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viernes, 26 de agosto de 2016

Breve historia del Astillero del Cantábrico

En el año 1855 se inaugura el ferrocarril de Langreo y con ello Gijón se coloca definitivamente en el camino de la industrialización. Con el ferrocarril llegará a la ciudad un aprovisionamiento económico y regular de carbones procedentes de Langreo y Siero. Gijón, con su pequeño puerto, se convierte en la vía de salida de buena parte de los carbones asturianos, creándose las condiciones necesarias para que en la ciudad se desarrolle una industria moderna. Todos aquellos sectores industriales que requieren grandes consumos de carbón tienen ahora la oportunidad de desarrollarse en la, hasta aquel momento, pequeña villa del Cantábrico.

La llegada de combustible provocó un rápido crecimiento en la ciudad del sector metalúrgico, un sector que desde el primer momento tropezó con dos importantes problemas: la insuficiencia de los capitales locales y regionales y la falta de técnicos.

En este ambiente de expansión se puso en marcha, en 1859, una pequeña fundición emplazada junto a la Puerta del Infante en lo que entonces era el límite de la ciudad. El nombre de la fundición, Hulton y Cía, pone de manifiesto la constante presencia de técnicos y capitales foráneos en estos primeros pasos de la industrialización gijonesa. Esta fábrica era una modesta instalación que daba trabajo a 24 obreros.

En 1861 la joven esposa del señor Hulton fallece acosada por la iglesia católica para su conversión, un caso este que traspasó nuestras fronteras y tuvo su eco en la prensa nacional. A partir de este momento dejamos de tener noticias del establecimiento hasta que a finales de la década, en 1868, se recoge en la publicación La Marina Española una referencia a la participación de una fundición gijonesa de los señores Cifuentes y Caveda en la exposición de París de 1867:

 “Es cierto que allí sólo se presentó una máquina de los Señores Cifuentes y Caveda, de Gijón, y algunos modelos, planos, dibujos y memorias de obras de puertos pertenecientes al Ministerio de Fomento”.

Por tanto creemos que en esta fecha la fundición ya había cambiado de manos, apareciendo Anselmo Cifuentes como uno de los propietarios. Podemos ya percibir con claridad la vocación de la empresa que parece desear orientar, al menos en parte, su trabajo hacia la fabricación de maquinaria para buques. Esta noticia pone de manifiesto también el escaso, casi nulo, desarrollo de la construcción naval en España y cómo Gijón, y la empresa de Cifuentes, estuvieron desde los primeros momentos comprometidos con esta actividad industrial. 
A comienzos de la década de 1870 la empresa aparece con el nombre Fundición Anselmo Cifuentes y sigue dedicándose a la fabricación de maquinaria y estructuras metálicas en general. La fábrica seguía en el mismo emplazamiento y disponía sus modestos talleres en torno a un pequeño patio.
A comienzos de la década de 1880 Anselmo Cifuentes decidió orientar la producción de su establecimiento a la construcción de barcos de vapor con casco metálico, para lo que adquirió en 1882 unos terrenos junto al mar, en el Natahoyo. En ellos pretendía instalar un pequeño astillero y construir un dique seco. En estas fechas los empresarios particulares dedicados a la construcción naval eran muy pocos, dado que la mayor parte de las compañías navieras seguían adquiriendo sus buques en Gran Bretaña y la inversión requerida para instalar un dique seco era cuantiosa y todavía con pocas garantías de éxito.
Aunque en 1885 el diario de Madrid El Imparcial esperaba que el comienzo de las obras del dique y los nuevos talleres fuera inminente, lo permisos de obra seguían sin emitirse. En 1886 la situación permanecía igual. De hecho, un cronista de la época sugería que los retrasos se debían a los enfrentamientos políticos dentro de la Villa.

Anselmo Cifuentes, dispuesto a alcanzar su sueño de orientar la producción de su establecimiento a la fabricación de vapores con casco de hierro, decidió emprender la construcción de un pequeño buque en su pequeño establecimiento de la Puerta del Infante. La falta de espacio le obligó a montar el barco fuera de la fábrica y a conducirlo posteriormente al mar, con ayuda de 40 bueyes, a través de las calles de la ciudad. En 1886 eran ya dos los buques construidos, pero los permisos de obra no acababan de llegar.
En 1888 comenzó por fin el traslado de los talleres a la playa del Natahoyo. La empresa cambió de nombre con la incorporación de un nuevo socio, que se encargaría de la dirección técnica: Cifuentes, Stoldtz y Cía (s. en c.). Además de nuevos talleres para las construcciones metálicas en general, construyó un dique seco, tarea compleja en aquellos años en la que se empleaban habitualmente un mínimo de 2 ó 3 años. El nuevo dique (de 87 metros de largo, por 14 de ancho y 5,20 de calado) se inauguró en 1892, fecha en la que el conjunto del establecimiento ocupaba unos 14.000 metros cuadrados, dando empleo a unos 150 trabajadores.

Para valorar bien la iniciativa de Anselmo Cifuentes y su nuevo socio, debemos tener presente que los primeros barcos de guerra realizados en España íntegramente de hierro, siguiendo modelos de otros buques encargados a los astilleros ingleses, tienen su origen en las R.O. de 1882 y 1883, que encargan estas construcciones a los astilleros reales de La Carraca, El Ferrol y Cartagena.
En el nuevo establecimiento de Cifuentes, Stoldtz y Cía. La construcción y reparación de buques debía ser una actividad fundamental, pero en combinación con la construcción de máquinas, calderas, grúas y materiales mineros. En este establecimiento se construyeron varias grúas de vapor para los muelles gijoneses, calderas para las fábricas de vidrio de Gijón y Avilés, materiales de vías y para planos inclinados de las explotaciones del Marqués de Comillas en Ujo, etc. De estos talleres salieron por tanto, buena parte de las construcciones metálicas de las industrias de la provincia.
En 1894 el diario El País publicaba esta referencia al establecimiento:

 “(…) la fábrica “El Dique” está recomendada en las guías de Gijón como uno de los centros fabriles dignos de verse, y es visitada por todos aquellos forasteros que no van solamente a darse tono y á lucir sus más o menos formas esculturales en la playa.”

Aunque Anselmo Cifuentes apenas pudo ver finalizada su obra al fallecer en 1892, la empresa continuó sus trabajos con éxito, alcanzando su momento álgido en la Exposición Gijonesa de 1899.


En enero de 1901 El Dique pasó a formar parte de la Sociedad Española de Construcciones Metálicas junto con la Maquinista Guipuzcoana de Beasain, los Talleres Zorroza de Bilbao y la Constancia de los Hermanos Caro de Linares. La nueva sociedad, con sede en Bilbao y oficinas y administración en Madrid, potenció los establecimientos de Beasain y Zorroza y construyó una nueva y moderna fábrica en Madrid, mientras que los establecimientos de Gijón y Linares apenas vieron modificadas, por el momento, sus instalaciones tradicionales.
En 1901 la superficie de la fábrica gijonesa llegaba a los 15.942 metros cuadrados que incluían un taller de calderería, un taller de fundición de hierro y bronce, un taller de modelos y el dique.

De la mano de la Sociedad Española de Construcciones Metálicas, el Dique continuó su actividad sin grandes cambios hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. En estos años la construcción naval española generó un volumen de negocio tal, que muchas empresas de transformados metálicos desplazaron sus intereses hacia la fabricación de buques. Así en la bahía gijonesa la antigua Sociedad Riera y Cía se transforma en Astilleros Riera en 1917 y establece sus astilleros en la playa del Arbeyal. La Constructora Gijonesa, que había trabajado también ocasionalmente en la construcción de buques desde 1909, cede parte de sus instalaciones al Conde Mieres para impulsar la construcción de buques, dando paso a la nueva empresa Astilleros de Gijón.

Es en estos años cuando se ocupará intensamente el espacio marítimo de la ciudad, llegando incluso a establecerse una clara rivalidad entre las empresas por la apropiación de los espacios entre los muelles del Fomento y la Playa del Arbeyal. Los antiguos talleres del Dique quedaron en este momento limitados para una futura expansión: por el Oeste la Sociedad Industrial Asturiana ocupará 139.000 metros cuadrados entre el Dique y el monte Coroña; por el Este se establecieron los Astilleros de Gijón y por el Sur limitaba la expansión la carretera. 

Si a esto añadimos el río Cutis, canalizado al este del Dique, podemos comprender la penuria de espacios que afectó al astillero a partir de este momento. En 1918, aprovechando el auge de la construcción naval y teniendo en cuenta las limitaciones espaciales de las que hemos hablado, la Sociedad Española de Construcciones Metálicas instaló dos nuevas gradas para la construcción de buques y prolongó ligeramente el dique.

Al finalizar la Gran Guerra la construcción naval se contrajo, de forma tan repentina y acusada, que se produjeron cierres y despidos masivos en los astilleros españoles. La Sociedad Española de Construcciones Metálicas estaba atravesando serias dificultades económicas que la llevaron a cerrar parte de sus establecimientos.

