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sábado, 13 de agosto de 2016

La misión secreta de Numa Guilhou

El empresario que impulsó Fábrica de Mieres fue enviado por Napoleón III para convencer al general Prim de la inconveniencia de nombrar al príncipe prusiano Leopoldo Hohenzollern como rey de España 

Hace bastante tiempo que tengo ganas de contarles esta curiosa historia. Se trata de un enredo político con mal final, que tuvo uno de sus protagonistas en Numa Guilhou, el hombre clave de nuestra industrialización. Ocurrió unos meses antes de que el capitalista se estableciese definitivamente en Mieres, tomando una decisión en la que seguramente influyó lo que les voy a contar en las líneas que siguen.


Vamos a situarnos en 1868, tras la Revolución que derrocó a Isabel II. Los españoles tenían claro en aquel momento que no querían volver a ver por aquí a los Borbones, pero, buscando el relevo, en el país había opiniones para todos los gustos: los carlistas luchaban por su nuevo pretendiente; la ex reina conspiraba desde Francia para mantener la dinastía y los republicanos proclamaban la independencia de algunos municipios y firmaban pactos federales. Mientras tanto, en Madrid se consideraba que lo más sensato era seguir con la monarquía, pero dejándola en manos de otra familia más honrada y así comenzó el espectáculo singular de buscar un candidato para nuestro trono.


La cosa no era sencilla. Hubo partidarios de convertir en rey a algún héroe nacional como Espartero o el general Serrano; por su parte los progresistas se fijaron en el rey Fernando de Portugal, quien en medio de grandes dudas se negó a la aventura; los conservadores insistían en seguir la línea dejándola en manos del príncipe Alfonso y los unionistas encabezados por el brigadier Topete apostaron por el duque de Montpensier, quien fue creciendo en apoyos.


Pero cuando parecía viable que la corona fuera para él o su esposa Luisa Fernanda, su mala cabeza le hizo aceptar un duelo con don Enrique de Borbón. En aquel lance, don Enrique perdió la vida y el de Montpensier el trono. Entonces los progresistas se inclinaron por don Tomás, duque de Génova y nieto de Víctor Manuel, que no obtuvo el permiso materno y prefirió quedarse en casa. Por fin alguien puso sobre la mesa el difícil nombre de Leopoldo Hohenzollern Sigmaringen, príncipe católico de Prusia, aunque los castizos no tardaron en españolizar estos apellidos impronunciables y el prusiano pasó a ser conocido en las calles como Leopoldo Olé-Olé si me eligen.


Al margen de este lío, al otro lado de la frontera, Francia estaba regida en aquel momento por un hombre singular, Luis Napoleón Bonaparte, proclamado emperador con el nombre de Napoleón III y conocido por los amantes de la zarzuela por ser el marido de la española Eugenia de Montijo. Con ella tuvo un hijo que murió joven poniendo fin a la dinastía Bonaparte cuando la lanza de un zulú le alcanzó en una emboscada que le tendieron en Sudáfrica, pero como esto se aleja de mi historia, me ahorro los detalles morbosos.


Volviendo al emperador, antes de coger su cetro había sido elegido presidente de la II República francesa tras la revolución de 1848, pero al notar que contaba con el apoyo de las clases populares, acabó transformando el Estado en una monarquía hereditaria, eliminó la oposición republicana y socialista e instauró un régimen autoritario rodeándose de un puñado de fieles que a la vez le servían de consejeros.


Ahora, seguramente les sorprenderá conocer que entre estos estaba Numa Guilhou, un hombre rico, descendiente de una familia de comerciantes de lana de Mazamet, cerca de Toulouse, pero que había sabido hacer crecer sus inversiones amparado por la protección imperial, diversificando sus actividades industriales y bancarias, junto a su hermano Louis, quien ya en 1848 poseía en Madrid su propia compañía de negocios, varios establecimientos comerciales y una gran extensión de terreno en la zona de Chamartín.


Los Guilhou eran conocidos y respetados en París y no tardaron en serlo también en España donde el dinero les abrió muchas puertas; A Numa le interesaba la política y gustaba del trato con los progresistas; además admiraba el valor del general Prim, del que conocía sus andanzas porque a mediados del siglo XIX los ejércitos francés y español había compartido trinchera en varias guerra coloniales, así que se las arregló para conocerlo y pronto trabó con él una fuerte amistad que le iba a servir para ayudar a su país cuando la patria se lo demandó.


Al conocerse en Francia la posibilidad de que Leopoldo Hohenzollern fuese proclamado rey de España, saltó la alarma. Aún no está claro si fue el general Prim quien le hizo la propuesta al Primer Ministro Otto von Bismarck o si fue este quien la puso sobre la mesa para tensar de esta forma las relaciones entre Prusia y Francia, pero Napoleón III no tardó en oponerse enérgicamente al considerar que si el pacto se cerraba, su país podía quedar atrapado en medio de una pinza, con miembros de una misma dinastía enemiga flanqueando sus fronteras.


El hecho es que el general español se desplazó en persona para mantener una entrevista con el príncipe Carlos Antonio de Hohenzollern y ofrecerle la posibilidad de que su hijo fuese rey de España. Cuando se supo en París se decidió hacer un último intento por vía diplomática antes de que la decisión se consumase. La gestión no debía tener carácter oficial y era necesario que quien la llevase a cabo fuese un hombre templado y reconocido en los dos estados. Numa Guilhou cumplía estas condiciones y tenía un trato preferente con los dirigentes de ambos países, lo que le convirtió en el personaje idóneo para convencer a Prim de que si un prusiano se sentaba en el trono español, nada podría impedir una guerra.


Parece que la misión de Numa fue un éxito, ya que la candidatura se retiró, pero desgraciadamente la mala gestión de los políticos que carecían de la prudencia del industrial y no supieron poner el punto final a aquel asunto, hizo que finalmente la guerra se produjese.


La crisis estalló a finales de junio de 1870, porque el canciller Bismarck volvió a insistir en la candidatura. Entonces, por orden del Duque de Gramont, Ministro de Asuntos Exteriores francés, el Conde Vicente Benedetti, embajador en Prusia, se dirigió al propio al rey Guillermo de Prusia en el paseo del Kursaal de la ciudad de Ems, lugar de residencia y vacaciones de la casa real prusiana, exigiéndole una garantía oficial de que él nunca aprobaría la candidatura de un Hohenzollern al trono español.


Dicen que el monarca rechazó acceder a esta demanda de una manera enérgica pero sin perder la compostura, aunque mandó un telegrama informando del encuentro a Otto von Bismark. A partir de este momento, las opiniones entre los historiadores difieren, aunque está claro que el llamado «telegrama de Ems» fue el documento que echó abajo todo el esfuerzo de Numa Guilhou cuando se dio la orden de reenviarlo a la prensa y a las embajadas de toda Europa, dando inicio al conflicto bélico.


Al parecer el texto que el rey había redactado inicialmente, no coincidía con el que el primer ministro hizo público. Se desconoce si Guillermo dio su permiso para alterarlo o fue el belicoso Bismark quien tomo la decisión por su cuenta, pero los adjetivos elegidos por el monarca para describir el episodio se cambiaron por otros más gruesos de forma que al leerlo daba la impresión de que entre el embajador y el soberano se habían cruzado insultos que ofendían gravemente a ambos países.


El canciller prusiano sabía que en una guerra Francia tenía todas las de perder y seguramente por eso forzó la reacción de Napoleón III que no tuvo otro remedio que declararla para salvar su honor. El conflicto se inició el 19 de julio de 1870 y concluyó menos de un año más tarde con la caída del emperador francés y la llegada de la tercera república francesa que tuvo que ceder los territorios de Alsacia y la Lorena y pagar una indemnización de cinco mil millones de francos. Por su parte, Alemania, reunificada gracias a Bismark, se convirtió en el país más poderoso de la Europa continental.


Napoleón III, el último emperador francés, murió en Gran Bretaña en enero de 1873. El general Juan Prim, cayó el 30 de diciembre de 1870 por las heridas sufridas en un atentado tres días antes de que llegase a España un nuevo rey, el italiano Amadeo de Saboya, que solo se mantuvo en el trono entre 1870 y 1873, dando paso a la I República.


Numa Guilhou dejó este mundo en 1890, a los 73 años. En su necrológica, el diario «La Época» fue el único que hizo referencia a este episodio: «Contrajo íntima amistad con el general Prim y era a la vez hombre de confianza de Napoleón III. Intervino en varios sucesos políticos, cuando la candidatura Hohenzollern vino a Madrid precipitadamente con una misión para el general que habría logrado impedir la guerra entre Alemania y Francia sin las ligerezas de Grammont y Benedetti. Destronado el emperador, retirose a Asturias donde adquirió la Fábrica de Mieres que reorganizó por completo poniéndola a la altura de las primeras fundiciones de Europa». Así fue.

Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España

viernes, 29 de julio de 2016

Visita al Poblado Minero de Bustiello (Mieres)

Visita 100% recomendable. María Fernanda es una guía excelente y el poblado, una maravilla. La entrada son 5 euros por persona pero si sois más de 4 personas, la entrada son 4.50. En caso de no tener coche, podéis ir en tren hasta Mieres-Puente y después coger un autobús urbano (línea 3: Mieres-Valdefarrucos). Más información sobre los horarios aquí. Os dejo un texto de "El viajero" de El País sobre esta visita:

Bajo el frondoso verde oscuro, en los intricados valles de las cuencas mineras asturianas, duerme el negro del carbón. Durante generaciones, empresas de diferente índole han horadado la tierra para arrancarlo de la roca y extraer su energía. Es una tierra cuya superficie parece haber sido rizada por la injusticia, la explotación y la lucha. Los abuelos de los actuales mineros, que protestan por la posible desaparición del sector si no se hacen efectivas las ayudas acordadas, lucharon en la Revolución de 1934 y en la Guerra Civil, y sus padres en las inopinadas huelgas de 1962, La Huelgona, con el franquismo enfrente. Ahora es su turno. Las cuencas han sido tradicionalmente un polvorín, fuente de fuerte conflicto social. Pero hubo alguna ocasión en la que alguna empresa quiso crear una utopía para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores… ¿o para lavarles el cerebro?

En la ribera del río Aller, al borde del concejo de Mieres, en la Montaña Central asturiana, está el poblado minero de Bustiello. Visto desde fuera llama la atención el orden estricto en el que están construidas las casas uniformes, la iglesia neorrománica, el antiguo Casino, la escuela o las antiguas residencias de los ingenieros; un orden que no se aprecia en el destartalado caos de los pueblos cercanos.

Y es que Bustiello, este pueblecito de aspecto apacible, sobre todo en esos días en los que la sempiterna nube asturiana deja pasar los rayos del sol, fue construido bajo estricta planificación para cumplir los alucinógenos sueños de don Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas y, a la sazón, dueño de la empresa Sociedad Hullera Española en los comienzos del siglo XX. Su padre, Antonio López y López fue un joven cántabro de baja extracción social que hizo fortuna, primero como indiano, y luego con un holding de empresas navieras y de ferrocarril, entre otras. El primer marqués necesitaba una fuente de energía para alimentar a sus barcos de la Compañía Trasatlántica y sus trenes de Ferrocarriles del Norte (embrión de Renfe), así que compró la empresa minera, una de las primeras explotaciones de la cuenca asturiana y después… falleció.

El segundo marqués, que estaba más preocupado por una vida religiosa y espiritual, tras la muerte del primogénito de la familia, se vio en el trance de manejar lo negocios familiares. Debió decirse algo como: si yo no puedo ir solo hacia Dios, lo haré con mis empresas. Bustiello fue ese pueblo donde la rectitud cristiana imperaría, donde el obrero sería bien tratado y daría ejemplo, en una época en las que las condiciones de trabajo de los mineros eran lamentables, con extenuantes jornadas laborales, sueldos de miseria y seguridad nula.

Así, Bustiello se construyó entre 1890 y 1925 en unos terrenos comprados por el marqués. La orografía del lugar fue modificada para representar las jerarquías que se establecían: se formaron colinas para que la Iglesia y los edificios públicos estuvieran en el nivel más alto, dominando el pueblo; en un segundo nivel se edificaron las casas de los ingenieros, y abajo del todo las viviendas de los trabajadores, viviendas adosadas de dos en dos, para dos familias con jardines independientes. Desde la casa que ocupó el ingeniero don Isidro, hoy día transformada en Centro de Interpretación, se tiene una buena visión panóptica de las casas de las 40 familias seleccionadas que vivían en aquella utopía cristiana. “Además”, explica Fernández, “era un pueblo cuya única salida al exterior era el puente que pasa sobre el río, con un guarda constantemente controlando el paso. Es un pueblo aislado del mundo alrededor que, literalmente, se podía cerrar”.“El marqués en realidad quería formar un concejo minero con los territorios por donde se extendía su empresa, pero ante la imposibilidad política de hacerlo (pertenecían a otros concejos como Mieres, Lena o Aller) construyó en el centro su capital: Bustiello. Era como un faro moral en el corazón de la cuenca, quería mostrar como serían las cosas sí se hacían como él quería”, explica la historiadora y guía turística del Centro de Interpretación del Poblado Minero de Bustiello María Fernanda Fernández. Aquí viviría una elite minera que sería ejemplo para los demás y estaría alejada de los sindicatos subversivos y “peligrosos”.

Eran los tiempos de la encíclica De Rerum Novarum del papá León XXIII que instaba a las mejoras en la condiciones de vida de los trabajadores dentro del capitalismo más salvaje y, claro está, lejos del movimiento obrero revolucionario, y la iniciativa del marqués de Comillas fue muy aplaudida. Aparte del mero interés cristiano podía haber otros factores que animasen al marqués en la construcción de su sociedad perfecta: el control de los obreros, alejándolos de los sindicatos socialistas como SOMA (Sindicato de Obreros Mineros de Asturias) de Manuel Llaneza, y amparándolos en su propio sindicato, el SOC (Sindicato Obrero Cristiano) y también el llamado “pietismo burgués”: los burgueses sin raigambre de la época querían equipararse al prestigio de la nobleza y la aristocracia practicando la filantropía, según explica María Fernanda Fernández.

En Bustiello se podía beber, pero no alcohol, se podía leer, pero solo el periódico que publicaba el Marqués, y, en el piso de arriba de la taberna, estaban los guardas por si había que bajar a amedrentar a algún díscolo. Sin taberna, o con una antitaberna en aquellas condiciones, el espinazo social estaba roto. Por supuesto, en la escuela se adoctrinaba para criar obreros dóciles. Hoy en día la taberna y una de las casas de los ingenieros se ocupan por residencias de la tercera edad. Por su parte, la antigua escuela es un albergue de juventud, bastante útil para los esquiadores ya que el Poblado está de camino al concejo de Aller, donde se encuentran todas las pistas de esquí asturianas. ¿Entonces, se vivía bien en Bustiello? “Cada cual valora unas cosas y en Bustiello se perdía mucha libertad. Pero lo cierto es que el bienestar era muchísimo mayor que en el resto de los pueblos mineros, donde las condiciones eran realmente duras”, cuenta la historiadora.“Bustiello era una jaula de oro que desde fuera unos miraban con envidia y otros con recelo”, explica. Los mineros que vivían aquí, seleccionados entres miles de trabajadores, mayormente capataces, vigilantes, barreneros y picadores (estos últimos piezas esenciales sin cuyo concurso podría pararse la producción fácilmente), tenían que pagarle el alquiler y los productos del economato a la empresa, y disponían de un terreno delante de casa para que no tuvieran que volver a su pueblo a coger manzanas o plantar lechugas, y así el desarraigo fuera total. El Casino funcionaba como una antitaberna: en las tabernas al uso los mineros pasaban su tiempo de ocio bebiendo sidra, y muchas veces conspirando entre soflamas revolucionarias.

El Poblado es una mezcla entre los company towns británicos de la época en lo socioeconómico (es decir un pueblo de la empresa) y una ciudad jardín francesa en su urbanismo, en el que se mezclan elementos de la arquitectura modernista catalana y elementos tradicionales asturianos. Bustiello, y el experimento social que cobijó en su seno, es un ejemplo paradigmático de lo que se ha llamado paternalismo industrial, ese movimiento en el que las caritativas empresas se ocupaban de sus empleados como de hijos que nunca crecían. En 1970 las casas en arriendo fueron vendidas a sus inquilinos, algunos vendieron posteriormente su propiedad, otras familias mineras, así que ya no es un pueblo netamente minero.

