Visita 100% recomendable. María Fernanda es una guía excelente y el poblado, una maravilla. La entrada son 5 euros por persona pero si sois más de 4 personas, la entrada son 4.50. En caso de no tener coche, podéis ir en tren hasta Mieres-Puente y después coger un autobús urbano (línea 3: Mieres-Valdefarrucos). Más información sobre los horarios aquí. Os dejo un texto de "El viajero" de El País sobre esta visita:
Bajo el frondoso verde oscuro, en los intricados valles de las cuencas mineras asturianas, duerme el negro del carbón. Durante generaciones, empresas de diferente índole han horadado la tierra para arrancarlo de la roca y extraer su energía. Es una tierra cuya superficie parece haber sido rizada por la injusticia, la explotación y la lucha. Los abuelos de los actuales mineros, que protestan por la posible desaparición del sector si no se hacen efectivas las ayudas acordadas, lucharon en la Revolución de 1934 y en la Guerra Civil, y sus padres en las inopinadas huelgas de 1962, La Huelgona, con el franquismo enfrente. Ahora es su turno. Las cuencas han sido tradicionalmente un polvorín, fuente de fuerte conflicto social. Pero hubo alguna ocasión en la que alguna empresa quiso crear una utopía para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores… ¿o para lavarles el cerebro?
En la ribera del río Aller, al borde del concejo de Mieres, en la Montaña Central asturiana, está el poblado minero de Bustiello. Visto desde fuera llama la atención el orden estricto en el que están construidas las casas uniformes, la iglesia neorrománica, el antiguo Casino, la escuela o las antiguas residencias de los ingenieros; un orden que no se aprecia en el destartalado caos de los pueblos cercanos.
Y es que Bustiello, este pueblecito de aspecto apacible, sobre todo en esos días en los que la sempiterna nube asturiana deja pasar los rayos del sol, fue construido bajo estricta planificación para cumplir los alucinógenos sueños de don Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas y, a la sazón, dueño de la empresa Sociedad Hullera Española en los comienzos del siglo XX. Su padre, Antonio López y López fue un joven cántabro de baja extracción social que hizo fortuna, primero como indiano, y luego con un holding de empresas navieras y de ferrocarril, entre otras. El primer marqués necesitaba una fuente de energía para alimentar a sus barcos de la Compañía Trasatlántica y sus trenes de Ferrocarriles del Norte (embrión de Renfe), así que compró la empresa minera, una de las primeras explotaciones de la cuenca asturiana y después… falleció.
El segundo marqués, que estaba más preocupado por una vida religiosa y espiritual, tras la muerte del primogénito de la familia, se vio en el trance de manejar lo negocios familiares. Debió decirse algo como: si yo no puedo ir solo hacia Dios, lo haré con mis empresas. Bustiello fue ese pueblo donde la rectitud cristiana imperaría, donde el obrero sería bien tratado y daría ejemplo, en una época en las que las condiciones de trabajo de los mineros eran lamentables, con extenuantes jornadas laborales, sueldos de miseria y seguridad nula.
Así, Bustiello se construyó entre 1890 y 1925 en unos terrenos comprados por el marqués. La orografía del lugar fue modificada para representar las jerarquías que se establecían: se formaron colinas para que la Iglesia y los edificios públicos estuvieran en el nivel más alto, dominando el pueblo; en un segundo nivel se edificaron las casas de los ingenieros, y abajo del todo las viviendas de los trabajadores, viviendas adosadas de dos en dos, para dos familias con jardines independientes. Desde la casa que ocupó el ingeniero don Isidro, hoy día transformada en Centro de Interpretación, se tiene una buena visión panóptica de las casas de las 40 familias seleccionadas que vivían en aquella utopía cristiana. “Además”, explica Fernández, “era un pueblo cuya única salida al exterior era el puente que pasa sobre el río, con un guarda constantemente controlando el paso. Es un pueblo aislado del mundo alrededor que, literalmente, se podía cerrar”.“El marqués en realidad quería formar un concejo minero con los territorios por donde se extendía su empresa, pero ante la imposibilidad política de hacerlo (pertenecían a otros concejos como Mieres, Lena o Aller) construyó en el centro su capital: Bustiello. Era como un faro moral en el corazón de la cuenca, quería mostrar como serían las cosas sí se hacían como él quería”, explica la historiadora y guía turística del Centro de Interpretación del Poblado Minero de Bustiello María Fernanda Fernández. Aquí viviría una elite minera que sería ejemplo para los demás y estaría alejada de los sindicatos subversivos y “peligrosos”.