En enero de 1924 parece probable que los talleres de El Dique gijonés estuvieran ya paralizados. En octubre de ese mismo año la Fábrica Moreda y Gijón alquiló los antiguos talleres de El Dique para instalar en ellos producciones metálicas orientadas al abastecimiento de materiales mineros.
En 1926 los Astilleros de Gijón, que habían conseguido sortear mejor la crisis, se hicieron cargo del antiguo Dique Seco, que seguía siendo propiedad de la Sociedad Española de Construcciones Metálicas. En estos astilleros se fabricaron un buen número de motonaves a comienzos de la década de 1930 que, como la mayor parte de la producción de los astilleros gijoneses estuvo orientada a abastecer a las empresas asturianas de pequeños buques para la navegación de cabotaje. En 1933 también los Astilleros de Gijón se ven afectados por la crisis económica que desde Estados Unidos se ha extendido por Europa y se ven obligados a cerrar sus instalaciones en marzo.

Apenas un año después, en 1934, aprovechando las antiguas instalaciones del Natahoyo, se pone en marcha una nueva empresa dedicada a la construcción naval: Astilleros del Cantábrico. En 1935 la empresa seguía realizando pequeñas obras, pero sin perder la esperanza de conseguir encargos de la Armada. Con el estallido de la Guerra Civil la actividad del astillero debió quedar prácticamente paralizada, pero las autoridades seguían mostrando interés por las antiguas instalaciones en las que la Consejería de Industria pretendía poner en marcha un astillero capaz para buques de 1.000 toneladas, pero teniendo en cuenta del desarrollo de la guerra esta iniciativa nunca llegó a ponerse en marcha.

Al terminar la Guerra Civil Duro Felguera se hará cargo de las instalaciones del antiguo Dique. En ese momento “las techumbres de los talleres estaban derruidas, las compuertas del Dique inutilizadas, la grada abandonada y muchas máquinas también inservibles”. La empresa se vio obligada a remodelar el astillero para ponerlo de nuevo en activo: se construyeron dos gradas de 80 y 90 metros respectivamente, se adquirieron grúas eléctricas y se electrificó la grúa todavía existente y se prolongó el dique hacia el norte 16 metros.

Esta remodelación de 1941 marcaría el límite de lo que podemos considerar el astillero histórico. Aunque no disponemos de un plano detallado correspondiente a dicha remodelación, podemos estudiar algunos de los componentes de las viejas instalaciones a través del plano de 1955. En él podemos observar no uno, sino dos diques, el más pequeño de los cuales ya ha desaparecido. También podemos ver que algunas de estas naves e instalaciones permanecen aún en pie en el mismo lugar en que se hallaban cuando se levantó en 1936 el plano de la figura 1 para señalar las gradas construidas en 1918.

Esta parte antigua del astillero, en la cual aún podemos ver naves construidas con muros de sillería del modo en que se hacía a finales de la década de 1880, es la que merece toda nuestra atención y la que debe ser preservada junto con parte de la maquinaria y el archivo que pueda conservarse.


viernes, 29 de julio de 2016

Visita al Poblado Minero de Bustiello (Mieres)

Visita 100% recomendable. María Fernanda es una guía excelente y el poblado, una maravilla. La entrada son 5 euros por persona pero si sois más de 4 personas, la entrada son 4.50. En caso de no tener coche, podéis ir en tren hasta Mieres-Puente y después coger un autobús urbano (línea 3: Mieres-Valdefarrucos). Más información sobre los horarios aquí. Os dejo un texto de "El viajero" de El País sobre esta visita:

Bajo el frondoso verde oscuro, en los intricados valles de las cuencas mineras asturianas, duerme el negro del carbón. Durante generaciones, empresas de diferente índole han horadado la tierra para arrancarlo de la roca y extraer su energía. Es una tierra cuya superficie parece haber sido rizada por la injusticia, la explotación y la lucha. Los abuelos de los actuales mineros, que protestan por la posible desaparición del sector si no se hacen efectivas las ayudas acordadas, lucharon en la Revolución de 1934 y en la Guerra Civil, y sus padres en las inopinadas huelgas de 1962, La Huelgona, con el franquismo enfrente. Ahora es su turno. Las cuencas han sido tradicionalmente un polvorín, fuente de fuerte conflicto social. Pero hubo alguna ocasión en la que alguna empresa quiso crear una utopía para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores… ¿o para lavarles el cerebro?

En la ribera del río Aller, al borde del concejo de Mieres, en la Montaña Central asturiana, está el poblado minero de Bustiello. Visto desde fuera llama la atención el orden estricto en el que están construidas las casas uniformes, la iglesia neorrománica, el antiguo Casino, la escuela o las antiguas residencias de los ingenieros; un orden que no se aprecia en el destartalado caos de los pueblos cercanos.

Y es que Bustiello, este pueblecito de aspecto apacible, sobre todo en esos días en los que la sempiterna nube asturiana deja pasar los rayos del sol, fue construido bajo estricta planificación para cumplir los alucinógenos sueños de don Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas y, a la sazón, dueño de la empresa Sociedad Hullera Española en los comienzos del siglo XX. Su padre, Antonio López y López fue un joven cántabro de baja extracción social que hizo fortuna, primero como indiano, y luego con un holding de empresas navieras y de ferrocarril, entre otras. El primer marqués necesitaba una fuente de energía para alimentar a sus barcos de la Compañía Trasatlántica y sus trenes de Ferrocarriles del Norte (embrión de Renfe), así que compró la empresa minera, una de las primeras explotaciones de la cuenca asturiana y después… falleció.

El segundo marqués, que estaba más preocupado por una vida religiosa y espiritual, tras la muerte del primogénito de la familia, se vio en el trance de manejar lo negocios familiares. Debió decirse algo como: si yo no puedo ir solo hacia Dios, lo haré con mis empresas. Bustiello fue ese pueblo donde la rectitud cristiana imperaría, donde el obrero sería bien tratado y daría ejemplo, en una época en las que las condiciones de trabajo de los mineros eran lamentables, con extenuantes jornadas laborales, sueldos de miseria y seguridad nula.

Así, Bustiello se construyó entre 1890 y 1925 en unos terrenos comprados por el marqués. La orografía del lugar fue modificada para representar las jerarquías que se establecían: se formaron colinas para que la Iglesia y los edificios públicos estuvieran en el nivel más alto, dominando el pueblo; en un segundo nivel se edificaron las casas de los ingenieros, y abajo del todo las viviendas de los trabajadores, viviendas adosadas de dos en dos, para dos familias con jardines independientes. Desde la casa que ocupó el ingeniero don Isidro, hoy día transformada en Centro de Interpretación, se tiene una buena visión panóptica de las casas de las 40 familias seleccionadas que vivían en aquella utopía cristiana. “Además”, explica Fernández, “era un pueblo cuya única salida al exterior era el puente que pasa sobre el río, con un guarda constantemente controlando el paso. Es un pueblo aislado del mundo alrededor que, literalmente, se podía cerrar”.“El marqués en realidad quería formar un concejo minero con los territorios por donde se extendía su empresa, pero ante la imposibilidad política de hacerlo (pertenecían a otros concejos como Mieres, Lena o Aller) construyó en el centro su capital: Bustiello. Era como un faro moral en el corazón de la cuenca, quería mostrar como serían las cosas sí se hacían como él quería”, explica la historiadora y guía turística del Centro de Interpretación del Poblado Minero de Bustiello María Fernanda Fernández. Aquí viviría una elite minera que sería ejemplo para los demás y estaría alejada de los sindicatos subversivos y “peligrosos”.

Eran los tiempos de la encíclica De Rerum Novarum del papá León XXIII que instaba a las mejoras en la condiciones de vida de los trabajadores dentro del capitalismo más salvaje y, claro está, lejos del movimiento obrero revolucionario, y la iniciativa del marqués de Comillas fue muy aplaudida. Aparte del mero interés cristiano podía haber otros factores que animasen al marqués en la construcción de su sociedad perfecta: el control de los obreros, alejándolos de los sindicatos socialistas como SOMA (Sindicato de Obreros Mineros de Asturias) de Manuel Llaneza, y amparándolos en su propio sindicato, el SOC (Sindicato Obrero Cristiano) y también el llamado “pietismo burgués”: los burgueses sin raigambre de la época querían equipararse al prestigio de la nobleza y la aristocracia practicando la filantropía, según explica María Fernanda Fernández.