Los conflictos mineros continúan, como el recuerdo de Bustiello: una estatua del Marqués de Comillas, con un obrero tendiéndole un ramo de flores en señal de agradecimiento, recibe al visitante. Alguien ha pintado una bandera republicana sobre la estatua. “Este lugar sigue vivo en el corazón y la memoria de los lugareños”, dice Fernández, “todavía hay alguien que, en mitad de la noche, se molesta en venir hasta aquí para pintar una bandera republicana sobre el Marqués”.En el Centro de Interpretación se puede concertar también una visita al poblado con guía. Un buen complemento a la visita a Bustiello es la visita al Pozu Espinos, un ejemplo de explotación minera, tanto de montaña (horadando galerías en las laderas), como vertical (horadando el suelo en profundidad), que se encuentra en el cercano valle de Turón, tal vez el de mayor tradición minera, donde se puede conocer el funcionamiento de la mina y las duras condiciones en que trabajan los que bajan a por carbón.

lunes, 23 de mayo de 2016

Grupo Escolar Aniceto Sela (Mieres)

El Grupo Escolar Aniceto Sela de Mieres data de 1914-1925 y es de estilo eclectico. Se atribuye a Julio Galán Carvajal. Creado por el consistorio mierense como Escuela Nacional con la colaboración del Estado en 1912. Julio Galán Carvajal (1875-1939) se encarga del proyecto (1914), siguiendo el modelo del Ministerio de Instrucción Pública para escuelas graduadas pero adaptándolo a los requerimentos espefícicos del centro y a su estilo personal. En 1917 se hace cargo de las obras el contratista ovetense Vicente Menéndez Fernández, rescindiéndose el contrato al año siguiente por la subida de los precios. En 1919 se hace cargo la propia administración local con sus operarios. Ese mismo año de 1921 se da por terminada la infraestructura procediendo a la dotación interior. En 1925 se rematan las obras. Sigue funcionando como C. P. Aniceto Sela.
Escuelas graduadas de niños y niñas. Originalmente, edificio con planta en U y patio posterior descubierto, en donde el pabellón central tiene dos alturas y los pabellones laterales, de igual anchura que el central pero de menor longitud, tres que se cubren, cada uno, con cuatro aguas y caballete paralelo a fachada de estilo cercano al neomudejarismo. Las alas laterales eran en origen recintos techados de una sola altura y cubierta en terraza que dotaban al centro de un espacio cubierto que protegía la zona de recreo de las inclemencias del tiempo. La obra se realizó principalmente en ladrillo y mampostería, aunque se introdujo el hormigón armado (que se ocultó) en el suelo del piso bajo y en la antigua azotea de los brazos de la U. Actualmente hay otros dos bloques en ángulo recto, adosados en la zona trasera hacia la calle Martínez de Vega, realizados en hormigón con revestimiento de ladrillo de tres pisos que se corresponden con un interés funcional y no estético ya que no siguen el estilo cuidado del resto de la obra, en donde destaca la conjunción del enlucido de los muros con el ladrillo y la piedra de los elementos decorativos: franjas horizontales que van recorriendo los frentes, los recercos de los grandes ventanales, que en planta son adintelados y en el primer piso de arco rebajado, cornisa sogueada... Destaca el tratamiento privilegiado de la fachada del pabellón central con remate decorativo en el centro y los extremos que recuerdan al mundo secesionista por las peinetas, escudos y triglifos. Los niños ocuparían la parte izquierda y las niñas la derecha, en dos aulas por piso y por sexo. Contaba con guardarropas, retretes, urinarios y lavabos distribuidos a lo largo del edificio, además de biblioteca y museo escolar en la parte alta. Disponía de patio de recreo al aire libre segregado por valla y limitado por setos de arbustos y patio cubierto en las alas del edificio.
Posteriormente a su construcción se llevaron a cabo distintas reformas como cerramiento trasero con vallas entre 1930-1931, reparación de los daños sufridos durante la Revolución de Octubre entre 1934-1935 y los acaecidos durante la Guerra Civil se realizaron en 1942 bajo la dirección de Francisco José González López-Villamil. Capítulo aparte son las importantes reformas llevadas a cabo por Luis Cuesta que supusieron la ampliación del inmueble con la construcción de dos plantas sobre los primitivos pabellones laterales de una altura. Finalmente 1970 hubo un nuevo crecimiento con la adición de dos bloques en la zona trasera que no siguen premisas estéticas y que desentonan en el conjunto.

Texto de: Pozu Espinos

lunes, 2 de mayo de 2016

El contubernio judeo-masónico en Turón

Quienes crecimos bajo el franquismo nos acostumbramos a escuchar muchas veces que la culpa de los males del país se debía a un contubernio judeo-masónico-comunista. Aunque la mayor parte de la población española desconocía entonces lo que era un contubernio y en su vida había hablado con un masón ni mucho menos con un judío. Por el contrario, al menos en la Montaña Central, sí había comunistas, pero cuando les preguntabas por sus exóticos compañeros de viaje, ellos tampoco sabían nada.
El diccionario de la Real Academia define contubernio de tres maneras: “Habitación con otra persona, Cohabitación ilícita y alianza o liga vituperable”. Parece que los políticos del Régimen se referían a la última acepción, suponiendo que la palabra “vituperable” pueda interpretarse como algo deshonroso. Ahora bien, lo difícil es encontrar el punto de unión entre los tres colectivos: los masones, los judíos y los comunistas y demostrar que estén actuando conjuntamente.
El caso es que hubo quienes defendieron –y aún hay quienes defienden–esta teoría basándose en las raíces hebreas de Marx o Trotsky y olvidan cosas tan elementales como que fue este último quien presentó la propuesta que fue aprobada en el IV Congreso de la Internacional Comunista, celebrado en Moscú en noviembre de 1922, afirmando la incompatibilidad para formar parte del Partido Comunista en cualquier país del mundo si se era masón. O dejan de lado los hechos de que en la Unión Soviética se prohibieron las sinagogas y en las logias siempre se ha trabajado contra las teorías autoritarias que no respetan la libertad.
Todo esto viene a cuento por un reciente artículo titulado “Octubre 1934. La “prueba” de la existencia del complot judeo-masónico-comunista” en la revista “Cultura Masónica”. En su argumentación el autor se dedica a analizar un caso muy concreto vinculado al juicio por el asesinato de los frailes de Turón que luego fue aprovechado por la propaganda oficial para apoyar la teoría del contubernio, aunque su protagonista fue masón, pero no judío y tampoco comunista. Pero como siempre, vamos por partes.
Antes de nada, debemos saber que quien firma este trabajo es un experto sobre el asunto: se trata de Yván Pozuelo Andrés, miembro del Centro de Estudios de la Masonería Española y editor de la “Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamérica y Caribeña”; licenciado por la Universidad parisina de la Sorbona y doctor en historia por la de Oviedo, con una tesis sobre la masonería en Asturias entre 1931 y 1939, y que completa su currículo con numerosas publicaciones sobre este tema.
Yván Pozuelo centra su investigación en la detención y juicio posterior de Leoncio Villanueva Viejo, quien formaba parte del Comité Revolucionario de Turón cuando se produjeron los fusilamientos de octubre de 1934: en la noche del día 8 de dos oficiales de carabineros y nueve religiosos, ocho de ellos hermanos de la Doctrina Cristiana, docentes en el colegio que la orden de La Salle tenia en la localidad y un padre pasionista del Convento de Mieres, que había subido hasta allí para decir misa, y seis días más tarde, del ingeniero director de la Sociedad Hullera Rafael del Riego, el jefe de los guardias jurados de la empresa Cándido del Agua y el corresponsal del diario derechista “Región” César Gómez.
Ya les he contado en otras ocasiones quien fue Leoncio Villanueva y también como se desarrolló aquel juicio, pero quiero recordarles algunos datos, así que empecemos por refrescar en nuestra memoria al personaje.
Leoncio fue uno de los fundadores del Triángulo “Costa” que trabajó en Turón antes de la Guerra Civil. Nació en el pueblo de Linares el 1 de septiembre de 1890 y en su juventud trabajó como marinero hasta que alrededor de 1923 volvió al valle para fijar definitivamente su residencia; allí instaló un pequeño comercio de ferretería, que era a la vez la dirección postal del Triángulo. En su juventud fue militante socialista, llegando a presidir la Agrupación del PSOE en Turón en los años 20, para pasar después al Partido Republicano Radical Socialista y bajo estas siglas, cuando se proclamó la II República se le nombró concejal en una corporación donde estaban otros tres masones, Fernando González, Joaquín Fernández Riesgo y Cándido Barbón.
Su actividad municipal fue bastante intensa y formó parte de las comisiones de Instrucción Pública y de Régimen Interior y Mercados, aunque en marzo de 1932 pidió una licencia de cuatro meses a la Corporación para asuntos propios y a su vuelta ya estuvo menos activo en la presentación de propuestas y mociones al pleno del Ayuntamiento. Después fue destituido por haber participado en los hechos revolucionarios de 1934.
En cuanto a su vida masónica, Leoncio llegó al Triángulo turonés desde la Logia “Jovellanos” de Gijón con el grado 2º, aunque es posible que en algún momento también hubiese estado vinculado a la “Argüelles” de Oviedo. Inicialmente tuvo los cargos de Tesorero y Limosnero y luego fue su presidente, dándole su propio nombre simbólico “Costa” a todo el grupo. Luego llegó al menos al grado 4º (Maestro Secreto), que seguramente era el que tenía cuando se desarrollaron los acontecimientos de Octubre.
Ahora vayamos al juicio, que se inició en Oviedo el 17 de junio de 1935 para dirimir las responsabilidades de los 65 detenidos por los fusilamientos, en medio de una gran expectación y ante un Tribunal militar formado por el teniente coronel Leandro Tamargo y cuatro capitanes; actuando como ponente el teniente auditor Félix Fernández Tejedor y como fiscal Joaquín Portillo. Mientras que en la defensa había nueve abogados y otros cuatro capitanes.
En la sala estaban presentes varios periodistas extranjeros, debido a la relevancia que el caso había alcanzado en otros países donde se estaba desarrollando una campaña a favor de la puesta en libertad de los detenidos.
Una de las razones, según Yván Pozuelo, se debió a que un mes antes la Gran Logia Regional del Noroeste a la que pertenecían los hermanos asturianos había solicitado por carta al Gran Consejo Federal Simbólico la autorización para requerir directamente ayudas de las potencias masónicas extranjeras con el objetivo de lograr más medios de presión contra la amenaza de pena capital que pesaba sobre la cabeza de Leoncio. El permiso se obtuvo, pero con la recomendación de que la Orden no figurase como organizadora de la campaña y quienes mediasen fuesen Ligas de Derechos del Hombre, entidades pro Paz y otras asociaciones similares en las que los masones tuviesen alguna incidencia.
En el proceso, los principals acusados fueron Silverio Castañón, socialista y Jefe del Comité de Turón; Amador Fernández Llaneza; Ceferino Álvarez Rey y José García Álvarez, pero el resto de los inculpados tuvo que pasar también por el estrado.
Pronto quedó claro que la decision del primer fusilamiento se había tomado en una reunión del Comité revolucionario con la única oposición del dirigente de las Juventudes Socialistas Fermín López y del mismo Leoncio Villanueva e incluso el ingeniero Luís Bertier exculpó personalmente al concejal manifestando haberle visto discutir con otros miembros del Comité para salvar la vida de un guardia civil y del capellán de la empresa, con quien solía jugar la partida cada día; también Enrique Menéndez Pelayo, que estuvo en aquella celda, aseguró haber oído lo mismo y el resto de los llamados a declarar se limitaron a confirmar nombres y datos que ya se habían escuchado.
Cuando le tocó el turno al propio Leoncio, tomó la palabra para proclamar su inocencia en la ejecución de los frailes, pero quiso cerrarla proclamando su identidad masónica con el deseo dirigido al tribunal de que el Gran Arquitecto del Universo los iluminase a la hora de tomar una decisión. A la prensa católica no le importó que no fuese comunista, la revolución sí lo había sido y él era la prueba de que masones y marxistas caminaban juntos. Su caso sirvió desde entonces como prueba de la existencia del famoso contubernio.
Finalmente, el 23 de junio, el juez absolvió a 18 acusados y dictó 4 condenas a muerte, 7 penas de 12 años y 36 de reclusión perpetua, una de ellas destinada a Leoncio Villanueva.
En febrero de 1936 todos fueron amnistiados con el triunfo electoral del Frente Popular y sabemos que ya en 1937, cuando la guerra se perdió en Asturias, Leoncio tomó el camino del exilio americano. Allí se pierde su pista.
Texto de Ernesto Burgos, historiador.

