que pone “Las mil mejores poesías de la literatura española” y alguna no las trae, de cómo la de Gabriel y Galán “un duro al año”, poesía social que antes no se podía recitar aunque dicen que se recito en el teatro Virginia aquí en Sotrondio hacia los años cuarenta. Cuando me dieron la medalla de Santa Barbará había uno que cantaba por Pedrito Fernández otros por El Tordin o El Presi y yo quise recitar algo pero me echo para atrás mi mujer. Pero hoy no me quedo con las ganas. Escucha:

Madre, ¿qué pasa en el pozo?
Mira que aglomeración.
Dicen que han muerto mineros
Por culpa de una explosión.
Mira, sale una camilla,
Otra , ¡otra! ¡y otras dos!
Son cinco mineros, madre,
Que desdicha y que dolor.
Madre, yo seré siempre minero
Como mi padre lo fue.
No quiero ser abogado
Ni registrador ni juez.
Yo seré siempre minero
Y a la mina bajare
Y donde pico mi madre
Allí mismo picare,
Para arrancar a la Tierra
En sus entrañas la hiel.
Hijo, ser minero es cosa triste
Y la mina traicionera es,
Siempre ronda la muerte
Y no quiero que tú mueras.
Madre, yo seré siempre minero
Como el auto de mis días
¿No ves que llevo por dentro
Un sentimiento muy grande?
Madre, yo seré minero

Como mi padre lo fue. 

Entrevista sacada del libro "Dejaron Huella".

domingo, 27 de marzo de 2016

Quiosco de la música de El Entrego (San Martín del Rey Aurelio)

El quiosko de la música se encuentra en el Parque de la Laguna y es de estilo art deco. Su construcción fue hacia 1920.  Es una ligera estructura sobre seis columnas cilindricas, de hormigón, con sencillo capitel moldurado,asentadas sobre un zócaloo basamento de piedra.La planta de éste es polilobulada, abriendo ojos de buey a media altura, y una puerta para acceder al interior. Un sencillo antepecho de hierro protege la escalera y cierra el borde del basamento. La cubierta dibuja un perimetro lobulado, simulando los pétalos de una flor, entre los que destacan los remates agudos, de una cúpula ondulada, con cierto aire de pabellón oriental. En el interior se aprecia una cúpula rebajada, y en el centro se abre el cupulin, que es cilindrico. El quiosco centra una plataforma poligonal, rodeada de un banco de piedra con pilarcillos en los ángulos.

viernes, 11 de marzo de 2016

Siete mineros fallecen en una explosión de grisú en el Pozo Sotón (1946)

Pozo Sotón en 1946 (C) El Entrego Club de Fútbol
Hacía las tres de la tarde del sábado 28 de septiembre de 1946, hora de salido de trabajo en la galería sobre la capa San Gaspar, en la segunda planta, y taller de explotación de segunda a primera planta, ocurrió una explotación de grisú, que produjo grandes efectos dinámicos, sepultando a 7 obreros a causa de los importantes hundimientos que se produjo en el momento de efectuar la pega.
Como era final de mes y al día siguiente domingo, todos los vigilantes tenían que salir de la mina antes de lo normal para hacer el recuento de jornales. En el momento de la explosión, parte del personal se encuentra en el embarque de las diferentes plantas para coger la jaula y otros ya se encuentran en el exterior. En el interior solamente estaba el equipo para el disparo de las labores. Esa es la hora destina para efectuar la pega de los barrenos de los diferentes frentes y talleres.  Se comenzó a efectuar la pega pero no se puedo terminar porque se produjo una explosión de grisú al disparar a unos barrenos en el testero de la capa San Gaspar, que produjo grandes efectos dinámicos y que dejo incomunicados a siete  obreros en dicha calería a causa de los importantes hundimientos que se produjeron en la misma y en el macizo de protección de esta galería al taller de segunda a primera planta, cuyo macizo de cuatro metros cayó sobre la galería.  
Al parecer todo apunta a que la causa que origino la explosión se debe a que alguno de los cuatro barrenos a los que se dio fuego en el frente de la galería San Gaspar, debió dar bocazo (explosión que sale por la boca del barreno sin producir efecto) e inflamo alguno de grisú que se desprendió del frente, originando una llama que rápidamente se propago recorriendo los 100 metros escaso que dista dicho frente de los coladeros del taller de segunda a primera planta, y en vez de apagarse o producir una ligera explosión, se puso en contacto con los macizos de carbón de protección con la galería, que estaban agrietados y desprendidos de la falla que presentaba el taller, en los  que se encontraba aprisionado el grisú más que suficiente para provocar el derrumbe.
Según el dictamen médico todas las víctimas fallecieron por quemaduras sufridas y asfixia por enterramiento. Las víctimas fueron:
  • Belarmino Antuña Fernández; 39 años, San Martin del Rey Aurelio, posteador 
  • Arturo Antuña Fernández: 34 años, San Martin del Rey  Aurelio, picador 
  • Amalio Laviana: 27 años, Laviana, ayudante de barrenista 
  • Manuel Jesús Fernández González: 38 años, San Martin del Rey Aurelio, barrenista 
  • José García Ordiz: 29 años, Laviana, barrenista 
  • José Ceferino Antuña: 36 años, San Martín del Rey Aurelio, barrenista 
  • Julio Fernández Tamargo: 21 años, San Martin del Rey Aurelio, pinche