En Bustiello se podía beber, pero no alcohol, se podía leer, pero solo el periódico que publicaba el Marqués, y, en el piso de arriba de la taberna, estaban los guardas por si había que bajar a amedrentar a algún díscolo. Sin taberna, o con una antitaberna en aquellas condiciones, el espinazo social estaba roto. Por supuesto, en la escuela se adoctrinaba para criar obreros dóciles. Hoy en día la taberna y una de las casas de los ingenieros se ocupan por residencias de la tercera edad. Por su parte, la antigua escuela es un albergue de juventud, bastante útil para los esquiadores ya que el Poblado está de camino al concejo de Aller, donde se encuentran todas las pistas de esquí asturianas. ¿Entonces, se vivía bien en Bustiello? “Cada cual valora unas cosas y en Bustiello se perdía mucha libertad. Pero lo cierto es que el bienestar era muchísimo mayor que en el resto de los pueblos mineros, donde las condiciones eran realmente duras”, cuenta la historiadora.“Bustiello era una jaula de oro que desde fuera unos miraban con envidia y otros con recelo”, explica. Los mineros que vivían aquí, seleccionados entres miles de trabajadores, mayormente capataces, vigilantes, barreneros y picadores (estos últimos piezas esenciales sin cuyo concurso podría pararse la producción fácilmente), tenían que pagarle el alquiler y los productos del economato a la empresa, y disponían de un terreno delante de casa para que no tuvieran que volver a su pueblo a coger manzanas o plantar lechugas, y así el desarraigo fuera total. El Casino funcionaba como una antitaberna: en las tabernas al uso los mineros pasaban su tiempo de ocio bebiendo sidra, y muchas veces conspirando entre soflamas revolucionarias.

El Poblado es una mezcla entre los company towns británicos de la época en lo socioeconómico (es decir un pueblo de la empresa) y una ciudad jardín francesa en su urbanismo, en el que se mezclan elementos de la arquitectura modernista catalana y elementos tradicionales asturianos. Bustiello, y el experimento social que cobijó en su seno, es un ejemplo paradigmático de lo que se ha llamado paternalismo industrial, ese movimiento en el que las caritativas empresas se ocupaban de sus empleados como de hijos que nunca crecían. En 1970 las casas en arriendo fueron vendidas a sus inquilinos, algunos vendieron posteriormente su propiedad, otras familias mineras, así que ya no es un pueblo netamente minero.

Los conflictos mineros continúan, como el recuerdo de Bustiello: una estatua del Marqués de Comillas, con un obrero tendiéndole un ramo de flores en señal de agradecimiento, recibe al visitante. Alguien ha pintado una bandera republicana sobre la estatua. “Este lugar sigue vivo en el corazón y la memoria de los lugareños”, dice Fernández, “todavía hay alguien que, en mitad de la noche, se molesta en venir hasta aquí para pintar una bandera republicana sobre el Marqués”.En el Centro de Interpretación se puede concertar también una visita al poblado con guía. Un buen complemento a la visita a Bustiello es la visita al Pozu Espinos, un ejemplo de explotación minera, tanto de montaña (horadando galerías en las laderas), como vertical (horadando el suelo en profundidad), que se encuentra en el cercano valle de Turón, tal vez el de mayor tradición minera, donde se puede conocer el funcionamiento de la mina y las duras condiciones en que trabajan los que bajan a por carbón.

viernes, 25 de marzo de 2016

Los martillos neumáticos de un picador minero

Martillo neumático de acero (izquierda) y de aluminio (derecha) 
Aunque ahora han quedado casi en el olvido, las minas de carbón de interior han la inmensa mayoría de las explotaciones de mineral a lo largo de la historia. La alta peligrosidad y sobretodo, una menor rentabilidad han hecho que las minas a cielo abierto sean la primera opción a la hora de extraer el carbón.
En las minas de interior, se extraía el carbón de forma manual con la pica de mano, que dio paso al martillo de picador. A pesar de que la mecanización de las explotaciones es imparable, el martillo no ha dejado de usarse ya que hay lugares de dimensiones reducidas o que no pueden mecanizarse por varios motivos.

Casi la totalidad de los martillos de picador que se han usado en las minas de carbón eran neumáticos. Debido a las especiales condiciones de la atmósfera minera, la electricidad y los motores de explosión no se han podido usar hasta hace pocos años, por lo que el sistema de funcionamiento de las herramientas era el aire comprimido.
Los martillos neumáticos tienen un cuerpo metálico, una empuñadura en la que se encuentra el gatillo y la punterola. Al apretar el gatillo, el aire pasa y mueve el mecanismo y cuando apretamos la punterola contra la roca, comienza a funcionar el percutor.
Estos martillos se tienen que poder utilizar con una sola mano, ya que hay zonas en las que tienes que estar agarrado. Por ello, cabría pensar que son herramientas ligeras, pero nada más lejos de la realizad. Los martillos más habituales pesan alrededor de 9 kg, a lo que hay que sumar el peso de la manguera que lleva el aire y que se puede poner en un total de 12 kg. A lo largo de la historia, se han fabricado martillos que pesaban hasta 14 kg, por lo que os podéis hacer una idea de lo que era una jornada de trabajo manejando esas máquinas.
En Barruelo (Palencia) se introdujeron martillos de aluminio que se quedaban en unos 7 kg y aunque la diferencia en peso parezca irrisoria, en el manejo se nota muchísimo. Estos martillos no tuvieron éxito ya que se rompían, haciendo perder tiempo y dinero a los picadores ya que trabajaban a destajo. Esto significa que "tanto pican, tanto ganan" y si tienen que ir a buscar un  martillo nuevo, es tiempo que no están ganando dinero.

Ahora quiero que uses un poco la imaginación. Te encuentras a oscuras, apoyado en un tronco, agarrado a un madero con una mano y en la otra un martillo neumático. Estás completamente a oscuras, hace bastante calor, la mascarilla te está agobiando, el ambiente está cargado de polvo que se te pega por todo el cuerpo y junto con el sudor se forma una capa de barro. El sonido del martillo no te deja escuchar nada más, salvo el estruendo de las rocas de carbón al desprenderse de la pared y caer por la rampla y tienes que lidiar con las decenas de metros de manguera que alimentan el martillo.
No te pienses que así era como se trabajaba antes. Hoy en día sigue siendo así.

Los martillos se utilizar para arrancar el carbón, buscando la zona más blanda o grietas, que se abren y ayudan a extraer más carbón con un menos esfuerzo. Siempre que sea posible, se trabaja de arriba hacia abajo para aprovechar el peso de la herramienta y cansarse menos. 
También se pueden utilizar para franquear hastiales, abrir rozas para estemples... 
Con esta herramienta, un picador medio en una capa buena, puede sacar unas 10 toneladas de carbón al día.

Fuente: Centro de Interpretación de la Minería de Palencia

Imagen explicativa de las instalaciones del Pozo Sotón

(pinchar para ampliar)

Inauguración del Centro de Experiencias y Memoria de la Minería en el Pozo Sotón

Valentín Fernández, pozo María Luisa, 1975; Óscar Velasco, Candín, 2007; Juan Bautista González, María Luisa, 1970... Así hasta 540 placas con otros tantos nombres. Son las identidades de los mineros que se han dejado la vida en el pozo desde la fundación de Hunosa, en 1967. Las placas -que contienen información sobre la explotación y la fecha en la que se produjeron los accidentes- forman parte del memorial del pozo Sotón, ubicado en una zona ajardinada a escasos metros del castillete de la mina de San Martín del Rey Aurelio y con el que se quiere honrar a los 5.000 trabajadores muertos en siniestros mineros en Asturias. "Es una forma de recordarlos para siempre", afirmaron ayer los familiares de las víctimas.

Descendientes de los fallecidos, mineros retirados y trabajadores en activo pasaron por el memorial en la puesta de largo de este espacio y del anexo Centro de Experiencias y Memoria de la Minería, un equipamiento museístico y cultural habilitado en la primitiva casa de aseos. En este centro los visitantes pueden escuchar los sonidos del pozo, sacarse una foto con un relevo de mineros de los años treinta del siglo pasado, arrastrar una vagoneta con carbón de 800 kilos de peso o consultar planos de explotaciones. Abrirá de martes a domingo, de 10.30 a 14.00 horas y de 15.30 a 18.00. 

Los contenidos compaginan ropajes, máquinas y útiles mineros; documentación y elementos expositivos del archivo de Hunosa; paneles informativos y contenidos audiovisuales. El recorrido -que reproduce diferentes escenarios de la actividad minera con una detallada ambientación- comienza en la planta baja de la instalación, en la primitiva lampistería, el lugar donde los mineros recogían sus lámparas de mina antes de dirigirse al pozo y en donde se celebraban las asambleas. En el piso superior están los vestuarios, donde un bosque de perchas de poleas de las que cuelgan ropas de mina y cascos convive con duchas y taquillas. La del minero 146, cubierta de cromos del Athletic de Bilbao, no deja dudas de los gustos futbolísticos de su propietario.