sábado, 30 de abril de 2016

Palacio de Abajo (Cenera, Mieres)

En el centro de la localidad de Cenera, se halla este palacio del siglo XVIII conocido como el Palacio de Abajo. Perteneció a una rama de la familia Cachero, noble linaje que procedente del concejo de Riosa, se asienta en el valle de Cuna a mediados del siglo XVI.
Se trata de un bloque sobrio, más cercano a las pautas de la arquitectura tradicional que al ornamento barroco. Construido de mampostería de piedra concertada, que se presenta revocada, deja la sillería para las cadenas esquineras y los recercos de los vanos. Destaca el frente meridional, que se organiza bajo las pautas de la simetría, con el gran portón de entrada dintelado en el eje de la composición cuya clave se labra un mascaron sonriente y un motivo de acanto junto con la fecha de construcción, 1736. EN el piso primero se abren balcones enrasados con antepechos de madera tornados y vuelva un corredor de madera sobre ménsulas en el centro. La planta es rectangular, y  se desarrolla en dos pisos, con una estructura espacial muy modificada, al haberse dividido en cuatro viviendas en el año 1997, conservándose un zaguán del que arranca la escalera que conduce al piso alto, donde se conserva un espacioso salón.  Dentro del corredor y en su parte central se encuentra el escudo barroco ricamente decorado que recoge las armas de los Cachero de Riosa. Esta divido en cuatro cuadrantes y coronado con timbre de yelmo. Este palacio fue declarado BIC en 1995.


Fuente: Marta Llavona

Palacio de Arriba (Cenera, Mieres)

Palacio perteneciente a la familia Bernaldo de Miranda. Los orígenes del palacio pueden remontarse al siglo XVI, aunque sufrió una importante remodelación en el año 1755 según aparece en el dintel de un balcón situada en la fachada este que tiene labrada la siguiente inscripción “hizo esta obra Díaz de Riosa año 1755”. Sobra la puerta de entrada principal, dovelada en arco de medio punto, se conserva un reloj de sol fechado en 1808 en el que figura también una inscripción: “me hizo Antonio Fernández presbítero año de MDCCCVIII. Soy  de Francisco Fernández de Miranda y Tobar”. Responde al tipo de quintana tradicional asturiana al seguir un programa abierto que incluye la casa, las cuadras, una pequeña capilla dentro del recinto del palacio, un puente y un palomar cilíndrico de cubierta cónica. La estructura del edificio es de planta cuadrada, con espacios de trabajo (cuadra, caballerizas, bodegas, llagas y cocina) en la planta baja y las habitaciones y salas importantes en la primera planta. Exteriormente se manifiesta esta diferenciación con un piso bajo casi ciego, sin más huecos que los portones de entrada y una serie de saeteras abocinadas, mientras que en el piso superior se abren cinco balcones enrasados con la fachada y rodeados de sillar.
El edificio fue catalogado BIC en 1995 y hoy en día se le da uso como hotel.


Fuente: Marta Llavona

lunes, 28 de marzo de 2016

La historia de las casas baratas en Mieres

Hace ya casi diez años, ¡cómo pasa el tiempo!, escribiendo en este diario sobre un tema histórico que ya no recuerdo cité de pasada las Casas Baratas de Mieres y a los pocos días me llevé una sorpresa cuando uno de los vecinos que las habitaban me amonestó en la calle por haber empleado esa denominación, ya que según él esas viviendas hace tiempo que dejaron de ser baratas y llamarlas así hace que quien no las conozca se las imagine viejas, mal construidas e insanas.

Y lo malo es que puede que aquel hombre estuviese en lo cierto porque ya son muy pocos los que recuerdan el origen de esos edificios, que por otro lado son construcciones que han resistido perfectamente el paso del tiempo y por la calidad de sus materiales no tienen nada que envidiar a los pisos modernos, sin hablar de que su autor fue Teodoro de Anasagasti, uno de los mejores arquitectos españoles, y sólo por eso ya merecen ser tenidas en cuenta. Hoy voy a contarles cuándo y por qué se hicieron.

Se da el nombre de Casas Baratas a ciertos edificios construidos en el primer tercio del siglo XX gracias a ayudas oficiales o préstamos de bajo interés para albergar a la población trabajadora que se multiplicaba en España con el proceso de revolución industrial, aunque a veces también se dirigieron a la clase media-baja que sufría en aquella época el mismo problema de alojamiento. Casi siempre dependían de los propios ayuntamientos u otras instituciones como los partidos y sindicatos y podían ser de alquiler o adquirirse en propiedad, gestionándose en algunos casos en régimen cooperativo.
La historia de la vivienda obrera ya había empezado en nuestro país a mediados del siglo XIX con la primera ley de Arrendamientos, pero también en Gran Bretaña, Francia y gran parte de Europa existía la misma preocupación y aunque se habían dictado algunas normativas y reglamentos a este respecto carecían todavía de una legislación específica; pero fue a partir del 12 de junio de 1911 cuando el proyecto se extendió por toda España con la publicación de otra ley, la primera de Casas Baratas.
Como todos saben, nuestras Cuencas fueron durante décadas un destino elegido por muchas familias de otras regiones que quisieron cambiar de vida, cansadas de depender de los caprichos del cielo y de la lluvia para poder recoger una mísera cosecha que en el mejor de los casos apenas daba para subsistir y que acudieron hasta aquí en busca de un trabajo y un salario seguros.
Llegaron a millares, atraídos por las posibilidades que ofrecían las minas y entonces en las aldeas más próximas a los pozos se habitaron hasta los hórreos y las cuadras; no era raro que los trabajadores solteros pagasen a medias el alquiler de la misma cama para compartirla por turnos, con los consiguientes problemas de higiene y de enfermedades que se iban multiplicando y a pesar de que también se construía por todas partes, la demanda siempre era mucho mayor que la oferta.
Esta situación en vez de mejorar empeoró en 1920, cuando el final de la Primera Guerra Mundial supuso un parón en la construcción y las rentas se dispararon. Hubo algunas iniciativas empresariales como la de Hulleras de Turón, que empezó a levantar en el mismo año 68 viviendas en el barrio de San Francisco y luego otras 144 en Figaredo, pero todo era poco y por ello Manuel Llaneza, entonces alcalde de Mieres, siguiendo lo dispuesto en el XI Congreso del PSOE celebrado en Madrid dos años antes y donde ya se había tratado la conveniencia de disponer de hogares asequibles para los obreros decidió abordar de una vez el problema.