Eran los tiempos de la encíclica De Rerum Novarum del papá León XXIII que instaba a las mejoras en la condiciones de vida de los trabajadores dentro del capitalismo más salvaje y, claro está, lejos del movimiento obrero revolucionario, y la iniciativa del marqués de Comillas fue muy aplaudida. Aparte del mero interés cristiano podía haber otros factores que animasen al marqués en la construcción de su sociedad perfecta: el control de los obreros, alejándolos de los sindicatos socialistas como SOMA (Sindicato de Obreros Mineros de Asturias) de Manuel Llaneza, y amparándolos en su propio sindicato, el SOC (Sindicato Obrero Cristiano) y también el llamado “pietismo burgués”: los burgueses sin raigambre de la época querían equipararse al prestigio de la nobleza y la aristocracia practicando la filantropía, según explica María Fernanda Fernández.
En Bustiello se podía beber, pero no alcohol, se podía leer, pero solo el periódico que publicaba el Marqués, y, en el piso de arriba de la taberna, estaban los guardas por si había que bajar a amedrentar a algún díscolo. Sin taberna, o con una antitaberna en aquellas condiciones, el espinazo social estaba roto. Por supuesto, en la escuela se adoctrinaba para criar obreros dóciles. Hoy en día la taberna y una de las casas de los ingenieros se ocupan por residencias de la tercera edad. Por su parte, la antigua escuela es un albergue de juventud, bastante útil para los esquiadores ya que el Poblado está de camino al concejo de Aller, donde se encuentran todas las pistas de esquí asturianas. ¿Entonces, se vivía bien en Bustiello? “Cada cual valora unas cosas y en Bustiello se perdía mucha libertad. Pero lo cierto es que el bienestar era muchísimo mayor que en el resto de los pueblos mineros, donde las condiciones eran realmente duras”, cuenta la historiadora.“Bustiello era una jaula de oro que desde fuera unos miraban con envidia y otros con recelo”, explica. Los mineros que vivían aquí, seleccionados entres miles de trabajadores, mayormente capataces, vigilantes, barreneros y picadores (estos últimos piezas esenciales sin cuyo concurso podría pararse la producción fácilmente), tenían que pagarle el alquiler y los productos del economato a la empresa, y disponían de un terreno delante de casa para que no tuvieran que volver a su pueblo a coger manzanas o plantar lechugas, y así el desarraigo fuera total. El Casino funcionaba como una antitaberna: en las tabernas al uso los mineros pasaban su tiempo de ocio bebiendo sidra, y muchas veces conspirando entre soflamas revolucionarias.
El Poblado es una mezcla entre los company towns británicos de la época en lo socioeconómico (es decir un pueblo de la empresa) y una ciudad jardín francesa en su urbanismo, en el que se mezclan elementos de la arquitectura modernista catalana y elementos tradicionales asturianos. Bustiello, y el experimento social que cobijó en su seno, es un ejemplo paradigmático de lo que se ha llamado paternalismo industrial, ese movimiento en el que las caritativas empresas se ocupaban de sus empleados como de hijos que nunca crecían. En 1970 las casas en arriendo fueron vendidas a sus inquilinos, algunos vendieron posteriormente su propiedad, otras familias mineras, así que ya no es un pueblo netamente minero.