En algunas de esas taquillas hay colocados auriculares con los que el visitante puede escuchar diferentes sonidos de la mina: una sala de compresores, una turbina de ventilación, un taller mecánico y unas vagonetas circulando, entre otros. También se recrea un botiquín, una vía de una galería minera con una vagoneta llena de carbón que el visitante puede empujar y el almacén del pozo, en el que se repartían los "calorines", pequeñas cápsulas de aceite empleadas para engrasar el martillo de picar y las demás máquinas. "Hemos empleado materiales recogidos en diferentes pozos de Hunosa y los testimonios de los propios mineros han ayudado mucho a la hora de ambientar la visita", explicó Lilia García, gestora de la instalación.

El centro también dispone de abundantes elementos audiovisuales como un visor SIG con información de todos los pozos de Hunosa, un videojuego de simulación para horadar galerías y un croma que permite salir en fotografías históricas mineras.

Fuente: el comercio 

martes, 8 de marzo de 2016

Ruta cultural por el Langreo industrial

Pozo Maria Luisa
Langreo fue uno de los concejos, junto con Mieres y Laviana, que más minas alberga. Comenzamos nuestra ruta con un monumento lleno de historia, el Pozo María Luisa. El emblemático pozo minero conocido por su historia y por la popular canción minera que lleva su nombre. El edificio es de 1858, con características del estilo industrial centroeuropeo. Los elementos más interesantes del conjunto son los de las oficinas y los talleres. El pozo perteneció a la compañía Duro Felguera y tuvo su predecesor en la mica con el mismo nombre, situada en Santa Ana, a la que se llega por la carretera de El Entrego a Les Cubes. En ese lugar se conservan aun la bocamina de entrada y los edificios de las oficinas, los talleres y la cuadra para el ganado de tracción. Una inscripción en la bocamina se distinguen las iníciales U.H de Unión Hullera, primera propietaria de la mina que desapareció en 1905, al ser absorbida por Duro Felguera.  
Desde Ciaño, entramos en La Nueva, llamada así porque aquí se descubrió una nueva capa de carbón, y encontramos el valle del río Samuño donde explotaron yacimientos carboníferos las compañías de Carbones Asturianos y Carbones La Nueva. Aquí encontramos el ecomuseo minero de Samuño. 
Seguimos ahora hacia Sama, donde nos encontramos con el pozo Fondón.  Antes de convertirse en pozo (profundización vertical), fue mina (excavación horizontal) “La Nalona” y perteneció a Duro &
Pozo Fondón
Cía. De esta, se conserva una de las bocas dentro del recinto que data de 1840-50. De toda la cuenca minera del Nalón, durante el proceso de conversión de las minas en pozo, este fue el que más rápido lo hizo, allá por 1910, aunque el primero en profundizarse fue el pozo Entrego.
Los edificios con importancia del conjunto son varios, aunque sin duda el más importante sea la casa de maquinas de 1915, ampliada en 1935. El conjunto del pozo se completa con el edificio que albergaba la fragua, las casas de aseo y de oficinas de finales de los años 30, la nave para taller mecánico, de 1940 y el polvorín. No olvidemos los dos castilletes con los que contaba el pozo, uno de ellos desmontado recientemente, que siguen el sistema constructivo de perfiles metálicos remachados o roblonados. Por último, Duro Felguera construyo un puente reticulado y remachado, apoyado sobre columnas de las mismas características para salvar el foso de la antigua carretera de entrada a Sama proveniente de Mieres. Actualmente el conjunto de este pozo alberga el Archivo Histórico de la Minería. En una primera fase de rehabilitación, los elementos de intervención han sido la casa de maquinas, el edificio abovedado del polvorín, la nave de la fragua y la locomotora  de vapor “ca 8”, un modelo proveniente de Ámsterdam (1921) del fabricante danos Orenstein & Koppel. En su segunda fase, se reformaron la casa de aseo y las oficinas. También en el parque Dorado de Sama podemos encontrar una locomotora conocida como “Pepe”, de origen alemán construida por Henschel & Sohn en 1927. 
Antigua Factoría de Duro Felguera
Si pasamos a La Felguera, podemos ver la antigua factoría de Duro Felguera, hoy Valnalon. Esta prácticamente desmantelada, pero fue desde su fundación, el eje industrial del valle y la industria siderúrgica más poderosa de Asturias. Los edificios conservados, antaño destinados a talleres y oficinas, están hoy destinados a oficinas y centros de formación. Se han respetado tres refrigerantes y una chimenea de horno alto. En esta factoría comenzó a funcionar el primer ferrocarril hipomóvil de Asturias y con estos precedentes, no es de extrañar que se conserven varias maquinas de vapor a la entrada del recinto. De derecha a izquierda, “Pedro Duro 2”, constituida en la propia factoría en 1952 siguiente el modelo de la que sigue, “Pedro Duro 1”, construida en Catañua por la Maquinista Terrestre y Marítima en 1895. Las dos siguientes son la “FM305” y “FM 308”, ambas maquinas inglesas de Dubs & Co construidas en 1891. A continuación de la “DF 607”, una Covillet belga de 1885 y por último, una genera de las anteriores inglesas, la llamada “FM 307”. También nos llamará la atención la grúa situada delante de ellos. Se trata de una grúa de vapor conocida como “La Leona”. 
Barrio Urquijo
En La Felguera podemos ver también una de las barriadas más antiguas conservadas (de la segunda década del siglo XX), es la denominada “Barrio Urquijo”. Esta situado entre la carretera carbonera y el ferrocarril de Langreo. Según los planos del arquitecto Enrique Bustelo, constaba de nueve pabellones de viviendas y una capillada situada en una de las esquinas del barrio. Se trata de casas de vecindad de tres plantas y bajo cubierta. Como anécdota señalar que fueron las primeras viviendas de todo el municipio que dispusieron de agua corriente individual, adelantándose 10 años al resto. A su lado se encuentra el Nuevo Barrio Urquijo, también promoción de la Duro Felguera, que sigue el proyecto de unas trazas racionalistas de 1946 de los arquitectos Francisco y Federico Somolinos.
Casa de Ingenieros
Al igual que los trabadores, también jefes y personal cualificado tenían sus viviendas promovidas por las empresas. Las casa de la calle Conde Sizzo, en La Felguera y las de la calle Unión, son un ejemplo de vivienda para los técnicos a cargo de la empresa. En una de las estas últimas tiene su sede SODEC.  De la calle Conde Sizzo la más destacada de todas es la vivienda doble adosada que Casa de Ingenieros, situada en la colina, que por el Este, domina la antigua fábrica de Duro Felguera. Parcialmente restaurado por una Escuela Taller, el edificio fue encargado como hotel para Buenaventura Junquera (entonces director general de la sociedad) por la familia Duro en 1904 al arquitecto asturiano Manuel Busto Delgado, máximo representante asturiano del Modernismo Europeo. Como curiosidad, en las antiguas Escuelas Cristianas de La Salle, los hijos de los trabajadores de la empresa de Duro tenían cubiertos los gastos de enseñanza básica. 
ocupa el extremo de la calle, fácilmente identificable por su volumen, totalmente diferente al resto. El proyecto data de fines de 1917 siendo de nuevo Enrique Bustelo el arquitecto, aunque en la práctica habitual de las empresas en estos casos era la de recurrir a sus propios ingenieros. Una excepción mas, una vivienda destinada a cargos directivos, es la denominada
Para finalizar, y como factor de interés urbanístico, llaman la atención las numerosas casas unifamiliares de autopromoción, que se pueden ver a lo largo de todo el concejo. En estas casas, agrupadas muchas de ellas formando pequeños barrios en torno a las instalaciones industriales (junto al mencionado Pozo Fondón por ejemplo), tienen su origen en las ayudas que se otorgaron  entre los años 1950-65. En aquella época, ante la avalancha de emigrados de otras partes de España para trabajar en la minería e industria, el Estado daba 30.000 pts. Para la construcción de viviendas para satisfacer las necesidades de la población. Otros ejemplos de barrios de autoconstrucción son El Ponticu, Les Pieces, Pumarín, La Oscura, San Vicente y Tetuan. 

Fuentes: Turismo Langreo y Guía turística de las cuencas mineras de Asturias. 

lunes, 29 de febrero de 2016

Breve resumen de la Estación del Norte de Gijón

La incidencia del ferrocarril en la ciudad de Gijón es fundamental para entender su desarrollo y ordenación urbana. Gijón llegó a contar con tres  estaciones término pertenecientes a tres compañías ferroviarias: Langreo, Norte y Carreño.
El edificio que alberga actualmente el Museo del Ferrocarril de Asturias entró oficialmente en servicio el 23 de julio de 1874, con la inauguración del tramo Gijón-Pola de Lena. Fue construido por la Compañía de Ferrocarriles del Noroeste, siguiendo el proyecto del ingeniero Melitón Martín, empleando una arquitectura estandarizada. Así el proyecto de estación de primera clase fue el mismo en las estación de La Coruña y Gijón. Su lenguaje arquitectónico resulta ecléctico; zócalos, cornisas, pilastras…formalizarán la base de la composición del edifico.
Gijón, como única terminar en Asturias concluyó, además, otro conjunto de inmuebles: cocherones para carruajes, depósitos de agua, muelle cubierto de mercancías y una ronda de locomotoras. En el contexto de la arquitectura ferroviaria española la estación  presenta dos rasgos de interés, primero su antigüedad respecto a las demás de categoría semejante a las líneas de la Compañía del Norte, a las que inevitablemente esta vinculada  y en segundo lugar, el ejemplo gijonés supone uno de los primeros pasos hacia el periodo de sofisticación estilística ferroviaria, detectado para el caso español a partir de 1870.
La estación fue el foto de atracción para la creación de industrias y asentamientos obreros. Por ella llegaban campesinos, emigrantes, intelectuales, burgueses y aristócratas, por ella salían los carbones de la cuenca y circulaban un sinfín de mercancías de todas clases. Los limites de la estación separaban dos formas enfrentadas de urbanismo: la caótica ciudad industrial y el municipio legislado y ordenado.