Para ello convocó a los patronos mineros, a los comerciantes y a los particulares más adinerados de la villa y los convenció de los beneficios que iba a traer para todos la constitución de una asociación cooperativa destinada a cubrir estas carencias, y, por fin, en noviembre se logró formar una gestora, que no tuvo un apoyo unánime ya que algunos concejales creían prioritario emplear el presupuesto municipal en acometer otras obras de saneamiento en la villa en vez de destinarlo a subsanar este problema.

La vieja ley de Casas Baratas de 1911 autorizaba a los ayuntamientos a ceder parcelas para esta finalidad y ofrecía subvenciones estatales que no se podían dejar escapar, pero también ponía condiciones para su aplicación. Una de ellas obligaba a que el suelo se valorase por debajo de las 25 pesetas/metro cuadrado, y en Mieres había varias zonas que cumplían ese requisito, de forma que los primeros pasos se dieron rápido y no tardaron en aprobarse los estatutos de dos sociedades interesadas en el mismo fin: la Constructora de Casas para Obreros, Sociedad Cooperativa y otra más específica, la Cooperativa de Casas Baratas para Empleados y Obreros Municipales. Mientras, en paralelo, la Edificadora del Sindicato Minero. Sección de Mieres dispuso también de una docena de viviendas para sus afiliados.

Pero las dificultades llegaron a la hora de las expropiaciones cuando se vio que no era tan fácil determinar la propiedad de muchos terrenos y los expedientes empezaron a paralizarse en los despachos. Por fin, el empujón definitivo partió de la iniciativa de la Fábrica de Mieres, que en abril de 1921 decidió promover un proyecto para la creación de 68 viviendas en una de las zonas más céntricas de la villa, a pocos metros del lugar donde poco después se iba a inaugurar el Liceo mierense, uno de los mejores centros escolares en la Asturias de aquella época.

El solar elegido estaba emplazado en la esquina de las calles Vital Aza y Marqués de Villaviciosa, que hoy se denominan, respectivamente, Leopoldo Alas Clarín y Martínez de Vega, y el proyecto se encargó al prestigioso arquitecto vasco Teodoro de Anasagasti, autor entre otras obras de varios cines madrileños o de la elaboración del diseño del ensanche para Oviedo en 1924.

Anasagasti está considerado como uno de los introductores de la arquitectura vanguardista española y ya gozaba de mucho prestigio cuando aceptó firmar el proyecto para levantar estas viviendas obreras que en un principio no parecían ofrecer nada nuevo para su currículum, sin embargo logró plantear una obra que todavía llama nuestra atención por la forma en que supo conjugar la resolución de los problemas de higiene y comodidad en unos edificios con una estética más que aceptable a pesar de la carestía de materiales que se vivía en aquel momento y del presupuesto de 627.000 pesetas con el que partió la obra.

Las viviendas se levantaron en dos fases: primero se hicieron 20 sobre una superficie de 600 metros cuadrados y poco más tarde otras 48 sobre 1.980 metros cuadrados. Cada una constaba de comedor, dos dormitorios, cocina, despensa y retrete propio, mientras que para la higiene personal se disponía de dos baños colectivos que las familias podían usar por turnos tres días de cada mes. También en el patio interior se colocó un lavadero para que los vecinos no tuviesen que desplazarse a hacer la colada hasta los que ya existían en otras zonas de la población.
Normalmente las Casas Baratas de otras zonas se situaban en los alrededores de las ciudades, donde el suelo costaba menos y los trabajos de infraestructura eran más sencillos, también los teóricos de la higiene lo recomendaban de esa forma porque allí la vida era más sana y según la misma filosofía las casas debían ser de una o dos plantas para evitar el hacinamiento.

Así, lo más original de las de Mieres está tanto en su situación como en su altura de 4 pisos, que cuadra con lo que la iniciativa privada estaba haciendo en otras calles de la población e incluso supera la media de aquel momento. Precisamente en 1921 se aprobó una segunda ley de Casas Baratas destinada también a inquilinos o propietarios de ingresos reducidos que en su artículo 60 limitaba la altura de los edificios protegidos a la planta baja, o natural, y un primer piso, aunque también posibilitaba la construcción de casas colectivas con varios cuartos para ser alquilados a diferentes familias o destinadas a proporcionar albergue a trabajadores de tránsito que en este caso sí podían levantar cualquier altura.


En los años que siguieron, durante la dictadura de Primo de Rivera se consolidó está política de vivienda obrera, pero al final de la década de los veinte todos los proyectos previstos se fueron enfriando hasta que la II República suspendió la tramitación de expedientes de ayuda a las Casas Baratas; sólo se mantuvieron los proyectos de iniciativas privadas que se basaban en el modelo estatal, especialmente en Cataluña y en el País Vasco, de manera que en Mieres este problema siguió afectando a muchas familias, aunque no a los afortunados que pudieron habitar las casas de Anasagasti.

Texto de Ernesto Burgos para La Nueva España 

lunes, 15 de febrero de 2016

Postre asturiano: consejos paserinos y las casadielles de Mieres

Los consejos paserinos son un postre típico del concejo de Mieres que consiste en rosquillas horneadas a base de una masa quebrada dulce enriquecida con leche. Se pueden encontrar en algunas pastelerías. 

Además también destaca este concejo por sus casadielles (existe una cierta "rivalidad" entre el concejo de Aller y Mieres por las casadielles: las de Aller más largas y menos rellenas, las de Mieres más cortas y mas rellenas, ¿cuales son mejores?). En la romería de los Mártires de Valdecuna es típico hacer la subida (que no es pequeña) y cuando llegas arriba, ¡te recibe un puestín con unas casadielles exquisitas!

Os dejo una web en la que podéis ver la receta de este tan conocido  postre asturiano:

Mc Charly & Company (Mieres)

No hay pizzería mas famosa en toda la cuenca que el Mc Charly. Al principio nació como una cervecería y ahora es un destacado restaurante capitaneado por Charly y Fueyo, Charly en la barra y Fueyo dirigiendo la cocina. 

El McCharly siempre esta lleno de gente, da igual la hora a la que vayáis. El problema es que no reservan mesa,entonces cuando lleguéis avisáis al camarero de que queréis una mesa, os apuntan en una lista y según se vayan marchando los comensales, os irán llamando. La verdad es que lo máximo que he esperado fueron 20, pero como estas  tomando algo en la barra, ni te enteras.

Sus especialidades son las hamburguesas y las pizzas  con masa de "pan pan", pero además tienen sandwiches, ensaladas, etc.  En fechas destacadas, como en Sta. Bárbara, hacen la famosa pizza de callos. Los postres del restaurante están elaborados por La Lata de Galletas.

El local esta dividido en dos secciones: la americana que es la que ves según entras y la zona del Real Madrid, que está pansando la cocina. La atención de los camareros es buenisima, tardan poco en traerte la comida y la relación calidad-precio también es muy  buena. En su página web podéis pinchar en la sección "nuestra carta" y os descarga un pdf con los precios. Aunque no pone el precio de los postres, estos tienen un valor de 4 euros.

Tienen la opción de ponértelo para llevar y servicio a domicilio. Podéis estar al tanto de novedades y promociones en su web de Facebook, que encontraréis pinchando aquí

Mc Charly & Company.
Avenida de Méjico, 30
Mieres
985 45 32 42

sábado, 13 de febrero de 2016

La historia del Cine en Mieres

El Séptimo Arte sentó cátedra durante el siglo XX, cuando llegó a haber 23 salas en el concejo.

Dicho está y repetido en numerosas ocasiones que quién sigue la línea de recoger hechos, testimonios, acontecimientos, figuras y hasta artículos que en su día prestaron servicio a la comunidad y hoy sirven de ejemplo decorativo, está reescribiendo la historia de su pueblo. Pues, bien, dense ustedes una vuelta por la hoy denominada calle Antonio Machado de Mieres y se encontrará de bruces con un pequeño escaparate donde periódicamente se renueva ese material recordatorio como muestra del discurrir de una sociedad local o comarcal, que fue, y hoy ya no es la misma. Y si entran en el interior, puede y deben quedar asombrados. Es el escaparate de "Tante", (Constantino Díaz, del Salat), toda una demostración de tesoros añorados que hablan del pasado con una elocuencia asombrosa. Pero, en fin, esa es otra historia que ya vio un rayo de luz en este espacio. Hoy toca detenerse en uno de los aspectos más atractivos. 