Alrededor de 15.000 personas se congregaron para asistir al sepelio de los cinco mineros el día 6 de octubre.  Los restos mortales de las cinco víctimas fueron inhumados en el panteón levantado por la empresa en el cementerio de San Andrés. Cuando termino la ceremonia, el ministro de trabajo entrego a los familiares de las victimas 3.000 pesetas.  En señal de duelo, se hizo un paro general en toda la minería asturiana. El sepelio de los últimos mineros que faltaban por sacar, se hizo el domingo 13 de octubre, acompañado en una gran manifestación de duelo que supero las 10.000 personas. 

Fuentes: archivo histórico minero, catástrofes de la minería asturiana tomo I

El olvidado incendio en el Pozo Sotón (San Martín del Rey Aurelio)

(C) Eduardo Urdangaray
El Pozo Sotón es una de las minas más antiguas del concejo de San Martin del Rey Aurelio. Perteneció a la Sociedad Herrero Hermanos hasta su fusión con Duro y Cía. en 1901 para formar parte de la Sociedad Metalúrgica Duro Felguera .El grupo Sotón se componía de seis pisos, con diferencia de cota entre ellos de aproximadamente 30 metros, lo que hacía un total de 180 metros de desnivel. Solo uno era interior, teniendo todos los demás comunicación con el exterior mediante bocaminas emboquilladas en diferentes capas. El primer piso contaba con una amplia plaza donde situó el lavado de Carrocera. Tenía tres bocaminas abiertas a tan solo 8 metros por encima de las aguas del río.
El Pozo Sotón propiedad de la Sociedad Metalúrgica de Duro Felguera en aquella época, sufrió una desgracia el 5 de septiembre de 1919, en uno de los pisos más altos de la mina Sotón donde fallecieron 12 obreros a consecuencia de las inhalaciones de monóxido de carbono producido por un incendio en la capa del piso 1º al 3º, que había provocado la explosión de un barreno en la noche del 2 al 3. Unos disparos en la capa Mariana perforaron varios barrenos cargados con dinamita. Todos hicieron explosión salvo uno, que por estar mal cargado, reventó y explosiono fuera del barreno, quemando el grisú procedente de las emanaciones de la mina y originando un incendio, que se intento sofocar sin éxito alguno a lo largo del miércoles, procurando que no se propagase al taller, lo cual significaría el fin de la mina.
Varios obreros dejaron sus vidas por intentar socorrer este fuego a través de estrategias de ventilación.  En la plaza de la mina se hallaban miles de personas de los pueblos de alrededores esperando noticias de la espantosa catástrofe. Muchos de ellos eran mineros experimentados que ofrecían ayuda. Milagrosamente algunos obreros consiguieron salvarse. En cuanto se pude establecer al ventilación descendente, se procedió a tapar las entradas de aire de los pisos 3º y 7º, enfocando la aspiración únicamente sobre la galería vaciada del 5º, consiguiendo mejorar la atmósfera vaciada, pudiendo por tanto extraer hacia las 10 de la noche los 12 cadáveres. El diagnostico de la autopsia fue el mismo para todos,  muerte por asfixia. Los  fallecidos fueron:
  • José Suarez Fernández: 15 años, Laviana, minero 
  • José Fernández Caicoya: 22 años, Gijón, minero 
  • Romualdo Suarez Uría: 23 años, Gijón, minero  
  • Constantino García García: 19 años, San Martín del Rey Aurelio, minero
  •  José García Rosal: 30 años, Langreo, minero
  •  Belarmino Valles Fernández: 29 años, San Martin del Rey Aurelio, vigilante de interior 
  • Justo Suarez Roces: 24 años, Langreo, minero 
  • Saturnino Álvarez Álvarez: 19 años, Tineo, minero 
  • Evaristo Menéndez Vega:43 años, Carreño, minero 
  • Ángel Suarez Montes: 38 años, San Martin del Rey Aurelio, minero 
  • Cipriano Díaz Molina: 35 años, San Martin del Rey Aurelio, minero 
  • Santos García Ordiz: 35 años, Laviana, minero

El día 6, en señal de duelo, se paralizaron los trabajos en todas las minas, incluso se cerraron todos los comercios de la comarca. La Comisión de Fiestas de La Laguna que tenía previstas sus fiestas el sábado y el domingo, las suspendió. Solo permanecieron activas las explotaciones del Grupo Barredos, al negarse al parón el capataz Ovidio Fernández.  A las cuatro de la tarde, más de 20.000 personas formaban una imponente manifestación de duelo acompañando a la comitiva fúnebre, que salía de las oficinas del grupo Sotón, donde estuvo instalada la capilla ardiente, dirigiéndose al cementerio de  San Andrés para efectuar el enterramiento. Después el Gobernador civil entrego 600 pesetas a las familias de las víctimas. 

Fuentes: El Comercio, Archivo Histórico Minero, Catástrofes mineras asturianas tomo I.