Tras casi 116 años de servicio ininterrumpido, como verdadera puerta de la ciudad, y en manos de sucesivas compañías ferroviarias, el 28 de enero de 1990, hizo su entrada en la estación el ultimo tren de viajeros. Tras un corto periodo de desuso fue acometida su rehabilitación y convertida en el edificio  principal del Museo del Ferrocarril de Asturias. 

domingo, 28 de febrero de 2016

Concurso de fotografía de patrimonio industrial


La primera actividad conjunta será un concurso fotográfico sobre patrimonio minero, que se presentó en el Ayuntamiento de Mieres. Castillletes, pozos, fábricas, casas de apeos... serán objetivos de las cámaras de los participantes (profesionales y aficionados), en este I Concurso Patrimonio Histórico Industrial: Llangreú, Mieres y Uviéu. Los trabajos se pueden presentar hasta el 31 de marzo.
Todas las fotografías formarán parte de una muestra que, previsiblemente, será inaugurada el 6 de mayo, en Langreo, donde se entregarán los premios. Los galardones cuentan con una dotación económica de quinientos euros para el primer premiado, trescientos, para el segundo y doscientos, para el tercero. Además se otorgará un accésit para menores de dieciocho años con un importe de 150 euros

sábado, 13 de febrero de 2016

Centro Sanitario de la Sociedad Hullera de Turón (Mieres)

Este pabellón de 1928 se ubica en La Cuadrilla, Turón (Mieres).
(C) Archivo Histórico Minero
Esa edificación construida entre el río Turón y la iglesia de Santa Barbara, probablemente se haya construido aprovechando otra construcción anterior. Es obra del arquitecto mierense José Avelino Díaz Fernández-Omaña siendo uno de los escasos ejemplos de equipamiento social de promoción empresarial que se conservan.
Construido a base de hormigón y ladrillo, tiene una planta rectangular sobre un pódium además de sótano. Se accede al edificio por una escalinata adaptada también para minusválidos. La fachada principal, remarcada por zócalos, tiene 5 ventanas a cada lado alternadas con pilastras rematadas en molduras.  En la puerta principal esta delimitada por unas falsas pilastras. El frontón ornamentado con dos volutas, tiene la inscripción “Servicio Sanitario” en azulejo.
En su interior, se diferenciaban dos partes, el área de aislamiento y la zona de mujeres, niños y hombres. Actualmente este edificio es de titularidad publica y se encuentra un centro medico. El interior del edificio ha sido modificado para adaptarse a las necesidades actuales. 

viernes, 8 de enero de 2016

El Pozu Fortuna, símbolo de la represión asturiana.

El pozo Fortuna se encuentra emplazado en el Valle de Turón, muy próximo a San Andrés. Perteneció en sus comienzos a Andrés Aza, heredándolo su hijo Bernardo al fallecimiento de aquel. Sobre los años 20 pasó a ser propiedad de Hulleras de Turón.

El pozo constaba de varios niveles o pisos, hacia los altos de San Justo, enlazados entre si mediante planos y ferrocarril. En el nivel inferior estuvo la bocamina Artosu, y frente a ella, el pozo plano que se constituirá desde 1934 en el tercer acceso del pozo Santa Bárbara, en La Rabaldana, iniciado en 1913, y que se cerraría en 1996, siendo ya propiedad de HUNOSA. De 1966 es el curioso polvorín instalado junto a la bocamina del pozo plano de Fortuna. En 1927, Hulleras de Turón decidió abrir un pozo vertical próximo al pozo plano, comenzándose las obras años más tarde. A partir de octubre de 1937, fecha coincidente con la entrada de las tropas franquista en Oviedo, y cuando se llevaban perforados unos treinta metros, empezó a utilizarse como fosa común, arrojándose a ella cientos de cadáveres ejecutados por los vencedores.

(C)JFCamina
Al finalizar la Guerra Civil, hacia 1940, la caña del pozo, de 4 metros de diámetro, fue cubierta de escombros y sellada. Hasta el año 2003 no pudo localizarse el emplazamiento exacto de la caña dicho pozo, año en el que una historiadora mierense localizó en el Archivo Histórico de Oviedo un viejo plano de la empresa que permitió su ubicación exacta.

Otras informaciones también hablan de posibles enterramientos colectivos bajo el patio del Colegio La Salle, en el Llanu la Tabla o en los montes de Urbiés. También se alude a enterramientos en Peña Rega, al sur del Picu Siana, y en la Güeria de San Juan. En Lena, hay datos sobre fosas en la subida a Pajares. En una de ellas se habla de siete asesinados. También hay reclamados de una fosa en La Ceposa, en las cercanía de Sotiello. Sin embargo, en el valle del Caudal también hay abundantes túmulos con uno o dos asesinados, cuya localización no aparece descrita.

Otra de las zonas más castigadas por la represión fue el concejo de Aller. En la fosa de Felechosa hay varias personas reclamadas, entre ellas una niña de 15 años que, según se cuenta, reconoció a su padrino entre los asesinos; allí puede haber entre 25 y 35 víctimas. En El Puente de las Muñecas hay varias reclamaciones, pero las estimaciones sobre el número de enterrados son contradictorias ya que unos hablan de unas 15 víctimas y otros de más de 30. En la carretera de subida a San Isidro se estima la existencia de numerosas fosas de pocas víctimas. En el resto del concejo de Aller existen reclamaciones de personas enterradas en la Colladona, Cabañaquinta, Moreda o Caborana. También hay informaciones de otras en El Pino, El Rasón o la estación de Collanzo. «La cifra final de desaparecidos del concejo no se conoce, pero podrían estar entre los 300 y los 400», apostilla Álvarez. El Pozu Fortuna se puede visitar y tiene un aula de interpretación. Encontraréis más información sobre sus visitas en www.territoriomuseo.com

Os dejo un texto de Ernesto Burgos que profundiza más en la historia de este pozo.

"Noviembre de 1938, El pequeño Florentino González baja solo por el camino que une San Justo con Villandio, donde vive con su familia. El hambre que dejó la guerra le obliga a subir frecuentemente hasta el pueblo más alto del concejo de Mieres para recoger unas botellas de leche que le guardan allí sus tías. Nunca sale de allí a una hora tan avanzada, pero esta tarde la niebla ha tardado en despejar los montes y les ha costado encontrar las vacas, que son el principal sustento de todos.

Florentino baja sintiendo entre los castaños el aire que ahora le acompaña en su vuelta a casa, ya está casi abajo y puede ver la explanada donde se abre el Pozu Rincón, un enorme agujero de treinta metros de profundidad y un diámetro de cuatro en el que se estaba trabajando para abrir una explotación minera cuando el alzamiento de los militares contra la República paralizó el país.

Ahora oye con claridad el sonido de un motor y atendiendo el consejo de su padre se esconde rápidamente. Serán las dos de la madrugada cuando distingue las luces de una camioneta que sube por la carretera desde Turón. Él está oculto tras el depósito de agua que domina el paraje y tiene la desgracia de contemplar una escena que aún recuerda con claridad a sus 86 años: Es un vehículo como los que utilizan los guardias de asalto, con toldo verde, y ve descender de su caja a un grupo de hombres y mujeres; poco después, por el sentido contrario de la carretera, desde Urbiés, bajan otros dos camiones que aparcan en el lugar para dejar también su propia carga humana.

Luego llega el horror. El niño contempla paralizado como uno tras otro y sin que medien disparos aquellos infelices son arrojados vivos al pozo; ni sus gritos de súplica ni su llanto hacen mella en los asesinos, vestidos de paisano, que no respetan edades e incluso se jactan de su acción cuando una mujer embarazada les hace saber su condición pidiendo clemencia.

Cuando Florentino llega a casa, el miedo le gana la partida y se impone el silencio. Lo mismo que sucede con los testigos de otras noches similares y con aquellos que cuando vuelve la luz de la mañana evitan pasar por el lugar para no oír los estremecedores lamentos a veces lanzan algunos moribundos desde su agonía en las profundidades. El infierno no puede ser peor que eso.