Los conflictos mineros continúan, como el recuerdo de Bustiello: una estatua del Marqués de Comillas, con un obrero tendiéndole un ramo de flores en señal de agradecimiento, recibe al visitante. Alguien ha pintado una bandera republicana sobre la estatua. “Este lugar sigue vivo en el corazón y la memoria de los lugareños”, dice Fernández, “todavía hay alguien que, en mitad de la noche, se molesta en venir hasta aquí para pintar una bandera republicana sobre el Marqués”.En el Centro de Interpretación se puede concertar también una visita al poblado con guía. Un buen complemento a la visita a Bustiello es la visita al Pozu Espinos, un ejemplo de explotación minera, tanto de montaña (horadando galerías en las laderas), como vertical (horadando el suelo en profundidad), que se encuentra en el cercano valle de Turón, tal vez el de mayor tradición minera, donde se puede conocer el funcionamiento de la mina y las duras condiciones en que trabajan los que bajan a por carbón.
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viernes, 29 de julio de 2016
sábado, 23 de julio de 2016
Exposición: paisajes del carbón (Museo del Pueblo de Asturias)
En 1916 la Sociedad Hulleras de Turón, que en 1890 se había constituido en Bilbao para abastecer de carbón a la boyante siderurgia vasca, encargó a un fotógrafo nacido en Madrid, de origen francés y con estudios primero en Bilbao y después en Gijón y Oviedo, unas fotografías del valle mierense de Turón, donde se acometían en aquel momento las obras de profundizacón del pozo Santa Bárbara.
Eran buenos tiempos para la minería, tanto que mientras se arrancaba la hulla del subsuelo iban naciendo viviendas de obreros, hospital, lavadero, economato o una central termoeléctrica de la mano de la propia compañía, que ejercía ese paternalismo industrial que también se advierte en otros espacios como Bustiello. Se iba, en definitiva, transformando el paisaje rural para adaptarse a aquellos tiempos en los que, en plena I Guerra Mundial, el carbón asturiano abastecía a la desabastecida Europa.
Todo ese pasado se hace presente en la exposición que se inauguró ayer en el Museo del Pueblo de Asturias y que recoge catorce fotografías de Luis Vallet de Montano (Madrid, 1858-Oviedo, h. 1936), reveladoras por diferentes razones. En primer lugar, como se encargaba de destacar el director del museo gijonés, Juaco López, por la propia calidad de las imágenes, tanto desde el punto de vista fotográfico como en lo que a su conservación y tamaño se refiere. Pero es que además son un testimonio y retrato fiel de aquel ayer hoy prácticamente desaparecido, porque muy poco se conserva ya de lo que esas fotos recogen en sepia. Y en la propia exposición se advierte ese cambio, puesto que se presentan instantáneas actuales de esos mismos enclaves captadas por Roberto Álvarez Espinedo.
La muestra se complementa con un estudio realizado por María Fernanda Fernández sobre la Sociedad Hulleras de Turón y la minería en el valle de Turón y de Francisco Crabiffosse sobre el fotógrafo Luis Vallet de Montano, que en breve estará disponible en la web del museo. A la inauguración de la exposición asistió, además de la concejala de Cultura de Gijón, Montserrat López, el alcalde de Mieres, Aníbal Vázquez. Ambos escucharon los temas interpretados para la ocasión por el Coro Minero de Turón.
Precio de entrada:
- Tarjeta ciudanana: gratuito
- General: 2.50
- Reducida: 1.40
Fuente: El Comercio
viernes, 17 de junio de 2016
Visita al Ecomuseo Minero de Samuño (Langreo)
La visita al Ecomuseo minero de Samuño comienza en la estación de El Cadaviu. Allí nos recogerá el tren que nos llevará hasta el pozo San Luis.
Llegamos al embarque del pozo San Luis y se sube por la jaula hasta los exteriores del pozo. desde allí podemos observar el poblado de La Nueva. La empresa que fundó el pozo se
llamaba “Carbones La Nueva”. Comienza el recorrido por las instalaciones auxiliares del pozo:
- La casa de máquinas
La Casa de Máquinas es el edificio de mayor interés patrimonial de todo el Valle de Samuño. Fue construido por Carbones de La Nueva en 1930, con la finalidad de albergar la máquina de extracción del nuevo pozo. De aquí salen los cables que sostienen la jaula que hay en el castillete.