Cine Capitol 
El cine, ese llamado Séptimo Arte, tal como ocurrió universalmente, sentó cátedra en esta comarca y muy concretamente en el municipio de Mieres. ¿De qué forma? Su contenido a modo de mensaje con historias reflejando realidades, aventuras, querencias y traiciones, amores y desamores, odios y venganzas, sentimientos y sinsabores, revolucionó la sociedad, durante el pasado siglo y parte de este, hasta el punto de colocarse como principal soporte para la ocupación de ese espacio de tiempo que se ha dado en llamar ocio. Y para ello fue indispensable disponer de medios a modo de locales convenientemente acondicionados para tales "funciones". Por lo tanto son piezas de primera línea que merecen una atención. Es el tema de hoy para decir, de principio, que Mieres llegó a tener veintitrés salas de cinematógrafo, repartidas por los principales puntos habitables de su piel. Y aunque actualmente no existe ese tipo de equipamiento, y todo se reduce a la nuevas fórmulas de los multicines, casi siempre en torno a las grandes superficies comerciales, y a la TV, ahí va un recorrido sencillo pero elocuente de lo que fue y ya no es. 

Como es lógico resulta obligado comenzar por la capital del condado. Por lo visto Mieres -villa- parte desde un teatro Novedades, recoleta construcción en la calle Guillermo Schultz, con la doble función escénica y cinema, presentando una estructura interior a base de pequeños palcos laterales que le daban cierta distinción. Se estrenó el 17 de junio de 1912, con la película "Quo Vadis", que ante su anuncio reunió tanta gente que fue necesario trasladar la función a la plaza del mercado, a doscientos metros de distancia puesto que en el local resultaba imposible. Le siguió el cine Pombo en 1918, donde, doce años más tarde la película "Sin novedad en el frente" estuvo quince días en cartel al precio de 0,30 céntimos de peseta la localidad. Durante cierto tiempo el Palau, inaugurado en 1926 sirvió como soporte en la proyección de películas para convertirse más tarde en salón de baile. 
1942 fue fecha escogida para ver la luz el cine Esperanza, único que en la villa mantiene el tipo aunque sin actividad. 


Se estrenó con el film "Yo soy un periodista". Reinaugurado quince años más tarde por exigencias de las nuevas técnicas, tuvo a bien ofrecer, en cinemascope "Los diez mandamientos". Y llegamos al gran teatro Capitol, la sala de mayor envergadura con cerca de mil cuatrocientas localidades, donde se celebraron, desde 1951, los principales acontecimientos y manifiestos festivos, culturales y hasta sociales de sus cuarenta y un años de existencia, puesto que en 1992 sintió, sobre su majestuosa mole, el efecto de la piqueta.
Si se estrenó con la película "El burlador de Castilla" tuvo la suerte de cerrar el ciclo con "La Casa de los siete balcones", dirigida por el mierense internacionalmente conocido dentro del teatro, el cine y la televisión, Luis San Narciso. Sin duda alguna el valle de Turón, principalmente su núcleo central marcó la pauta con el mayor número de salas de cine. Tomando como hoja de ruta la línea de descenso desde los altos de Urbiés, vemos que en esta localidad se inauguró el Cinema Tres Hermanos en 1934, siendo cuartel de regulares durante la Guerra Civil para transformarse posteriormente en templo parroquial provisional. San Andrés tuvo también su "nido" cinematógrafo con el llamado Cinema San Andrés inaugurado en 1935 bajo la propiedad de Manuel Buitrago.  Y ya metidos en el cogollo turonés de la Veguina aparece el Salón Variedades -conocido también como El Habanero- abierto en 1920, el cine Froiladela seis años más tarde con la actuación del laureado Orfeón Mierense y el cine España y Fideflor en 1935 como fecha de arranque. 

 Ya más cercanos en el tiempo se descubre la apertura del cine Copeval (1961), el día de Nochebuena con la película "Sangre en primera página" interpretada por Rita Hayworth. Y por último el cine Río, un año más tarde bajo la propiedad de Florentino Fano, que lo dota de seiscientas butacas de aforo.  La localidad de Ujo, entonces tercera en envergadura, tuvo también su protagonismos, con dos salas, una el Ideal Cinema inaugurado en 1924 bajo la dirección de Domingo Suárez y que había vivido una primera experiencia efímera en el barrio de Santa Clara con apenas un año de duración, y el Cine Club de la Calle Nueva, de 1933 promovido por el dúo Julio Rodríguez y José María García.  No le fue a la zaga Santa Cruz que también disfrutó de dos salas, una el cine Blanquita (1922), nombrado así en honor de la hija del propietario Javier Conseco y donde se ofrecía cine mudo acompañado de la música de piano, y el cine La Llama (1935), diseñado por el arquitecto José Avelino Díaz que también se encargó de materializar otras salas del concejo. 

Imperal Cinema de Ablaña
Figaredo, pese a su envergadura demográfica, solo dispuso del cine Royalty, en Las Vegas, inaugurado en 1934, cuya fase final ya perteneció a los promotores de la familia Pesquera y que, los domingos y festivos, servía también de sala de baile. La misma empresa se encargó de Ablaña con el Imperial Cinema donde, se proyectó, en cuatro partes, la famosa película "Plus Ultra" que recogía la hazaña de los aviadores españoles pioneros en la travesía aérea Europa-América. El solar de este cine está hoy dedicado a un geriátrico.  Otros núcleos que contaron también con su testimonio del espectáculo en pantalla fueron Santullano con el cine parroquial, promovido por el sacerdote titular en los bajos de la iglesia, la Pereda ofreciendo sus películas en el cine Ángeles, durante seis años a base de 126 localidades, y Cenera, con el cine Plaza frente al Palacio de Abajo, donde, en 1956 se estrenó la película "Balarrasa" interpretada por Fernando Fernán Gómez. 
Y queda para el final, por sus posibles características, la localidad de Vegadotos, donde existió el Ideal Cinema, desde 1926 a 1931. Dicen las crónicas que su promotor fue Manuel Llaneza Zapico, y existen muchas posibilidades de que se tratase del que fue alcalde de Mieres, diputado en cortes y fundador del sindicato minero (SOMA). Éste es un dato que esperamos aclarar próximamente. En muchos de los cines del concejo, sus comienzos disponían de un personaje popular denominado "el explicador" que se encargaba de amenizar el desarrollo del filme mudo con palabras o con música de piano. 



Lo dicho una vez más. Acérquense ustedes por el escaparate de "Tante", en la calle Antonio Machado y podrán comprobar fiel y fehacientemente, la realidad cinematográfica de Mieres, a lo largo del pasado siglo, no solo con la visión literaria, sino también la gráfica. Todo un documento para la historia de esta comunidad. 

Artículo de Amadeo Gancedo para La Nueva España. 

Centro Sanitario de la Sociedad Hullera de Turón (Mieres)

Este pabellón de 1928 se ubica en La Cuadrilla, Turón (Mieres).
(C) Archivo Histórico Minero
Esa edificación construida entre el río Turón y la iglesia de Santa Barbara, probablemente se haya construido aprovechando otra construcción anterior. Es obra del arquitecto mierense José Avelino Díaz Fernández-Omaña siendo uno de los escasos ejemplos de equipamiento social de promoción empresarial que se conservan.
Construido a base de hormigón y ladrillo, tiene una planta rectangular sobre un pódium además de sótano. Se accede al edificio por una escalinata adaptada también para minusválidos. La fachada principal, remarcada por zócalos, tiene 5 ventanas a cada lado alternadas con pilastras rematadas en molduras.  En la puerta principal esta delimitada por unas falsas pilastras. El frontón ornamentado con dos volutas, tiene la inscripción “Servicio Sanitario” en azulejo.
En su interior, se diferenciaban dos partes, el área de aislamiento y la zona de mujeres, niños y hombres. Actualmente este edificio es de titularidad publica y se encuentra un centro medico. El interior del edificio ha sido modificado para adaptarse a las necesidades actuales. 