El proyecto de profundización del pozu Rincón se inició en junio de 1930 con una petición por parte de la Sociedad Hulleras de Turón al Ayuntamiento de Mieres solicitando permiso para desviar la carretera que busca la salida del valle por el paso de Urbiés. La propuesta que se presentó consistía en desviar unos 60 metros de carretera para despejar el terreno firme necesario para asentar las máquinas, permitir la maniobra de vagones y empezar el brocal del pozo en una propiedad que pertenecía en parte a la propia empresa y el resto de la viuda de Inocencio Fernández, que había cambiado su apellido por el de Figaredo en 1925.

Con la guerra civil se interrumpió la operación de calado y el lugar fue elegido a partir de 1937 para hacer desaparecer a un número indeterminado de opositores a la política de los vencedores, que puede llegar a los 300, ya que consta que fue utilizado en varias ocasiones con este fin hasta pasado el inicio de la década de los 40, cuando se supo que había aparecido el cadáver de una mujer flotando en el agua que en aquel momento anegaba el pozo. El cuerpo no se había llegado a hundir porque la habían arrojado allí con un tronco atado en la parte posterior de las rodillas, seguramente a consecuencia de alguna tortura y fue enterrado apresuradamente a pocos metros de donde fue encontrado.

Se ha escrito que cuando acabaron las matanzas la empresa Hulleras de Turón selló el pozo y cerró la explotación y que una vez recuperada la actividad extractiva en el valle, no pensó nunca más en su apertura, pero no es así. El investigador José Luis Soto ha localizado los planos de un nuevo proyecto de profundización fechado el 4 de febrero de 1966. El documento presenta el plan diseñado por una empresa alemana para una jaula de dos pisos con dos compartimentos capaces de soportar el peso de 4 vagonetas y 44 personas, pero lo más llamativo es que estaba pensada para una explotación con nada menos que 15 plantas y 790 metros de profundidad. Lógicamente nunca llegó a ponerse en marcha, seguramente para evitar que el inevitable encuentro con los restos trajese de nuevo el recuerdo de aquellas matanzas.

Luego llegaron décadas de miedo, silencio y olvido, hasta el punto de que la mayor parte de quienes siguieron trabajando en las instalaciones de Fortuna, abiertas a pocos metros de la ubicación del pozo de la infamia, conocían su historia pero eran incapaces de reconocer el lugar exacto en el que se encontraba.

En el año 2003, Alfredo Valles "Audaz", se empeñó en sacar a la luz el lugar exacto en el que se ubicaba la caña del pozo Rincón con el objeto de honrar la memoria de los asesinados y de convertir la fosa en una tumba digna donde se pudiese recordar su tragedia. La búsqueda arrancó en la primavera con el empleo de un moderno georradar que no logró cumplir su objetivo, pero en mayo aparecieron los restos humanos de aquella mujer que había sido sepultada al lado del pozo y que siempre se identificó con una vecina de Urbiés y el juzgado de Mieres ordenó paralizar la investigación hasta que se determinase con claridad su antigüedad.

Cuando los forenses aseguraron que se trataba de un enterramiento que superaba los cincuenta años, se reanudaron las prospecciones, pero esta vez Alfredo Valles, aprovechando que en la plaza del pozu Fortuna se encontraba una máquina de obras del Principado de Asturias a la espera de iniciar unos trabajos de adecuación de la zona, solicitó al responsable de los trabajos la autorización del Gobierno regional para realizar unas catas en el terreno a modo de sondeo para localizar la falla en el terreno.
De nuevo llegó la desilusión, porque después de abrir en más de una veintena de puntos, no se llegó a ningún resultado. Más tarde se supo que una de las razones era que mientras la pala llegaba a profundizar 1,50 metros el arquillado del pozo se encontraba a 1,70 metros, aunque la explicación definitiva de aquel misterio demostró que había otro motivo para que el pozo no apareciese.
Fue de nuevo "Audaz" quien tuvo la idea de buscar en la documentación lo que se negaba a dar la tierra y para ello le pidió a la historiadora mierense Nuria Vila que intentase localizar los planos originales del lugar. Esta vez sí hubo suerte y Nuria pudo encontrar en el Archivo Histórico de Asturias un mapa de Hulleras de Turón fechado en 1927, formando parte de un expediente para un proyecto que consistía en levantar dos tolvas en la plaza del pozo. La sorpresa llegó cuando se pudo comprobar que durante el franquismo la carretera se había desviado intencionadamente de su trazado original para que pasase por encima de la caña.

Un plan de ocultación perfecto que se vino abajo cuando en diciembre de aquel año la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, con la ayuda de los trabajadores del Ayuntamiento de Mieres por fin pudo sacar a la luz el reborde del pozo.

Desde aquel momento empezaron a depositarse ramos de flores sobre el fatídico hueco al tiempo que se sopesaba la posibilidad de exhumar los cadáveres, pero después de un examen directo, dada la cantidad de restos y su pésimo estado de conservación que iba a imposibilitar su identificación y contemplando también las diferentes opiniones de las pocas familias que tenían la seguridad tener allí algún muerto, se optó por convertir al propio pozo en un panteón colectivo que sirviese de recuerdo común a todos los que fueron asesinados allí.

El 14 de abril de 2006 la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ya pudo convocar su primer acto público en la explanada del Fortuna y finalmente en octubre de aquel año quedó inaugurada la Senda Verde de Turón, financiada por la Viceconsejería de Medio Ambiente del Principado, cuya apertura había sido decisiva para impulsar la localización. Hoy el pozo está dignificado con un monolito que lo señala, promovido por el Ayuntamiento de Mieres y realizado por el artista turonés Varela, junto a él pueden verse una serie de paneles informativos sobre su historia y cuenta con un centro de interpretación abierto en lo que fue la antigua carpintería de la explotación minera.

También en su nombre se da anualmente un premio cuyo renombre traspasa nuestras fronteras, que distingue a aquellas personas o colectivos destacados en la lucha por la paz, la concordia y la defensa de la justicia. El día de la entrega se reúnen allí los familiares de los asesinados y muchos ciudadanos que quieren honrar su memoria. También cada año se repite la letanía de aquellos que se empecinan en silenciar esta parte de nuestra historia. Allá cada cual con su conciencia, pero no deberían olvidar que las víctimas del Pozu Rincón dieron sus vida por conseguir las libertades que hoy disfrutamos todos, ellos incluidos."

Fuente: Mtiblog e LNE

domingo, 3 de enero de 2016

Historia de Ensidesa y sus efectos sociales en Avilés

1. Historia
Empresa Nacional Siderúrgica Sociedad Anónima (conocida por el acrónimo ENSIDESA y en Avilés como "la fabricona") fue una compañía estatal, de capital público, fundada el 28 de julio de 1950 en Madrid, dependiente del Instituto Nacional de Industria (INI). La factoría se situó en terrenos pertenecientes a los concejos de Avilés, Corvera, Gozón y Carreño, y entró en funcionamiento en 1956, inaugurándose el primer alto horno en 1957. La creación de ENSIDESA lleva a Asturias a la cabeza del país en producción siderúrgica, y desarrolla de forma impresionante la comarca de Avilés y municipios limítrofes. 

Entre 1957 y 1972 la empresa bate records de producción y empleo, con cuatro altos hornos en funcionamiento, producciones superiores a los dos millones de Tn/año y una plantilla formada por más de trece mil trabajadores. En 1973 tiene lugar la absorción de la Unión de Siderúrgicas Asturianas S.A. (UNINSA), sociedad constituida el 30 de mayo de 1961 por las principales fundiciones privadas asturianas (Duro-Felguera, Fábrica de Mieres y Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbara) y propietaria del tre de laminación de Veriña (Gijón). UNINSA había surgido al calor del desarrollismo de los sesenta con fuertes ayudas públicas a través de los planes de Acción Concertada pero su nivel de endeudamiento debido a los elevados costes de instalación conllevan la entrada del INI en una primera ampliación de capital en 1970, como paso previo a su integración en la siderurgia pública. 

La fusión convierte a ENSIDESA la primera industria siderúrgica nacional, pero el exceso de plantilla -24.000 trabajadores- y el fuerte endeudamiento provocan en 1975 la primera regulación de plantilla y el comienzo de las graves crisis y reconversiones que pasan primero por un proceso de fusión con la siderurgia pública y privada vasca en la Corporación de la Siderurgia Integral (CSI) y que concluyen despues con el proceso de privatización y venta de la compañía al grupo multinacional luxemburgués ARBED en 1999. Surge así una nueva entidad totalmente privada denominada ACERALIA Corporación Siderúrgica. Posteriormente, se integró con los grupos siderurgicos europeos Arbed yUsinor y paso a llamarse ARCELOR. Finalmente en el 2006, el grupo paso a formar parte del conglomerado MITTAL STEEL bajo el Nombre ARCELOR-MITTAL. 