Carbones de La Nueva era filial de la Real Compañía Asturiana de Minas, dedicada a la elaboración de zinc en su gran fábrica de Arnao. Los pináculos de estilo art-decó que rematan la casa, están fabricados en zinc procedente de Arnao. En el ala Este de la fachada, faltan esos pináculos de zinc ya que esta parte del edifico fue añadido en los años 40.
Dentro podemos ver los dos compresores (máquinas encargadas de producir el aire comprimido que se utiliza en diversos procesos del interior de la mina, donde no es posible emplear motores de explosión debido a la presencia de metano y otros gases sumamente inflamables. El aire comprimido se utiliza para la ventilación y para permitir el funcionamiento de herramientas, como los martillos neumáticos de los picadores)
El primero, de 1936, perteneciente a la casa americana Worthington pero no llegó hasta 4 años después al pozo. Y el segundo, de la casa Atlas Copco, fue adquirido en 1967.
También podemos ver una máquina de extracción de la casa alemana Siemens Schukertwerke. La máquina de extracción mueve las dos jaulas del interior del pozo, conectadas a ellas con cables de acero trenzado, a través del sistema de poleas ubicado en el castillete.
- Lampistería
Esta edificación de 1934 está destinada al depósito, vigilancia, mantenimiento y limpieza de las lámparas de mina. Los mineros entraban por la puerta del lado norte, ya que venían de la casa de aseos y salían de la puerta sur, hacia el pozo. Al regresar, realizaban el camino inverso para depositar su lámpara.
- Las oficinas y la pagaduría
El edificio fue construido en 1953. Consta de dos pisos, albergando la planta baja los servicios administrativos y los técnicos en la segunda, donde se encontraba el ingeniero jefe. También añadieron por el lado norte, una ventinilla de pagos donde los mineros recibían su sueldo y que se conocía como "la pagaduría".
- La casa de aseos
La casa de aseos contienen las duchas, perchas, taquillas y vestuarios del personal del pozo minero.
El edificio actual de la Casa de Aseos es el resultado de una serie de reformas a partir de 1935. Inicialmente era un edificio dedicado a la central eléctrica.
- El taller
El edifico de los talleres fue el último en añadirse al
conjunto en la década de los sesenta. Actualmente es la zona del museo donde podemos ver la exposición de piezas de ferrocarril como locomotoras mineras y siderúrgicas.
- Los edificios auxiliares
Esta hilera de edificios auxiliares se fue construyendo a lo largo de la primera mitad del siglo XX en función de las necesidades de la empresa:comedor, sala médica, talleres,..
- La portada del socavón Isabel.
La minería de montaña se fue desarrollando por todo el valle a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Este tipo de minería de montaña consistía en explotar el carbón que existían en las laderas del valle, a través de bocaminas que recibían el nombre de pisos con su correspondiente número: 1º piso, 2º piso, 3º piso,... El socavón Isabel es el 2º piso de las minas de montaña de Carbones de La Nueva, siendo el primero piso, el socavón Emilia.
Finalmente regresaríamos a la estación de donde partimos, a través del tren o andando por una senda que transcurre a la vera del río.
Nota: la visita guiada finaliza en la casa de aseos. El resto es visita libre pero hay paneles explicativos.
martes, 19 de abril de 2016
El zurrón asturiano
El zurrón era el utensilio más común de los pastores y
vaqueiros para transportar comida, leche y otros productos o utensilios cuando
iban a cuidar el ganado o cuando subían a los puertos y brañas. Es un saco
hecho con la piel enteriza de cabra, cordero, rebeco y xato generalmente.
Los zurrones los fabricaban los propios campesinos y podían tener
o no tapa. En Asturias los primeros se usaban generalmente en los concejos de
Teverga, Quirós, Ponga, Amieva o Cabrales, mientras que los que no tenían tapa solían
corresponder a los concejos de Lena, Mieres, Caso y Aller, siendo estos últimos
los más trabajados.
A mitad del siglo XX comenzaran a utilizarse también las
llamadas “zorronas o caramañolas”, hechas de hojalata para bajar la leche de
los puertos y brañas. Hoy en día se han sustituido por modernas mochilas de
materiales sintéticos mucho más ligeras.
Texto e imagen del Museo del Pueblo de Asturias.
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