viernes, 12 de febrero de 2016

Breve resumen del Palacio de Camposagrado de Mieres

El Palacio de los Marqueses de Camposagrado, que encuentra en Mieres del Camín, pertenece al siglo XVII y es de titularidad pública. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 2004. Tiene un estilo barroco.
Este palacio fue construido “por partes”. En el siglo XIII se construyo una torre con carácter defensivo para cobrar el pontazgo (el peaje de la época) por cruzar el río caudal   pero por grietas en su estructura fue derribada en la posguerra y reemplazada por la que vemos en la actualidad. 
En torno al torreón medieval se fueron construyendo edificaciones menores, convirtiendo el lugar en una pequeña fortaleza. Un documento vinculado a la familia de Camposagrado del s. XV cita la "casa fuerte de Mieres".
La primera alusión a "Palacio" data del S. XVII en el que el recinto se convirtió en vivienda señorial de la Casa de Quirós y su mayorazgo el Marqués de Camposagrado.
La casona se construyó aprovechando la torre que se utilizó como esquina, en el interior las habitaciones se dispusieron en dos plantas, alrededor de un patio con columnas de tipo toscano, que se cubrió en 1926, año en el que el Ayto. compró la propiedad por 375.000 ptas  (unos 2.500 euros). La Reina Isabel II se alojó por primera vez en este Palacio durante su viaje por Asturias de 1858. Tuvo entonces por anfitrión al citado José María Bernaldo de Quirós y Llanes, VII marqués de Camposagrado.
Se estructura en planta cuadrada, patio central y tres torres. Se estructura en planta cuadrada, patio central y tres torres. El eje central del edificio viene marcado por la puerta de arco de medio punto que se abre en un paramento de piedra, flanqueada por pilastras que sujetan el voladizo del balcón del piso superior. Un escudo con la leyenda de la familia de Bernaldo de Quirós, antigua propietaria del palacio, remata el antiguo alero del edificio. En la época contemporánea se añadió a la construcción original un piso más en altura y arquería en ''L'' del patio.
La fachada se articula en torno a la puerta de entrada que es lo más destacable, con portón de medio punto, sobre él campea el lema de la familia "Después de Díos, la casa de Quirós". Sobre el balcón de forja hay un escudo de España que vino a sustituir al del linaje de Camposagrado. En el s. XVIII, ya sólo se usaba como residencia de verano. Aquí se alojó Gaspar Melchor de Jovellanos y La Reina Isabel II en 1858. Tuvo entonces por anfitrión al citado José María Bernaldo de Quirós y Llanes, VII marqués de Camposagrado.
En el periodo republicano se convirtió en sede de un destacamento de Guardias de Asalto y durante los sucesos revolucionarios de 1934 esta edificación tuvo varios desperfectos ya que los mineros se echaron a la calle con una operación que comenzó por la mañana y termino por la noche,con grupos organizados de unos 30 hombres armados y cuyos objetivos eran los cuateles de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto (leer un artículo relacionado con este suceso pinchando aquí) .En 1939, se dona al Auxilio Social para crear un hogar infantil. Para este proyecto se amplia y reconstruye de nuevo. Desgraciadamente se construye casi un nuevo edificio ya que se añade un piso mas, se derriba la torre vieja para poner una nueva, etc y solo se respetan las paredes que rodean el patio y algunas partes de la fachada principal.


Y en 1960 se crea el actual Instituto Bernardo de Quirós y vuelve a sufrir una gran remodelación en el interior. Albergando en su interior, una pinacoteca de las más importantes de Asturias, con más de 200 obras y una colección de cerámica asturiana.
En la actualidad es la sede del Instituto de Educación Secundaria «Bernaldo de Quirós», y aloja también un museo donde se exhibe la colección de pintura y escultura reunida a finales del siglo XX por Carmen Castañón, directora que fue del centro en la torre derecha (pincha aquí para leer más sobre el museo)

miércoles, 10 de febrero de 2016

Café La Brújula (Mieres)

La Brújula se encuentra en Mieres. Para mí es donde hacen el mejor café de todo Mieres, tienen una carta increíble. Suelen traer cafés exóticos y los preparan genial. Cada semana te recomiendan uno y los camareros están especializados en cafés.  Una vez fui con una amiga, muy rara ella para él café, y el chico tuvo la paciencia de estar explicándole casi media carta  (si estas leyendo esto, ¡gracias por tu paciencia!).
Tienen también unos pinchos muy buenos siendo el de tortilla rellena mi favorito. Sirven también cafés para llevar (la salvación de una mientras tiene que esperar a por el tren)


La atención es magnifica, el servicio es rápido y el local está impecable. Cuenta con una terraza muy apañosa para esos días calurosos.
Podéis ver su página de Facebook pinchando aquí

La Brújula
C/Aller nº 13
984 18 93 16

Mieres del Camin (Mieres)

La lata de galletas (Mieres)

Cuando vas por Manuel Llaneza te viene ese ‘olorin’ a dulce recién hecho que es imposible resistirse.  En esta calle está “La lata de galletas” una pastelería o mejor dicho, la pastelería, más conocida de Mieres gracias al esfuerzo de Cecilia que cada día se esfuerza más por mejorar sus productos, ¡que mira que es difícil!

Los postres del McCharly los hace esta misma tienda.  Lo más conocido son sus tartas, cupcakes y unas galletonas gigantes de diferentes formas personalizadas que  valen 8 euros. Pero para mi los productos estrella son: la tarta de tres chocolates, la de queso, los tronquitos de hojaldre rellenos de almendra, los mojis y los croissants de almendra.  También me han comentado que la tarta red velvet , los brownies y las tartas de foundant están muy bien pero no las he probado.

La tienda tiene un diseño que parece de película. Además, ellos cuidan mucho la presentación pero aún así, tienen latas  muy chulas, cajas y tazas por si quieres hacer un regalo.  También en épocas “especiales” véase navidad, carnaval, san Valentín y demás fiestas suelen sacar cosas especiales o postres relacionados con la festividad.


Podéis encontrar más  información y fotos tanto de la tienda como de sus productos en su Facebook que podéis visitar pinchando aquí.

La lata de Galletas
Manuel Llaneza nº 31
Mieres del Camin (Mieres)

Tlfn: 984 03 89 58

viernes, 8 de enero de 2016

El Pozu Fortuna, símbolo de la represión asturiana.

El pozo Fortuna se encuentra emplazado en el Valle de Turón, muy próximo a San Andrés. Perteneció en sus comienzos a Andrés Aza, heredándolo su hijo Bernardo al fallecimiento de aquel. Sobre los años 20 pasó a ser propiedad de Hulleras de Turón.

El pozo constaba de varios niveles o pisos, hacia los altos de San Justo, enlazados entre si mediante planos y ferrocarril. En el nivel inferior estuvo la bocamina Artosu, y frente a ella, el pozo plano que se constituirá desde 1934 en el tercer acceso del pozo Santa Bárbara, en La Rabaldana, iniciado en 1913, y que se cerraría en 1996, siendo ya propiedad de HUNOSA. De 1966 es el curioso polvorín instalado junto a la bocamina del pozo plano de Fortuna. En 1927, Hulleras de Turón decidió abrir un pozo vertical próximo al pozo plano, comenzándose las obras años más tarde. A partir de octubre de 1937, fecha coincidente con la entrada de las tropas franquista en Oviedo, y cuando se llevaban perforados unos treinta metros, empezó a utilizarse como fosa común, arrojándose a ella cientos de cadáveres ejecutados por los vencedores.

(C)JFCamina
Al finalizar la Guerra Civil, hacia 1940, la caña del pozo, de 4 metros de diámetro, fue cubierta de escombros y sellada. Hasta el año 2003 no pudo localizarse el emplazamiento exacto de la caña dicho pozo, año en el que una historiadora mierense localizó en el Archivo Histórico de Oviedo un viejo plano de la empresa que permitió su ubicación exacta.

Otras informaciones también hablan de posibles enterramientos colectivos bajo el patio del Colegio La Salle, en el Llanu la Tabla o en los montes de Urbiés. También se alude a enterramientos en Peña Rega, al sur del Picu Siana, y en la Güeria de San Juan. En Lena, hay datos sobre fosas en la subida a Pajares. En una de ellas se habla de siete asesinados. También hay reclamados de una fosa en La Ceposa, en las cercanía de Sotiello. Sin embargo, en el valle del Caudal también hay abundantes túmulos con uno o dos asesinados, cuya localización no aparece descrita.

Otra de las zonas más castigadas por la represión fue el concejo de Aller. En la fosa de Felechosa hay varias personas reclamadas, entre ellas una niña de 15 años que, según se cuenta, reconoció a su padrino entre los asesinos; allí puede haber entre 25 y 35 víctimas. En El Puente de las Muñecas hay varias reclamaciones, pero las estimaciones sobre el número de enterrados son contradictorias ya que unos hablan de unas 15 víctimas y otros de más de 30. En la carretera de subida a San Isidro se estima la existencia de numerosas fosas de pocas víctimas. En el resto del concejo de Aller existen reclamaciones de personas enterradas en la Colladona, Cabañaquinta, Moreda o Caborana. También hay informaciones de otras en El Pino, El Rasón o la estación de Collanzo. «La cifra final de desaparecidos del concejo no se conoce, pero podrían estar entre los 300 y los 400», apostilla Álvarez. El Pozu Fortuna se puede visitar y tiene un aula de interpretación. Encontraréis más información sobre sus visitas en www.territoriomuseo.com

Os dejo un texto de Ernesto Burgos que profundiza más en la historia de este pozo.