2. Efectos sociales
La necesidad de mano de obra de la factoría provocó el desarrollo de núcleos como La Luz, La Carriona, Versalles, Llaranes o Valliniello - Avilés pasó de tener 21.000 habitantes en 1950 a contar con 82.000 en 1970, tras dos décadas de actividad del gigante siderúrgico La falta de previsión fue total, generándose un caos que obligó a una acelerada improvisación por parte de las autoridades estatales y de la propia ENSIDESA.
Entre 1954 y 1965 el Plan Sindical de la Vivienda levantó los poblados obreros de Francisco Franco o la Texera, José Antonio, La Carriona y La Pedrisca. A través de la iniciativa de cooperativas se construyeron los poblados de San José Artesano, Portuarios y El Pozón. También los promotores privados participaron con la construcción de los barrios obreros de Versalles y la zona de Domingo López, en Villalegre.
A pesar de que los nuevos barrios paliaban la carencia de alojamiento para la población obrera inmigrante, la nula planificación se tradujo en la ausencia de dotaciones y equipamientos urbanos, educativos, sanitarios, deportivos y culturales. Esta situación solo se fue resolviendo con el paso de los años y de manera lenta y parcial. Además, esta situación se agudizaría debido a la mala calidad de los materiales de construcción utilizados y a la desconexión entre los diferentes núcleos con el centro urbano de Avilés a causa de la escasa red de comunicaciones.

En 1975, pasados veinte años del asentamiento de ENSIDESA, los efectos de la industria siderúrgica eran ya más que notables en la fisonomía de Avilés y en el entorno de su ría.
Se había generado un nuevo espacio urbano, transformando el viejo casco de la ciudad, agregándose poblados obreros en la periferia y consolidándose los núcleos ya existentes (Villalegre, Miranda, Salinas y Piedras Blancas).

Como queda dicho, la proliferación de poblados obreros en la periferia rural de Avilés que acogieron los contingentes de población que llegaba a la villa atraida por las expectativas de trabajo fue muy intensa y rápida. Hasta 1970 la población obrera que se estableció en Avilés se fue ubicando en los poblados periféricos que a tal efecto se levantaron. A partir de esa fecha la ocupación se fue orientando hacia el centro urbano, ocupando solares vacíos y edificando viviendas de nueva planta tras el derribo de las antiguas edificaciones ya existentes. Este proceso de densificación del centro histórico, se vio favorecido por las políticas locales de urbanismo que impulsaron las actuaciones privadas de acusado carácter especulativo y propiciaron la desaparición de parte del caserío histórico representativo de Avilés.

2.2 El Barrio de La Luz
El poblado de La Luz, comenzado a construir por iniciativa privada a finales de los 50, y comprado por el Estado al término de su construcción en 1962, consta de 2.056 viviendas que se distribuyeron en régimen de alquiler entre los obreros de ENSIDESA con mayor número de hijos.
El barrio de La Luz debe entenderse, por tanto, como un proyecto privado netamente especulativo cuyo resultado final nada tuvo que ver con lo inicialmente proyectado y ofertado.
Los modelos urbanísticos para los nuevos barrios obreros estaban definidos en la España de los 50 a través del Instituto Nacional de la Vivienda y de la Obra Sindical del Hogar. Se proponía el bloque exento de doble crujía, liberando el suelo circundante para uso dotacional y viales, siguiendo la inspiración de la ciudad-jardín y del Funcionalismo.

Los orígenes del barrio de La Luz pueden establecerse a partir de las intenciones de un constructor que adquirió unos terrenos para edificar en ellos. Dado que el barrio de Llaranes no podía albergar a todos los trabajadores de la Empresa, dicho contratista, llamado Domingo López Alonso, vecino de León, proyecta construir otro barrio al que denomina “Nuevo Avilés” y al que diseña como un nuevo modelo de villa.
Del primer proyecto de 5.000 viviendas a construir en la ladera Noroeste del Monte de La Luz, sólo se construyen 2.056 que agrupadas en 95 bloques constituyen hoy la configuración del Barrio de La Luz.

ENSIDESA sacó de sus “laboratorios sociales” la idea de construir los barrios en diferentes lugares de Avilés. Realizó una segregación social del espacio urbano. De este modo colocó en Llaranes y La Luz a los obreros, mientras que a los técnicos, peritos e ingenieros los situaba en edificios tales como La Estrella, en el Pozón, y La Residencia de Ingenieros, en la subida de San Cristóbal.
Existían cuatro categorías de trabajadores en la Empresa:

1ª – La formada por los directores, técnicos, ingenieros..
2ª – La formada por técnicos de grado medio, como jefes de taller,administrativos,
analistas…
3ª-Obreros cualificados (Oficiales de 1ª y 2ª)
4ª – Personal obrero sin cualificar, como oficiales de 3ª y peones. 

Al tiempo que se producía esta densificación en el centro, emergían dos zonas contiguas, que se configuraban como nuevas zonas residenciales: Las Meanas-Quirinal, y Carbayedo Nuevo.
La crisis de la siderurgia de los setenta del siglo XX, que supuso la pérdida de más de 12.000 puestos de trabajo, se vio compensada con el crecimiento del sector terciario, que permitió que pasados veinte años se mantuviera en la ciudad la misma población que al comienzo de la crisis. 

2.3 El Poblado de Llaranes
Al amparo de la construcción de ENSIDESA se desencadenó un intenso proceso inmigratorio que supero ampliamente la capacidad de Avilés para acoger a tan amplio volumen de personas.
Debido a la necesidad urgente de viviendas se fueron diseñando en las proximidades de las fábricas diferentes modelos de grupos residenciales para dar alojo a los trabajadores, a través bien de promociones oficiales o privadas. En algunos casos los asentamientos eran tan espontáneos que daban lugar a fenómenos de chabolismo e infravivienda.

El primer ejemplo de barrio obrero lo constituye el poblado de Llaranes, en las cercanías de Ensidesa, que se comenzó a construir en 1953 y se concluyó en 1957. Se trata de un conjunto de 1.103 viviendas en un diseño que comprende espacios verdes, deportivos, iglesia, plaza mayor, mercado y servicios varios.

Ensidesa encargó a los arquitectos J. M. Cárdenas Rodríguez y F. Goicoechea Agustí, en 1951, la construcción del poblado central de Llaranes concebido como un pueblo independiente, con escuelas, mercado, estadio deportivo, piscinas, parques, local para espectáculos, hogar sindical y Plaza Mayor.
Cárdenas y Goicoechea firmaron conjuntamente el proyecto en su totalidad. Sin embargo, cabe destacar que la iglesia es obra de Cárdenas mientras que el “colegio de niños” y el parque infantil fueron obra de Goicoechea. El “colegio de niñas”, la Plaza Mayor y el economato entrarían en el grupo de proyectos compartidos.
El proyecto del Mercado, conocido popularmente como El Economato, data de 1956, pero sería el último de los edificios singulares en terminarse. No se inauguraría hasta 1962. Con anterioridad fueron habilitados para ese uso los bajos de la Plaza Mayor, cuyo destino inicial, nunca del todo logrado, fue su uso para el comercio privado.
Se proyectaron diferentes tipos de vivienda dentro de una homogeneidad de conjunto. Los bloques “A” tienen tres plantas y doce viviendas. Los bloques tipo “C” y “D” son los más abundantes en el poblado. Constan de ocho o dieciséis viviendas dispuestas en forma de “U” y pareadas dejando un jardín en medio. Menos abundantes y con sus jardines son las viviendas tipo “H” o de “capataces”. Se trata de viviendas ligeramente mayores que el resto de las del poblado, en bloques de cuatro, dos bajos y dos pisos, y con una fisonomía que les daba un cierto aire de “chalés”.
El aspecto nórdico que le conferían los tejados de pizarra fue fruto de la casualidad. En la idea inicial las cubiertas estaban proyectadas en teja árabe de color rojo. Una oportunidad que surgió para Ensidesa provocó el cambio.

El poblado se inauguró el 18 de julio de 1956. En 1959, año en que se termina casi por completo el poblado de Llaranes, finaliza la fase de construcción de Ensidesa.
El responsable de Asuntos Sociales de Ensidesa, en su despacho de la Plaza Mayor, ejerció siempre unas funciones de “alcalde” sobre Llaranes que siempre tendieron a considerar los poblados como una entidad autónoma. Un alcalde, además, con casi todas las prerrogativas de tal, ya que contaba con su propia Guardería Jurada, que era la máxima responsable del orden en los poblados. Orden que se establecía de acuerdo a criterios propios y por normas que el mismo Departamento dictaba.

Llaranes disponía en esa época de 1324 viviendas y estaba totalmente urbanizado: calles, alcantarillado, iluminación, etc… y con todos los elementos de una vida independiente. El servicio público se hallaba concentrado en la Plaza Mayor, centro del mismo, conteniendo estafetas de Correos y Telégrafos, Central telefónica, Farmacia y una sucursal bancaria. Poseía otros locales que se usaban como economato provisional y que serían ocupados, al menos eso era lo previsto, por distintas ramas del comercio.

El proceso de “privatización” de las viviendas fue complejo. La primera venta efectiva se realizó el 10 de agosto de 1990. A finales de 1993 se había realizado el grueso de la operación.
Además de las viviendas, la Empresa tuvo que transferir al ayuntamiento de Avilés las infraestructuras y suelo común. La cesión se firmó el 29 de marzo de 1995. La red eléctrica se cedió a Hidroeléctrica del Cantábrico y los inquilinos tuvieron que hacerse cargo de los pagos a partir de 1998.

Fuentes: Archivo de Asturias, Llanares CF y Urbancidades. 

sábado, 2 de enero de 2016

La mina de La Camocha (Gijón)

"La  mina de La Camocha
dicen que va baxo el mar
y que a veces los mineros
sienten les oles bramar"

Tras el fin de la Primera Guerra Mundial, en la que España se vio favorecida por su neutralidad, la necesidad europea de carbón ánimo de nuevo a la familia Felgueroso en su aventura. Su grupo hullero ya era entonces el quinto productor de mineral español. Pero en 1920, intuyendo tiempos de crisis, vendieron gran parte de sus minas para centrarse en su proyecto de Gijón, donde en 1930 fundarían Mina La Camocha.

La primera producción del pozo se extrajo en 1935, una actividad que sin contar las huelgas y protestas, no se detendría hasta el 31 de diciembre de 2008, en la que La Camocha, ya  desde hacía muchos años con empresarios distintos a sus fundadores, intervenida judicialmente y con deudas en la Seguridad Social, cerró con 160 trabajadores: unos, se prejubilaron y otros fueron reubicados en Hunosa.

Monumento al minero de La Camocha en el taller del autor
El nombre de La Camocha se atribuye a la presencia de una vaca con un único cuerno (la vaca mocha) que pastaba en el prado donde se situó la profundización del primer pozo de la mina, el prado de la camocha..

Para hablar del origen de La Camocha debemos remontarnos a 1893 y a la familia Felgueroso, que a través de los éxitos empresariales obtenidos por uno de sus hijos, Víctor, pudo hacer el capital con el que constituir la Sociedad Regular Colectiva Hermanos Felgueroso. El dinero lo obtuvo gracias a la compra, gestión y arrendamiento de explotaciones, como las de Saús, Clara Matilde, Benita (embrión del Grupo Minero Ciaño), Entralgo y, sobre todo, La Nueva, adquiridas por un millón de pesetas de la época a Inocencio Sela.

Sabedores de que el insigne geólogo alemán, Guillermo Shultz, había confirmado en sus estudios la presencia de carbón al sur de la villa de Gijón, los Felgueroso se lanzan a su explotación sin obtener, en un principio éxito. De hecho, y pese a haber localizado carbón de calidad a 160 metros de profundidad, en la primera excavación en San Martín de Huerces toparon con una gran manantial de agua que casi les hizo desistir. La mala experiencia se repitió más veces, primero por un manto freático situado cerca de Vega; y después por una noticia que daría la vuelta a toda España y que en Asturias acabó bautizándose como: “el mecheru Caldones”. 

En Caldones, en una de las exploraciones de carbón llevadas a c
abo en enero de 1915, una máquina de sondeos provoca una tremenda explosión seguida de un interminable incendio. La especulación empieza a trabajar y algunos periódicos de la época titulan “¿Aparece un yacimiento petrolífero en Gijón? Pero la realidad es que se trataba de un violento escape de gas natural, de los que tradicionalmente ocurren en los yacimientos fósiles. A ver aquel enorme “mechero natural” acudieron cientos de personas: unos, ingenieros y políticos, por estudiar aquella curiosidad geológica; y otros vecinos, y hasta religiosos, por comprobar que no era el principio de una catástrofe para Gijón, o la mismísima puerta de entrada al infierno. Al final, “el mecheru” se apagó a los 4 días utilizando para ello ácido carbónico procedente de la fábrica de cerveza La Estrella de Gijón.

A lo largo de su vida, la mina contó con 3 pozos verticales principales de acceso al interior, numerados del 1 al 3, según su antigüedad. De ellos, solo los números 2 y 3 estaban en funcionamiento a su clausura. Además de estos 3 pozos, la mina contaba con un pozo de rellenos y dos pozos de ventilación denominados Granda y Leorio.

El primer carbón comercializado de La Camocha se vendió a la panadería Zarracina de la villa de Gijón (30 de septiembre-1 de octubre de 1935). El hecho quedó plasmado en una fotografía de los empleados con el cargamento.

Desde 1949 hasta 1986 la mina estuvo conectada mediante una vía férrea de ancho ibérico con el puerto de Gijón a través de la estación de Veriña. Tras su abandono, la caja de la vía fue utilizada para la construcción de una vía verde entre Tremañes y Vega.

En el año 2014 se inauguró en el parque Primero de Mayo, una escultura de José  Luis Iglesias Luelgo, como homenaje a los mineros de ésta barriada gijonesa.

Para saber más sobre esta mina, recomendamos el libro 'Mina La Camocha: historia de una mina', obra de José Luis Areces Sánchez.

Fuentes: Montepío y el Comercio 

martes, 29 de diciembre de 2015

Pozu Polio (Mieres)

El Pozu Polio recibe el nombre de la mítica montaña mierense y esta ubicada en Santa Rosa, parroquia de Rioturbio (Mieres).  En sus orígenes, fue una de las explotaciones más importantes de la antigua Fábrica de Mieres a la que abastecía de carbón y uno de los primeros grandes entramados industriales en la historia de España. Tras la nacionalización de la mayor parte de la minería asturiana, acometida por el Gobierno de Franco en el año 1967, Polio pasó a pertenecer a la compañía pública HUNOSA. Y así se mantuvo en servicio hasta el 1 de noviembre del año 1992, fecha en la cual cerró, junto con otros pozos, que también lo hicieron en fechas próximas (como San Víctor, San Mames o Mosquitera), todos ellos como consecuencia de la reconversión minera.

El panorama actural que ofrece, es de dos pozos, que fueron profundizados en los años 50, con sus correspondientes castilletes y los restos de los edificios utilizados durante su explotación
Llama la atención los dos castilletes, gemelos, que tienen una altura de 39,41m. Asentados sobre una plataforma de terreno artificial, elevado junto al río. Están construidos en acero soldado y roblonado y sus poleas se encuentran en diferentes planos. Los apoyos de los castilletes penetran en el edificio central que alberga la sala de máquinas y los compresores. Y junto a este edificio se sitúan el resto de pabellones de servicios, dando una imagen arquitectónica del conjunto.

"Antes de su adscripción a HUNOSA (Hulleras del Norte SA), esta explotación minera perteneció a la empresa Fábrica de Mieres, a su vez una de las dos empresas asturianas más importantes del país en el momento álgido de la industrialización española del cambio de siglo (del XIX al XX). Fue proyectado y construido bajo la dirección de ingenieros y operarios de la compañía propietaria. Las actividades comienzan en 1953, hasta un despliegue completo en 1956, con una profundidad máxima de 411 m. Su actividad se extinguió en 1980 y se cerró definitivamente en 1992.
Es una instalación con dos pozos, el Polio I para misiones auxiliares y el Polio II destinado a la extracción del mineral. Las piezas arquitectón
icas que integran en conjunto se disponen en una plataforma artificial sobre el fondo del valle. El conjunto está presidido por los dos castilletes, de igual factura. Los apoyos de los mismos penetran por el techo en el edificio central que aloja las salas de máquinas y compresores. A ambos lados de este edificio se ubican los pabellones que alojan la sala del pozo de ventilación y los servicios generales.

El lenguaje arquitectónico de este grupo de edificios presenta un carácter unitario e integrador. Por otra parte, la composición horizontal exhaustiva de cada uno de los volúmenes y de sus fachadas así como una leve articulación del volumen central, que se retranquea por los vientos norte y sur, además de la utilización del hormigón, el revestimiento cerámico vítreo y las carpinterías de hierro y vidrio, nos acercan a ciertas arquitecturas funcionalistas centroeuropeas e inglesas del período de entreguerras.

Asimismo, la disposición de las dos chimeneas de ventilación, ubicadas intencionadamente de un modo simétrico con respecto al lienzo este de la sala del pozo de ventilación, apunta de nuevo a la voluntad de introducir la geometría en la búsqueda de una funcionalidad necesaria para el programa del ingenio industrial. La “puerta” del pozo, el lugar de trabajo exterior y de acceso al interior y otros recintos presentan un relevante tratamiento de la luz natural, conseguido a partir de la disposición de los ventanales horizontales corridos. No dudamos en calificar dicho recurso y su resultado como un valor del mayor interés en este conjunto industrial.

Finalmente, debe citarse como pieza de gran fuerza plástica, por su factura y localización autónomas, el lavadero de carbón de hormigón visto, que completa un conjunto diverso de elementos industriales de notable interés. "  José Ramón Fernández Molina