"Noviembre de 1938, El pequeño Florentino González baja solo por el camino que une San Justo con Villandio, donde vive con su familia. El hambre que dejó la guerra le obliga a subir frecuentemente hasta el pueblo más alto del concejo de Mieres para recoger unas botellas de leche que le guardan allí sus tías. Nunca sale de allí a una hora tan avanzada, pero esta tarde la niebla ha tardado en despejar los montes y les ha costado encontrar las vacas, que son el principal sustento de todos.

Florentino baja sintiendo entre los castaños el aire que ahora le acompaña en su vuelta a casa, ya está casi abajo y puede ver la explanada donde se abre el Pozu Rincón, un enorme agujero de treinta metros de profundidad y un diámetro de cuatro en el que se estaba trabajando para abrir una explotación minera cuando el alzamiento de los militares contra la República paralizó el país.

Ahora oye con claridad el sonido de un motor y atendiendo el consejo de su padre se esconde rápidamente. Serán las dos de la madrugada cuando distingue las luces de una camioneta que sube por la carretera desde Turón. Él está oculto tras el depósito de agua que domina el paraje y tiene la desgracia de contemplar una escena que aún recuerda con claridad a sus 86 años: Es un vehículo como los que utilizan los guardias de asalto, con toldo verde, y ve descender de su caja a un grupo de hombres y mujeres; poco después, por el sentido contrario de la carretera, desde Urbiés, bajan otros dos camiones que aparcan en el lugar para dejar también su propia carga humana.

Luego llega el horror. El niño contempla paralizado como uno tras otro y sin que medien disparos aquellos infelices son arrojados vivos al pozo; ni sus gritos de súplica ni su llanto hacen mella en los asesinos, vestidos de paisano, que no respetan edades e incluso se jactan de su acción cuando una mujer embarazada les hace saber su condición pidiendo clemencia.

Cuando Florentino llega a casa, el miedo le gana la partida y se impone el silencio. Lo mismo que sucede con los testigos de otras noches similares y con aquellos que cuando vuelve la luz de la mañana evitan pasar por el lugar para no oír los estremecedores lamentos a veces lanzan algunos moribundos desde su agonía en las profundidades. El infierno no puede ser peor que eso.

El proyecto de profundización del pozu Rincón se inició en junio de 1930 con una petición por parte de la Sociedad Hulleras de Turón al Ayuntamiento de Mieres solicitando permiso para desviar la carretera que busca la salida del valle por el paso de Urbiés. La propuesta que se presentó consistía en desviar unos 60 metros de carretera para despejar el terreno firme necesario para asentar las máquinas, permitir la maniobra de vagones y empezar el brocal del pozo en una propiedad que pertenecía en parte a la propia empresa y el resto de la viuda de Inocencio Fernández, que había cambiado su apellido por el de Figaredo en 1925.

Con la guerra civil se interrumpió la operación de calado y el lugar fue elegido a partir de 1937 para hacer desaparecer a un número indeterminado de opositores a la política de los vencedores, que puede llegar a los 300, ya que consta que fue utilizado en varias ocasiones con este fin hasta pasado el inicio de la década de los 40, cuando se supo que había aparecido el cadáver de una mujer flotando en el agua que en aquel momento anegaba el pozo. El cuerpo no se había llegado a hundir porque la habían arrojado allí con un tronco atado en la parte posterior de las rodillas, seguramente a consecuencia de alguna tortura y fue enterrado apresuradamente a pocos metros de donde fue encontrado.

Se ha escrito que cuando acabaron las matanzas la empresa Hulleras de Turón selló el pozo y cerró la explotación y que una vez recuperada la actividad extractiva en el valle, no pensó nunca más en su apertura, pero no es así. El investigador José Luis Soto ha localizado los planos de un nuevo proyecto de profundización fechado el 4 de febrero de 1966. El documento presenta el plan diseñado por una empresa alemana para una jaula de dos pisos con dos compartimentos capaces de soportar el peso de 4 vagonetas y 44 personas, pero lo más llamativo es que estaba pensada para una explotación con nada menos que 15 plantas y 790 metros de profundidad. Lógicamente nunca llegó a ponerse en marcha, seguramente para evitar que el inevitable encuentro con los restos trajese de nuevo el recuerdo de aquellas matanzas.

Luego llegaron décadas de miedo, silencio y olvido, hasta el punto de que la mayor parte de quienes siguieron trabajando en las instalaciones de Fortuna, abiertas a pocos metros de la ubicación del pozo de la infamia, conocían su historia pero eran incapaces de reconocer el lugar exacto en el que se encontraba.

En el año 2003, Alfredo Valles "Audaz", se empeñó en sacar a la luz el lugar exacto en el que se ubicaba la caña del pozo Rincón con el objeto de honrar la memoria de los asesinados y de convertir la fosa en una tumba digna donde se pudiese recordar su tragedia. La búsqueda arrancó en la primavera con el empleo de un moderno georradar que no logró cumplir su objetivo, pero en mayo aparecieron los restos humanos de aquella mujer que había sido sepultada al lado del pozo y que siempre se identificó con una vecina de Urbiés y el juzgado de Mieres ordenó paralizar la investigación hasta que se determinase con claridad su antigüedad.

Cuando los forenses aseguraron que se trataba de un enterramiento que superaba los cincuenta años, se reanudaron las prospecciones, pero esta vez Alfredo Valles, aprovechando que en la plaza del pozu Fortuna se encontraba una máquina de obras del Principado de Asturias a la espera de iniciar unos trabajos de adecuación de la zona, solicitó al responsable de los trabajos la autorización del Gobierno regional para realizar unas catas en el terreno a modo de sondeo para localizar la falla en el terreno.
De nuevo llegó la desilusión, porque después de abrir en más de una veintena de puntos, no se llegó a ningún resultado. Más tarde se supo que una de las razones era que mientras la pala llegaba a profundizar 1,50 metros el arquillado del pozo se encontraba a 1,70 metros, aunque la explicación definitiva de aquel misterio demostró que había otro motivo para que el pozo no apareciese.
Fue de nuevo "Audaz" quien tuvo la idea de buscar en la documentación lo que se negaba a dar la tierra y para ello le pidió a la historiadora mierense Nuria Vila que intentase localizar los planos originales del lugar. Esta vez sí hubo suerte y Nuria pudo encontrar en el Archivo Histórico de Asturias un mapa de Hulleras de Turón fechado en 1927, formando parte de un expediente para un proyecto que consistía en levantar dos tolvas en la plaza del pozo. La sorpresa llegó cuando se pudo comprobar que durante el franquismo la carretera se había desviado intencionadamente de su trazado original para que pasase por encima de la caña.

Un plan de ocultación perfecto que se vino abajo cuando en diciembre de aquel año la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, con la ayuda de los trabajadores del Ayuntamiento de Mieres por fin pudo sacar a la luz el reborde del pozo.

Desde aquel momento empezaron a depositarse ramos de flores sobre el fatídico hueco al tiempo que se sopesaba la posibilidad de exhumar los cadáveres, pero después de un examen directo, dada la cantidad de restos y su pésimo estado de conservación que iba a imposibilitar su identificación y contemplando también las diferentes opiniones de las pocas familias que tenían la seguridad tener allí algún muerto, se optó por convertir al propio pozo en un panteón colectivo que sirviese de recuerdo común a todos los que fueron asesinados allí.

El 14 de abril de 2006 la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ya pudo convocar su primer acto público en la explanada del Fortuna y finalmente en octubre de aquel año quedó inaugurada la Senda Verde de Turón, financiada por la Viceconsejería de Medio Ambiente del Principado, cuya apertura había sido decisiva para impulsar la localización. Hoy el pozo está dignificado con un monolito que lo señala, promovido por el Ayuntamiento de Mieres y realizado por el artista turonés Varela, junto a él pueden verse una serie de paneles informativos sobre su historia y cuenta con un centro de interpretación abierto en lo que fue la antigua carpintería de la explotación minera.

También en su nombre se da anualmente un premio cuyo renombre traspasa nuestras fronteras, que distingue a aquellas personas o colectivos destacados en la lucha por la paz, la concordia y la defensa de la justicia. El día de la entrega se reúnen allí los familiares de los asesinados y muchos ciudadanos que quieren honrar su memoria. También cada año se repite la letanía de aquellos que se empecinan en silenciar esta parte de nuestra historia. Allá cada cual con su conciencia, pero no deberían olvidar que las víctimas del Pozu Rincón dieron sus vida por conseguir las libertades que hoy disfrutamos todos, ellos incluidos."

Fuente: Mtiblog e LNE